Pasajeros cancelan viajes de apps para subirse con él: la historia del primer taxista eléctrico de Buenos Aires
¿Qué tiene un taxi que hace que los pasajeros cancelen sus viajes de app para subirse? Gerardo Trillini, el primer taxista eléctrico de Buenos Aires, cuenta los detalles de su insólita experiencia.
Gerardo Trillini, taxista con 35 años de experiencia, maneja el primer taxi 100% eléctrico de la Ciudad de Buenos Aires. Su vehículo, un BYD Yuan Pro, no hace ruido, no gasta combustible y genera tanta curiosidad que los pasajeros abandonan sus viajes de aplicación para subirse con él.
“Todavía me cuesta acostumbrarme al silencio”, confiesa Gerardo mientras conduce. Después de décadas manejando taxis a combustión, el único sonido que se escucha es el roce de las ruedas contra el asfalto. “Es lo mismo apagado o en marcha”, resume, aún sorprendido.
El cambio no fue fácil. Quería renovar su taxi convencional a gas y nafta, pero los precios eran prohibitivos. “Me pedían fortuna y me tomaban el valor de mi auto muy abajo”, recuerda. La solución llegó con una línea de créditos del Banco Ciudad para vehículos eléctricos o híbridos destinados a taxis y remises, que financia hasta el 70% del valor con tasa preferencial. “Con lo que ahorro en combustible pago la cuota”, afirma.
Los miedos iniciales eran inevitables: qué pasaría si se quedaba sin batería, dónde cargarlo, cuánto durarían los componentes. “Uno está lleno de dudas por lo desconocido”, admite. Hoy sigue aprendiendo: “Voy probando todo. Prendo el aire, veo cuánto consume. Manejo más rápido y miro cuánto baja la autonomía. Es otra lógica”.
La rutina cambió por completo. Ya no pasa por estaciones de servicio. Ahora, la mayoría de las veces enchufa el auto en su casa antes de dormir. Un cargador lento conectado a un enchufe común le permite cargarlo durante la noche. También tiene un sistema semi rápido, instalado por un electricista matriculado. “Lo dejo enchufado y al otro día está listo para salir”, cuenta. Cuando necesita carga rápida, recurre a estaciones en supermercados o locales gastronómicos: “El otro día desayuné un café con leche y medialunas y en media hora llené el tanque”.
La autonomía ronda entre 350 y 380 kilómetros, lo que le alcanza para dos o tres días de trabajo. Pero lo que más lo impactó es el ahorro. “La factura de luz aumentó unos $20.000 por semana. No obstante, antes gastaba cerca de $15.000 por día en gas”, compara. Además, no paga patente ni peajes porteños.
El mantenimiento también es más simple. “No tiene distribución, ni bujías, ni caño de escape. Directamente no tiene motor como los de antes”, explica. Cada service se realiza cada 20 mil kilómetros y cuesta menos que el de un vehículo convencional. Gerardo, que es técnico automotor, reconoce que hay componentes que todavía no entiende del todo, pero señala que “los frenos y el tren delantero son iguales a los de los autos a combustión”.
En la calle, las reacciones son variadas. “Algunos me felicitan y otros me preguntan en qué me metí”, cuenta. Pero la curiosidad gana terreno: ya hay varios colegas evaluando hacer el mismo cambio. Los pasajeros, fascinados, cancelan sus viajes de aplicación para subirse a su taxi. “Muchos me ven venir y cancelan el auto de aplicación para subirse acá”, dice orgulloso. Una pasajera le dijo hace pocos días: “Estoy viajando en el futuro”. Gerardo sonríe al recordarlo mientras maneja despacio, casi sin ruido, por el tránsito porteño.