Perdieron la visión y hoy desafían el miedo: "No puedo ver a mis hijos, pero puedo escucharlos"
Roxana y Manuel perdieron la visión siendo adultos y hoy enfrentan barreras que muchos ignoran. Uno de ellos vivió un episodio de discriminación que lo marcó, pero encontró la forma de seguir. ¿Qué fue lo que los ayudó a reconstruir su día a día?
Roxana Chaparro y Manuel Santillán perdieron la visión siendo adultos y reconstruyen su día a día en el Centro Educativo Integrador N° 50 de la Capital. Ambos compartieron sus historias con el equipo de ADN de Radio (LV11) en la columna "Discapacidad".
Roxana tiene 53 años y perdió la visión por completo hace dos años y medio. Antes, un diagnóstico de glaucoma y una diabetes que, según contó, agravó su cuadro. "Ha sido un golpe muy duro", reconoció. Tuvo que dejar de trabajar y abandonar actividades cotidianas como cocinar.
Manuel, de 54, atendía un carrito durante la pandemia. Un día iba en moto a entregar un pedido cuando un insecto le pegó en el ojo. No había bajado el visor del casco. Con el tiempo, la situación derivó en un desprendimiento de retina. "Cuando me levanté, era el Día del Padre, ya no veía", recordó. Pasó días encerrado, de la cama a la mesa. Hasta que tomó una decisión: "Ponerle el pecho a la bala y vivir cada día como el último".
Un lugar para empezar de nuevo
Ambos encontraron en el Centro Educativo Integrador (CEI) N° 50 San Juan Pablo II, ubicado en Delibano Chazarreta y Latapié, barrio Cabildo, un espacio clave para su rehabilitación. Allí realizan talleres de orientación y movilidad, actividades de la vida diaria, informática y cocina, entre otras propuestas.
"Es muy lindo entrar a un lugar por primera vez y que todas las personas alrededor te digan: 'Buen día, ¿cómo estás, Roxana?'", contó Roxana. Y agregó: "No veo nada, ni siquiera un punto de luz. No es fácil haber visto 50 años de mi vida y quedar ciega".
Consultada sobre el aprendizaje más valioso, respondió entre risas: volver a comer usando correctamente los cubiertos. "Buscamos ser independientes en todo lo que se pueda", explicó. "Podemos hacer de todo. Podemos readaptarnos a nuestra forma actual y continuar con esta vida".
Barreras que persisten
Manuel puso el foco en la discriminación cotidiana. Contó que un Uber se negó a llevarlo: "Vino el Uber y me dijo: 'No, no te voy a llevar a vos'. Me puse tan mal que ese día volví con la mirada baja a casa. Después dije: 'No, por culpa de uno no van a pagar todos'".
Por eso pidió mayor integración: "Que aprendan a convivir con nosotros, que no nos vean como un extraterrestre".
Roxana, por su parte, instó a la sociedad a realizarse controles oftalmológicos periódicos. "Cuiden sus ojitos, porque son un tesoro muy grande. No puedo ver a mis hijos, a mis nietos. No puedo ver el frente de mi casa, que es una plaza; no puedo ver los árboles. Los puedo escuchar, oler, tocar, sentir, pero no los puedo ver", manifestó.
Ambos coincidieron en un mensaje para quienes atraviesan situaciones similares. Roxana reflexionó: "Tengo a los míos… Me acompañan. A los miedos, en algún momento, los voy a dejar atrás; pero tengo que dar la iniciativa para salir adelante". Manuel sumó: "No sientan vergüenza de solicitar ayuda y, especialmente, busquen espacios de acompañamiento y rehabilitación".