Plantó bananas, invirtió US$40.000 y ahora las convierte en un producto que no para de crecer
Fernando Ortiz invirtió US$40.000 para convertir las bananas de su finca salteña en harina. La planta ya funciona, emplea a cinco mujeres y sale hacia varias provincias, pero todavía le falta una habilitación clave para despegar del todo.
En Colonia Santa Rosa, Salta, Fernando Ortiz invirtió cerca de US$40.000 para transformar bananas verdes en harina, una apuesta que le permite rescatar la fruta que no llega a las góndolas y darle salida industrial cuando el precio no conviene.
El proyecto arrancó hace cuatro meses en Finca La Trinidad, bajo la marca Don Cirilo. Allí se procesan entre 1500 y 1800 kilos de banana verde por semana, con un rendimiento cercano al 10%: de ese volumen salen unos 150 a 180 kilos de harina.
La planta emplea a cinco mujeres y atraviesa la etapa final de las habilitaciones para certificar el producto como “libre de gluten”.
Por qué apostó a la reconversión
El contexto empujó la decisión. Los precios de la banana vienen en baja tras una flexibilización fitosanitaria dispuesta por la Secretaría de Agricultura, y vender parte de la cosecha como fruta fresca se volvió difícil.
“La idea era justamente hacerlo porque la banana viene mal en la comercialización. Entonces nos estamos yendo por el lado de la reconversión para ubicarla”, explicó el horticultor.
El problema de fondo es el tiempo: la fruta perecedera tiene una ventana corta antes de deteriorarse. “La banana es algo muy perecedero y esto es una manera de ponerle un freno a este proceso, al igual que con las otras conservas”, describió.
No es la primera experiencia de Ortiz en transformar su producción: antes había trabajado con ajíes y conservas, también con la idea de ampliar sus posibilidades comerciales.
Dos usos para la misma línea
En la finca de 260 hectáreas, la nueva línea cumple una doble función. Por un lado, aprovecha bananas que no reúnen las condiciones de presentación que exige la venta en fresco. Por otro, ofrece un destino alternativo para fruta comercial cuando su precio resulta poco atractivo.
“Esto nos dio un plus: poder aprovechar, primero, la banana que no es comercial y, segundo, que en el momento que la banana tiene poco precio podemos industrializar más cantidad”, indicó Ortiz.
Hoy estima que destina entre el 15% y el 20% de su producción a la deshidratación.
De la fruta al polvo: cómo es el proceso
El recorrido empieza con la preparación de la fruta: se retiran las partes que no se usan, se lava y se corta en láminas de entre tres y cuatro milímetros de espesor.
Después los chips se distribuyen en bandejas y pasan al horno deshidratador, donde permanecen unas diez horas. Luego llegan la molienda, el tamizado y el envasado con sellado térmico.
La reducción de peso responde tanto a la eliminación de agua como al descarte de las partes que se retiran antes del procesamiento. El resultado es una harina que Ortiz ofrece para preparaciones dulces y saladas, desde panificados hasta repostería.
Para equipar la planta eligió maquinaria argentina. “Habíamos pensado en comprar de China, pero decidimos hacerlo con una máquina de origen nacional”, contó.
El crecimiento, aclaró, dependerá de la respuesta comercial: “Vamos a ir creciendo en función de la demanda que vayamos teniendo acá en el país”. Por ahora trabaja con materia prima propia, aunque no descarta más adelante incorporar fruta de establecimientos cercanos. “Podemos llegar a tomar materia prima de otros productores vecinos y de la zona”, afirmó.
Cinco puestos de trabajo para mujeres
La nueva apuesta industrial abrió cinco empleos para mujeres, adicionales al trabajo que genera la actividad del campo.
“En este caso, el tema de las mujeres, que en el campo propiamente dicho muchas veces no tienen espacio para trabajar y en este ámbito son todas mujeres. Las mujeres tienen mayor ductilidad al trabajo, saben conservar la limpieza, no tienen que hacer fuerza con el cuerpo, es más una tarea mecánica donde la pueden realizar perfectamente”, precisó Ortiz.
La certificación libre de gluten, el desafío pendiente
Uno de los mayores retos fue adaptar las instalaciones para avanzar con la certificación libre de gluten. Aunque la banana no contiene gluten de manera natural, la habilitación del alimento elaborado todavía está en trámite: esperan una visita de técnicos del INTI y de Bromatología para completar esa instancia.
“Hubo que modificar toda la estructura de la planta, cambiar los pisos. Pasamos de una planta de elaboración de alimentos a un quirófano, prácticamente”, describió.
Las obras demandaron alrededor de 50 días. A los cambios edilicios se sumaron rutinas de higiene y requisitos de indumentaria para ingresar al área de elaboración.
Dónde se vende y a cuánto
El producto apunta a dietéticas y comercios especializados en alimentos saludables. También se ofrece por Mercado Libre y, según el productor, ya tiene salida hacia Buenos Aires, Córdoba y Mendoza. El precio informado al momento de la entrevista rondaba los $20.000 por kilo.
Ortiz calcula que podría recuperar la inversión en unos 16 meses, aunque evita presentar esa proyección como una certeza. “Las calculadoras son lindas, los Excel funcionan fantástico y a veces la realidad es muy distinta. Por la baja del precio, acá en el norte se está tirando mucha banana. Hay campos que se están reconvirtiendo a otros tipos de productos”, sostuvo.
El conflicto por la banana importada
A esa situación se sumó el conflicto por los cambios en las condiciones sanitarias para el ingreso de banana importada. La resolución 114/2026 de la Secretaría de Agricultura derogó, entre otras disposiciones, tres normas que habían regulado el ingreso de esa fruta a las zonas productoras.
La cartera nacional sostuvo que los requisitos anteriores habían quedado obsoletos y que los controles continuaban mediante análisis de riesgo de plagas, inspecciones y certificaciones. Productores y gobiernos provinciales, en cambio, advirtieron sobre los riesgos sanitarios de eliminar esas restricciones. Jujuy respondió con un decreto que restableció exigencias provinciales para el ingreso y la circulación de banana fresca importada. Ortiz incluyó ese cambio entre sus preocupaciones por el negocio.
“Puede ser una salida buscando tres o cuatro alternativas como esta o yendo a un volumen de producción mucho más grande que el que tenemos hoy. La idea es no quedarse quieto y estar siempre activo buscándole la vuelta a los permanentes problemas que tenemos”, resumió.