Por $50.000 al día: la oferta que seduce a pibes de 13 años y que ningún sueldo formal puede igualar
Economía

Por $50.000 al día: la oferta que seduce a pibes de 13 años y que ningún sueldo formal puede igualar

El sueldo que ofrece el narco a pibes de 13 a 16 años no es ninguna fortuna: ronda los $50.000 por día. Pero cuando se lo compara con lo que paga el mercado formal, la cuenta cambia de signo y explica por qué tantos chicos terminan adentro de la trampa.

En una esquina de Rosario, en la periferia bonaerense o en cualquier otro gran centro urbano del país, un chico de entre 13 y 16 años puede embolsar alrededor de $50.000 de base por día como "soldadito" del narcotráfico. La cifra no es un dato menor: equivale a lo que gana un repartidor de aplicación en una jornada completa y, con apenas ocho días de riesgo, se junta lo que el 40% de los ocupados con menores ingresos del país percibe en todo un mes.

Fuentes barriales consultadas por El Destape, estimaciones de investigaciones judiciales y crónicas policiales coinciden en ubicar ese pago diario para tareas de custodia o vigilancia. Los que se animan a portar armas, custodiar búnkeres desde los techos o participar en balaceras territoriales cobran más que quienes solo hacen de "campana".

Con 22 días de trabajo, la cuenta trepa a $1.100.000 mensuales, por encima de la mediana de ingresos de los ocupados. Aunque el pago neto real depende de castigos, adicciones y del nivel de peligro asignado a cada tarea.

La ilusión del dinero rápido atrae a chicos de barrios en situación de extrema vulnerabilidad, en un contexto que combina la catástrofe educativa, la disolución familiar y necesidades de consumo que la publicidad imprime en sus mentes. Con los sueldos que ofrece el mercado laboral, ningún proyecto de vida parece viable.

La comparación que duele: repartidores, Uber y sueldos en blanco

El contraste económico es brutal. Un repartidor de aplicación, al que la cultura libertaria califica como "miniempresario", gana entre $24.000 y $73.000 brutos por día, según la cantidad de pedidos y las horas trabajadas. Cada entrega se paga entre $3.165 y $3.924 brutos, sin propinas, que suman entre 15% y 25% extra.

En moto, para llegar a una ganancia limpia de $45.000 a $64.000, necesita entre 15 y 20 pedidos y jornadas de 8 a 10 horas. En bicicleta, sostener entre 11 y 14 pedidos en ocho horas exige un gran estado físico. Son, en definitiva, jornadas laborales esclavizantes.

Los conductores de Uber y DiDi facturan más, pero cerca de la mitad se va en combustible, seguro, mantenimiento, depreciación del vehículo y comisiones de las aplicaciones. Así, la ganancia limpia ronda entre $980.000 y $1.800.000 por mes.

La diferencia está en la puerta de entrada: la moto, el auto o la bicicleta, el combustible y el seguro. El narco, en cambio, ofrece cash inmediato, prendas o zapatillas de alto valor, objetos inalcanzables para la vida precaria de los más pibes.

Mano de obra descartable: encierro, adicción y primera línea

Esa plata rápida esconde condiciones de explotación extrema. En muchos búnkeres de venta, los jóvenes quedan encerrados con llave desde afuera durante jornadas de 12 horas seguidas. Al terminar el turno, deben rendir el dinero exacto de la mercancía vendida. Con un turno de 12 horas, $50.000 equivalen a unos $4.167 por hora, menos que los $5.696 del ayudante de la construcción.

Los líderes narco llevan un registro estricto en cuadernos de contabilidad. Si un soldadito falta a un turno o comete un error, le aplican descuentos importantes en sobres cerrados dirigidos a su turno.

Muchos tienen consumos problemáticos. Las bandas los introducen en la adicción para convertirlos en rehenes y reemplazan el pago en efectivo por dosis de droga, como el paco. Así los vuelven mano de obra cautiva y esclava.

Además, quedan en la primera línea de defensa en esquinas y pasillos, expuestos como "carne de cañón" en los tiroteos con bandas rivales y en los operativos policiales. Como suelen ser menores, las organizaciones los usan deliberadamente para aprovechar su inimputabilidad penal.

El narco no paga mucho más que el reparto o un empleo inicial en blanco. Lo que lo vuelve atractivo es que esas opciones tampoco alcanzan para salir de la pobreza, y que el 40% de los ocupados con menores ingresos vive con menos que la canasta de indigencia. En ese contexto, $50.000 en el día, o una apuesta que promete $80.000, aparecen como una salida. Para los chicos que caen en esa trampa, el precio puede ser la libertad, la salud o la vida.

¿Cuánto se necesita para no ser pobre en Argentina?

Según los últimos datos oficiales y las estimaciones de la Canasta Básica Total, una familia tipo de cuatro integrantes necesita ingresos de entre $1.531.000 y $1.605.000 por mes para no ser pobre. Para no caer en la indigencia, se requieren entre $530.000 y $570.000.

Los ingresos reales quedan lejos de esos números. De acuerdo con el INDEC, entre las personas ocupadas con ingresos, el promedio fue de $1.129.527, pero la mediana se ubicó en $900.000: la mitad de los ocupados cobra eso o menos. El promedio de los cuatro deciles más bajos fue de apenas $415.012, por debajo de la canasta de indigencia. En los deciles que dividen a la sociedad, hasta el 8 se llega arañando los $1.100.000, y solo los dos deciles superiores, con $2.629.678, superan con holgura la línea de pobreza.

Los salarios registrados tampoco alcanzan

Ni siquiera el empleo formal en las categorías iniciales de dos gremios representativos cubre la canasta de pobreza.

En Comercio, la categoría inicial es Maestranza A. Con el acuerdo paritario vigente, que fija un aumento trimestral de 5,7% más sumas fijas, el sueldo total conformado de noviembre es de $1.378.448 brutos por jornada completa y sin antigüedad. A eso se suman el 8,33% de presentismo y el 1% por año de antigüedad.

En la construcción, un ayudante cobra $5.696 por hora y, sobre 176 horas mensuales de convenio, son unos $1.002.000 brutos por mes. La categoría de sereno, la escala mensualizada más baja, percibe $1.034.783.

Es decir, un trabajador inicial de Comercio cobra en bruto menos que la canasta de pobreza, y uno de la construcción queda todavía más lejos.

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