Pescetti llega a Roca y responde con una sola frase a los que dicen que los chicos ya no leen
Todos los años se repite que los chicos leen menos y que las pantallas les ganaron la atención. Pescetti llega a Roca con su espectáculo y responde con una sola frase que descoloca a los que lo afirman. ¿Qué dijo?
Luis Pescetti desembarca en Roca este jueves 1° de octubre para sumarse a la Feria Municipal del Libro “Leer entre bardas”. A las 14 será la apertura oficial y a las 15.30 subirá al Auditorio Jorge Luis Borges con su espectáculo musical. En el mismo lugar van a convivir chicos que lo escuchan por primera vez y adultos que hace años siguen sus canciones, sus libros y sus juegos.
Antes de viajar, el artista respondió por escrito a Lecton sobre el eje de su trabajo: jugar, poner palabras, contar historias y acompañar la experiencia cotidiana de los chicos sin hablar en nombre de ellos.
“Es posible desear algo imposible”, escribió en «Nuestros más queridos imposibles». Para él no se trata solo de volar una noche sobre el pueblo: se trata de que una pregunta pueda abrirse aunque todavía no sepamos qué hacer con ella. “Eso equivale a una pregunta, y no hay que acallar ninguna pregunta”, sostiene.
Jugar en serio, la clave de su obra
Pescetti rompe con la idea de que el juego es lo opuesto a lo serio. “Jugar en serio, más allá de las reglas, supone que te metés de verdad, que te gusta hacerlo y que es significativo para vos jugar con los otros”, explica. Y va más lejos: recuerda que hubo juegos usados en Colombia para acercar poblaciones de zonas en conflicto que fueron cruciales.
Esa mirada atraviesa sus libros. En «Natacha», una conversación cotidiana se transforma en un laboratorio de preguntas, malentendidos y ocurrencias. La protagonista es, según el propio autor, “divertida y preguntona”, y su mundo se arma justamente a partir de esa capacidad de llevar una situación un poco más lejos de lo esperado.
Darle palabras a la infancia sin hablar por ella
El autor advierte que los chicos “ven bocha de cosas” pero todavía no saben que existen palabras para nombrarlas. ¿Cómo se evita ponerles voces adultas en la boca? “Cuando un chico se interesa por un tema es bueno, a veces, empezar por entender qué sabe de eso, si vivió algo o le contaron, cómo llega a la curiosidad, y tu respuesta va encajando como piezas de un rompecabezas coherente con esa información que ordenás o completás. No irrumpís como si se te cayera una enciclopedia encima”, responde.
Esa búsqueda también define qué contar. Cuando arrancó como maestro, el repertorio infantil estaba dominado por la naturaleza, los animales y los piratas, y faltaban canciones para lo que pasa todos los días. De ahí que en sus temas aparezcan la vergüenza, el enojo, los celos, el miedo, la incomodidad y los conflictos familiares, sin moraleja obligatoria.
Lo mismo ocurre en «Frin», donde la amistad, el colegio, el amor, los viajes y lo inesperado se narran desde la mirada de los chicos. Frin odia los deportes, lee, anda en bicicleta y atraviesa experiencias que no necesitan convertirse en enseñanza para ser significativas.
Música y literatura, un solo territorio
Para Pescetti, el escenario y la escritura no son compartimentos separados. “Hay algo del ritmo del escenario que se traslada a cuando escribo, la dinámica de un espectáculo queda en el oído y se cuela; y algo de la intimidad de la escritura que se traslada al escenario”, cuenta.
Por eso conviven en su universo canciones como “La tele no me pide nada” o “No aprendió la letra” con historias, juegos y libros. No se trata de hablarles a los chicos sobre lo que hacen, sino de entrar en ese mundo desde adentro, con humor y sin colocarse por encima.
Pantallas, atención y el lugar de las historias
Frente a la idea de que hay que “recuperar” la atención de los chicos o competir con internet y la televisión, Pescetti marca otro camino: “Primero que llegue de la mano de un adulto que lo lee, lo comparte, y tantea con no, si va, si no tantea con otro. Un libro te tiene que hablar: cuando pasa eso, no hay persona que lo suelte. Estamos ávidos de historias”.
Consultado sobre si hoy escribiría algo distinto de «Natacha» y «Frin», que siguen leyéndose generación tras generación, su respuesta es una sola palabra: “No”.
Y a quienes sostienen que los chicos de hoy leen menos, juegan menos o tienen menos capacidad de atención, les deja una invitación simple: “Que se siente en medio de la sala, y luego repiense lo que afirma”.
