Pasó años frente al mar con su cámara: una foto de una ballena y una tablet le terminó salvando la vida

Maxi Jonas lleva años esperando frente al mar con sus cámaras y un dron. Una de sus imágenes se hizo viral y, sin que él lo buscara, alguien que la vio terminó contactándolo: lo que pasó después tiene que ver con su salud y con una deuda que todavía no pudo saldar.

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Pasó años frente al mar con su cámara: una foto de una ballena y una tablet le terminó salvando la vida
Pasó años frente al mar con su cámara: una foto de una ballena y una tablet le terminó salvando la vida

Maxi Jonas se instaló en las costas de Chubut con dos cámaras Nikon, un lente de largo alcance y un dron. Su rutina es simple y a la vez impredecible: sentarse a esperar que el mar muestre algo. Las ballenas, dice, le devolvieron todo eso con creces, y hasta le cambiaron el destino.

En diálogo con ADNSUR, el fotógrafo contó cómo arma cada jornada. No hay un guion posible: los saltos y los comportamientos que busca registrar duran apenas segundos.

"Esto es venir, sentarse y mirar qué pasa, nunca sabemos qué va a pasar acá, así que por las dudas traemos todo", resumió.

De la Patagonia a Noruega

La cámara le abrió puertas que jamás imaginó cuando empezó a mirar la naturaleza con otros ojos. En Punta Norte conoció a una persona que, tiempo después, lo invitó a viajar. El destino fue Noruega, donde pudo ver orcas y quedarse contemplando auroras boreales.

"La fotografía me ha llevado a lugares increíbles. De las ballenas, cuando terminé en Dubái con las ballenas, por ejemplo; o terminé una vez con las orcas en Noruega porque conocí a una persona aquí en Punta Norte, nos hicimos amigos, me invitó y terminé viendo auroras boreales y orcas en Noruega, siempre por la cámara, por esa conexión visual de lo que tenemos y por contar historias", recordó.

En ese recorrido también se cruzó con figuras públicas, entre ellas Diego Maradona y algunos presidentes. "He terminado en lugares que si me pongo a recapitular es muy divertido. Y si tuviera que elegir de nuevo, me encantaría ser fotógrafo siempre, porque siempre tengo esa posibilidad de estar, como me decía un viejo maestro mío, de ser testigo VIP de todo", explicó.

Un reconocimiento que no lo desvela

Recibió una distinción en Arabia Saudita por un trabajo audiovisual para la agencia Bayori, aunque él no se postuló: fueron los editores quienes presentaron el material. Los premios no son su forma de medir la carrera.

"Y el reconocimiento más grande creo que es que las ballenas se conozcan, se vean, se sepa y me escriba gente de todo el planeta preguntando por este lugar, por estos animales que a mí en algún punto me dieron todo, me dieron mi vida y me salvaron la vida también", subrayó.

"Un contrato con la realidad"

Para Jonas, el oficio tiene una regla que no se negocia: mostrar lo que pasa sin alterar los hechos. La cámara es una herramienta para dar testimonio y acercar escenas que, de otro modo, casi nadie podría ver.

"Nosotros los fotógrafos tenemos un contrato con la realidad, o sea, nosotros prendemos y mostramos, y de eso se trata lo que me ha hecho perdurar tantos años y de alguna manera hacerme un poco reconocido en algunos sectores por esta historia, por siempre tratar de contar y de mostrar solamente lo que uno ve", mencionó.

La foto viral que le cambió la vida

Detrás de esa idea de no falsear nada hay una historia personal que lo marcó para siempre. Años atrás, una imagen suya conocida como la fotografía de la tablet y la ballena se volvió viral. Alguien que conoció su caso a través de esa repercusión se comunicó con él. Ese contacto le permitió acceder a atención médica y a una operación que resultó clave.

"Porque por hacer esto mismo que estoy haciendo acá con un dron, mostrando a la ballena, hace muchos años cuando se hizo viral la famosa imagen de la tablet y la ballena, la historia conocida... a mí, yo no tenía voz, se me estaba cerrando la garganta, iba a terminar sin respirar, tal vez muerto. Alguien que contó esa historia, que me conoció, terminó llamando, me terminaron operando y me salvaron la vida literal. O sea, yo pasé por un tratamiento médico gracias a que alguien vio lo que hacía, conoció mi historia y me curó. Entonces las ballenas me devolvieron la vida por mostrarlas", remarcó.

El parto que todavía sueña con fotografiar

Después de años recorriendo costas y documentando especies, a Jonas le queda una cuenta pendiente: registrar el nacimiento de una ballena.

"Me encantaría poder registrar un parto, no lo tengo registrado. Me gustaría ver nacer una ballena, sería algo increíble para mí y poder registrarlo sin interferir, o con un dron o con la cámara, con la herramienta que tenga en ese momento, poder verlo y registrarlo", reconoció.

"Para mí sería la frutilla del postre en esta historia. Y después viajar y conocer ballenas de todos lados, bichos de mar, contar historias, me apasiona un montón", agregó.

Su curiosidad lo llevó a mirar especies que no suelen estar en el centro de las imágenes más difundidas de la región. En Comodoro Rivadavia vio una ballena azul, "que es la más grande de todas, que nos salió al lado del bote y la verdad que nunca vi una cosa tan grande y tan impresionante. Aparte de las ballenas sei, las yubartas y toda la biodiversidad que tenemos en nuestras costas", sostuvo.

El trabajo con los científicos

La tarea de Jonas no termina cuando logra la imagen. Mantiene contacto con investigadores, comparte sus registros y consulta a especialistas cuando aparece un comportamiento que lo desvela. Sabe que su formación es la de fotógrafo, pero cree que la observación sostenida puede aportar datos valiosos si se cruza con el conocimiento científico.

"En Chubut tengo un proyecto ahora para tratar de recorrer todas las costas y registrarlos. Y trabajo mucho con la comunidad científica, les aporto todo lo que encuentro, los consulto, porque yo soy simplemente un testigo, no tengo el conocimiento técnico de un científico, yo soy simplemente un fotógrafo que tengo muchas horas de mirar y uno va aprendiendo también", reveló.

El uso de drones le permite una perspectiva amplia de las interacciones sin alterar el escenario. "Tener un aparato que está a mucha altura, que no interfiere y es un proceso absolutamente natural que si tuviéramos un bote en el agua enseguida se irían al bote, no estaría esa sinergia permanente de salvaje. Y hoy lo podemos registrar con estos aparatos, y creyendo todavía que sabemos un montón porque vivimos y hay gente estudiando esto hace muchos, muchos años, pero así y todo seguimos descubriendo cosas", explicó.

"Y yo lo que encuentro y tengo una duda, enseguida teléfono, WhatsApp: 'Che, tengo esto, miren, fíjense'. A veces creo que tengo algo bueno y me dicen 'No, fíjense, hay un paper publicado'. Entonces todo el tiempo me voy nutriendo de esa información del gran trabajo que hace la comunidad científica, que para mí es fundamental", añadió.

Entre esos registros recuerda uno en particular: el de las orcas comiéndose una cría de ballena, algo que no estaba documentado, y el comportamiento de las ballenas francas organizándose para resistir el ataque.

"Acompañar ese proceso también creo que es parte de toda esta comunicación de contar lo que son las ballenas, porque encontrar por ejemplo lo de las orcas fue increíble, no solamente por las orcas comiéndose una cría de ballena que no estaba registrado, sino por todo el comportamiento de las ballenas francas organizándose de alguna manera y tratar de esa lucha contra las orcas, fue muy increíble", recordó.

Hoy, con la mirada puesta en las costas de Chubut, sigue buscando nuevas formas de mostrar ese mundo que lo cautivó desde el principio y que, de manera inesperada, también terminó cambiando su destino.

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