Perdió la mitad de sus chivitos y al año siguiente no perdió ninguno: qué cambió en el campo
Casi 100 perros ya trabajan en campos de la zona y las pérdidas por zorro y puma bajan hasta 20 puntos. El caso del productor que pasó de perder la mitad de sus chivitos a no perder ninguno.
El INTA de Esquel ya colocó casi un centenar de perros protectores entre productores de la zona, una herramienta que apunta a un problema que golpea el bolsillo del campo: las pérdidas que provocan el zorro y el puma sobre las majadas.
Los números que maneja el organismo explican el interés. En los establecimientos donde el sistema funciona, las pérdidas por depredadores caen entre cinco y veinte puntos de señalada.
No es adiestramiento, es impronta
Martín Vila, ingeniero agrónomo e investigador del INTA Esquel, se encargó de marcar la diferencia con el perro de arreo. El protector no se entrena para la tarea: nace entre las ovejas, se desteta a los dos meses y se cría con un lote propio hasta integrarse a la majada. Ese vínculo temprano es lo que lo convierte en guardián del rebaño.
El especialista apuntó que los resultados se ven en el campo. Mencionó el caso de un pequeño productor que en un año perdió la mitad de sus chivitos por el zorro y que, al siguiente, con un perro, no perdió ninguno.
También trajo a la conversación la experiencia de un productor de Tierra del Fuego que hoy tiene cuatro perros ocupados de cuidar 500 terneros frente a los ataques de perros asilvestrados.
La amenaza que más cuesta frenar
Sin embargo, no todo es sencillo. Vila señaló que el problema más difícil de resolver son las jaurías que llegan desde los pueblos, porque atacan primero al perro protector.
Otro de los límites es la oferta. Según el funcionario del INTA, hay pocos criadores y el organismo no pretende convertirse en el proveedor general de perros, por lo que funciona una red de contactos entre criadores privados para derivar los pedidos.
La entrega es solo el primer paso
Vila remarcó que entregar el animal no alcanza. Desde la experimental de Esquel hacen un seguimiento permanente de cada caso, y quien maneja al perro tiene que ser la misma persona que recibe el asesoramiento.
El error más común, advirtió, es que un dueño compre el perro y se lo deje al puestero sin explicarle para qué es.
