Pizzas, budines y un bodycam: la requisa en la cárcel de Senillosa que terminó con una docente en el hospital

Treinta docentes, pizzas y budines autorizados, y un bodycam que no esperaban. Lo que empezó como un festejo por el Día del Estudiante en la cárcel de Senillosa terminó con una maestra sentada sin explicaciones y un desenlace que nadie imaginaba.

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Pizzas, budines y un bodycam: la requisa en la cárcel de Senillosa que terminó con una docente en el hospital
Pizzas, budines y un bodycam: la requisa en la cárcel de Senillosa que terminó con una docente en el hospital

Un grupo de aproximadamente 30 docentes llegó al Servicio Penitenciario N°5 de Senillosa con pizzas, budines y gaseosas autorizadas para festejar el Día del Estudiante con los internos. Lo que siguió derivó en una denuncia por malos tratos, una maestra con crisis de angustia y presión 19.3 que debió ser hospitalizada, y la suspensión de las clases hasta que las autoridades se sienten a acordar un nuevo protocolo.

Adriana Gómez tiene 49 años, hace 23 que ejerce la docencia y cursa su segundo año en la escuela primaria para adultos que funciona dentro de la unidad penitenciaria. En diálogo con LM Neuquén, contó que la actividad había sido planificada con antelación: los regentes de la escuela presentaron una nota al jefe del servicio penitenciario para que se autorizara el ingreso de la comida.

La rutina de ingreso, sin embargo, no fue la habitual. Las docentes hicieron la fila y comenzaron a pasar de a dos, como siempre, pero desde el arranque notaron un trato distinto. “Ya desde la entrada vimos actitudes que no correspondían”, relató Adriana. Según su testimonio, el personal penitenciario empezó a levantarles la voz y a darles órdenes mientras organizaba el ingreso y revisaba los alimentos.

Las pizzas y los budines fueron abiertos y manipulados durante el procedimiento, incluso con utensilios y sin guantes, según la docente. Las trabajadoras entendían que debían ser controladas y que los alimentos tenían que coincidir con el listado previamente autorizado, pero cuestionaron la forma en que se hizo la requisa. “Ellos tenían un listado y solo tenían que ver si coincidía lo que llevábamos. No tenían que manipular y romper los alimentos”, sostuvo.

El paso por el bodycam y la retención

El momento más angustiante llegó después, cuando le tocó pasar por el denominado bodycam, un sistema de escaneo corporal en el que la persona permanece de pie. Adriana explicó que ese procedimiento hacía tiempo que no se aplicaba a los docentes y que, según lo que sabían, no estaba previsto para ese ingreso. Fue la primera vez que pasó por el dispositivo y recibió las indicaciones de manera “muy mala”. Le pidieron que levantara los brazos y abriera las piernas.

Cuando la cinta se detuvo, la maestra quedó parada esperando que le dijeran que podía retirarse. Pasaron varios minutos y, al ver que sus compañeros seguían entrando, preguntó si ya había terminado. “Me dice: ‘No, no, quedate un rato más’, de manera prepotente”, recordó sobre la respuesta de una de las trabajadoras de la cárcel.

Le indicaron que bajara y la hicieron sentar en un sector mientras continuaba el ingreso del resto. Nadie le explicó por qué debía quedarse allí ni qué estaba pasando. “Cuando veo que mis compañeros pasan, ahí me empiezo a poner nerviosa y le pregunto por qué estoy sentada acá. Y no me dan respuesta”, contó.

La situación se tensó más cuando una trabajadora penitenciaria le avisó que el jefe hablaría con ella. Desde afuera, sus compañeras empezaron a llamarla: “Salí, Adri”. Intentó salir, pero las puertas del penal seguían cerradas. Los docentes no tienen acceso ni control sobre las puertas de la unidad, así que tuvo que esperar hasta que alguien finalmente le abrió. “Yo estaba con un ataque de nervios porque no sabía lo que estaba pasando”, rememoró.

Acta, disculpas y traslado al hospital

Ya fuera del penal, las regentes de la escuela labraron un acta para dejar constancia de lo ocurrido. También se presentaron dos jefes de la penitenciaría que escucharon a las docentes. Según Adriana, los responsables del establecimiento admitieron que sabían que el grupo ingresaría alimentos porque la actividad estaba autorizada, pero que no estaban al tanto de cómo se desarrollaría el procedimiento a cargo del personal de requisa. Les pidieron disculpas y anticiparon que tomarían medidas contra quienes intervinieron.

El episodio igual tuvo consecuencias para la maestra. Al retirarse empezó a sentirse mal y fue trasladada al hospital de Senillosa, donde le constataron una presión arterial de 19.3, además de angustia y una crisis nerviosa. Un médico le indicó reposo por el resto de la semana y recibió contención del equipo psicosocial del hospital. “Yo sola fui al hospital, pero las demás también se fueron llorando por la situación”, dijo.

Desde ATEN Senillosa emitieron un comunicado en el que expresaron su solidaridad con las trabajadoras de la Escuela Primaria de Adultos (EPA) N°15, que funciona bajo la modalidad de contexto de encierro, y repudiaron lo que definieron como “hechos de violencia” por parte del personal del complejo penitenciario. El gremio denunció malos tratos verbales, gritos y el incumplimiento del protocolo acordado para la comunicación con el personal docente y los controles.

Las docentes resolvieron suspender las actividades dentro del complejo hasta que se concrete una reunión con directivos de la escuela, supervisores del Consejo Provincial de Educación (CPE), autoridades penitenciarias y representantes de ATEN. El gremio reclamó además a la Dirección de la Modalidad de Contexto de Encierro que diseñe y haga cumplir un nuevo protocolo de seguridad para los docentes, y pidió la intervención de la ministra de Educación, Soledad Martínez, para garantizar el resguardo físico y psicológico del personal.

“Los estudiantes tienen el derecho de conocer otras cosas, de pasar un día distinto”, sostuvo Adriana sobre los internos que concurren a la escuela. Y agregó: “Ellos ya han sido juzgados, nuestro trabajo es enseñarles quizás aquellas cosas que no tuvieron la oportunidad de conocer afuera”.

Mientras se espera la reunión, las clases seguirán suspendidas. Las docentes buscan que el próximo ingreso al penal se haga bajo pautas claras y acordadas de antemano, tanto para los controles de seguridad como para el trato y la comunicación con quienes trabajan a diario dentro del establecimiento. El episodio, además, encendió una alarma entre las trabajadoras: según Adriana, no sería la primera vez que reciben malos tratos durante los procedimientos de ingreso.

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