Pedalea 120 km por día para huir de la crisis: la historia de Diego, el ciclista que busca un nuevo comienzo
Crisis petrolera, desempleo y una bicicleta: la odisea de un hombre que recorre Argentina en busca de trabajo. ¿Logrará reiniciar su vida en Córdoba?
Diego Carrión, de 49 años, recorre Argentina en bicicleta tras quedarse sin trabajo por el desplome petrolero en el Sur. Hizo una escala en Santa Rosa para reparar su celular y seguir rumbo a Córdoba, con la carpa al hombro y sin más meta que sobrevivir.
No todos los que viajan en bicicleta lo hacen por placer. Diego Carrión pedalea por necesidad. Desde Comodoro Rivadavia, Chubut, recorre las rutas argentinas con la esperanza de encontrar un nuevo lugar donde vivir y trabajar. Su paso por La Pampa no es casual: una tormenta lo obligó a detenerse y recibir ayuda de la policía de Ataliva Roca.
¿Quién es Diego Carrión?
Nacido en Lavalle, Mendoza, trabajó desde niño en la chacra. De joven se fue a Comodoro Rivadavia, donde se desempeñó como albañil, pintor y electricista. Allí formó pareja (hoy separado) y nació su hija Diana, de 31 años, que vive en Ushuaia y a quien no ve desde hace tiempo.
“Aquello es un desierto… no queda nadie. Se terminó el negocio del petróleo y golpeó duro, porque todas las empresas se fueron para Vaca Muerta”, lamenta Diego sobre la crisis en el Sur.
La travesía: 80 a 120 km por día
Hace menos de un mes armó sus alforjas y salió a la ruta 3. Pasó por Trelew, Sierra Grande y Río Colorado. Luego tomó la ruta 154 hasta la 35, y cerca de Perú lo sorprendió una tormenta. “Me mojé todo, pero la Policía de Ataliva Roca me fue a buscar”, cuenta entre risas.
“No tengo grandes sueños, solo busco sobrevivir y conseguir trabajo. Viajo con carpa y lo básico, pedaleando entre 80 y 120 kilómetros por día”, explica. Su meta es llegar a Mina Clavero, Córdoba, e intentar instalarse allí.
Una mirada crítica sobre el país
Mientras pedalea, lo acompaña una radio portátil. Sobre la situación nacional, opina: “No tenemos rumbo… las empresas se están yendo y las pymes se cierran porque los matan con las importaciones”.
“¿Si tengo sueños? Los tenía a los 30 años. Ahora todo pasa por sobrevivir”, confiesa. A pesar de todo, no pierde la vitalidad. Se define como un apasionado por la lectura y la radio, que lo mantienen lúcido mientras devora kilómetros de asfalto.
Pronto partirá de Santa Rosa, como tantos otros caminantes. Pero Diego no busca aventura: busca una tierra más amigable para salir adelante.