Practicaba tiro y lo publicaba en Facebook: 24 días después encontraron a su familia muerta en Merlo
En Merlo, un hombre que publicaba sus prácticas de tiro en Facebook terminó siendo el único sospechoso de la muerte de su esposa y sus tres hijos. El barrio quedó conmocionado y la investigación ahora intenta explicar cómo consiguió el arma y por qué nadie advirtió las señales.
La policía no tiene dudas: Eyvind Soihit Meza mató a su esposa y a sus tres hijos en la casa de Merlo y después se quitó la vida. El caso, que conmocionó al barrio, dejó al descubierto una serie de señales previas, un arma cuyo origen aún no se explica y una historia familiar marcada por el maltrato y el control.
Entre el 4 y el 6 de octubre, el hombre de 44 años había subido a su perfil de Facebook videos en los que se lo veía practicando tiro al blanco en un polígono. En uno de los posteos, mostró una silueta con seis impactos en la cabeza de veinte disparos. Un usuario le comentó: “Buenos tiros”, y él respondió: “Gracias, amigo, hay que practicar y siempre estar preparado”.
Veinticuatro días después de esa última publicación, la familia fue hallada sin vida en la vivienda de Mercedes al 2400. La esposa, Evelyn Rivero Mejías, de 41 años, y los tres hijos de la pareja, de 14, 12 y 10 años, presentaban dos balazos en la cabeza cada uno. El padre yacía con un arma entre las piernas y una herida de bala en el cráneo.
El alerta que terminó en tragedia
Según fuentes policiales, un compañero de trabajo de Evelyn alertó al 911 porque la mujer no respondía llamados y faltaba a la empresa desde el jueves anterior. El hombre se acercó a la casa y vio el auto familiar estacionado, pero no divisó a nadie. Los efectivos que acudieron al llamado golpearon la puerta sin obtener respuesta, por lo que consultaron a la fiscal de turno del Departamento Judicial Morón, quien autorizó el ingreso ante la posibilidad de que hubiera riesgo de vida.
Al entrar, los policías encontraron los cinco cuerpos en una habitación. Los peritos de la División Policía Científica determinaron que no había signos de violencia en puertas ni ventanas, y que todas las evidencias de violencia estaban concentradas en los cuerpos. La hipótesis principal es que no participaron terceros ajenos a la familia y que el único responsable fue el padre.
La autopsia habría confirmado que los dos varones y la nena fueron asesinados de dos balazos en la cabeza, al igual que la madre. La única herida de bala en el cráneo del hombre y el hallazgo del arma llevaron a la presunción de que se quitó la vida después de matar a su familia.
La investigación y el arma
Los investigadores no hallaron ninguna carta o mensaje que el agresor hubiera dejado. Vecinos declararon haber escuchado detonaciones el jueves a la noche, pero no las denunciaron; se sospecha que la escasa relación con la familia, instalada en el barrio tres meses antes, explicaría esa falta de aviso. Antes de mudarse a Merlo, habían vivido en Marcos Paz.
En cuanto al móvil, no surgieron denuncias previas por violencia familiar presentadas por Evelyn en fiscalías o juzgados de familia bonaerenses. Sin embargo, compañeros de trabajo de la víctima relataron un supuesto maltrato constante: “La controlaba todo el tiempo”, dijeron los testigos. Otros amigos señalaron que el agresor tenía una patología celotípica, aunque la mujer nunca les comentó que la golpeara. Para los investigadores, esos factores indicarían una situación de violencia psicológica clara, aunque no se haya traducido en violencia física denunciada.
El arma utilizada es una pistola Sarsilmaz modelo SAR 9. Su número de serie no figura en las bases de datos oficiales del Registro Nacional de Armas (Renar). Aunque el número no estaba limado, los pesquisas intentan establecer la trazabilidad de la pistola. Nadie pudo explicar cómo el agresor pudo comprarla si no tenía un trabajo fijo. Si bien estaba registrado en la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) como proveedor de servicios informáticos, los investigadores determinaron que no desempeñaba esa actividad; según allegados, en los últimos meses hacía tareas de mecánico a domicilio.
Una historia de migración y esfuerzo
Soihit Meza había llegado a la Argentina en 2017. Vino solo y luego reunió dinero para traer a su familia. Meses después de instalarse en Buenos Aires, escribió en un foro de Facebook de venezolanos en el país, respondiendo a alguien que pedía consejos para mudarse desde Caracas: “Me vine con US$300. Hace un año me metí en el hostel más barato, en una habitación compartida con cinco personas más, pedí una caja medio grande y la llené de pasta, salsa, arroz, galletas y mermelada. El hostel me daba el desayuno y yo después cenaba galleta y almorzaba pasta o arroz y completaba con un huevo frito. Moraleja: véngase con esa plata sin miedo. Yo ya tengo a toda mi familia acá, mi esposa y mis tres hijos; no dejes que te digan que no se puede”.
La violencia de género en cifras
El caso de Merlo no es un hecho aislado. Según el Registro Nacional de Femicidios de la Justicia Argentina (Rnfja), elaborado por la Oficina de la Mujer de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, 2025 cerró con 200 víctimas directas de femicidio y 19 de femicidio vinculado. Los tres hijos de la pareja serían víctimas de femicidio vinculado.
El estudio también reveló que el 83% de los femicidios fueron cometidos por alguien con quien la víctima tenía un vínculo, y que el 17% de los femicidas se suicidaron inmediatamente después del crimen, una cifra estable que refleja el carácter terminal de muchos de estos ataques.