Paraná cumple 200 años: la ciudad que se construyó ladrillo a ladrillo

Paraná cumple 200 años y hay historias que casi nadie recuerda: la ferretería más grande de la ciudad, una librería que resistió 70 años y un bar donde una broma terminó en escándalo. ¿Sabés qué pasó con cada una?

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Paraná cumple 200 años: la ciudad que se construyó ladrillo a ladrillo
Paraná cumple 200 años: la ciudad que se construyó ladrillo a ladrillo

Paraná no fue fundada. Creció, se armó de a poco, como el paso del tiempo. Y este año, la capital entrerriana sopla las 200 velitas. Una ciudad que mira al río, de calles angostas y sinuosas, con una arquitectura que fue testigo del progreso y de una comunidad que se formó entre inmigrantes, oficios y tradiciones.

La arquitectura, dicen, es el testimonio más fiel del avance urbano. En Paraná, edificios oficiales, religiosos y privados conviven con estilos, modas y épocas distintas. La influencia inmigratoria dejó nombres propios y modelos que se adueñaron del espacio urbano.

La ferretería que fue símbolo de una comunidad

Hay marcas comerciales que dejan de identificar solo a su dueño para convertirse en emblema de toda una ciudad. Eso pasó con Casa Arcioni. La historia arranca en 1870, cuando tres hermanos italianos —Francisco, Ángel y Juan— llegaron al país mientras Paraná todavía vivía la conmoción por el asesinato de Urquiza.

Se establecieron y fundaron la Casa Arcioni, que cubría ferretería y bazar, materiales de construcción, instrumentos y máquinas agrícolas. El local, sobre calle Urquiza, atravesó un siglo entero atendiendo las demandas de los paranaenses y acumulando historias de todo tipo.

Con el siglo XX, los hermanos se separaron. Juan se instaló en Concordia, donde su hijo Juan Bautista continuó el negocio hasta los años 70. Francisco fundó “La Comercial” en la esquina de Gualeguaychú y Belgrano. Ángel siguió en Alem 64, entre Monte Caseros y San Martín, junto a su hijo Guillermo Santiago y los hermanos Ulises y Lodi Vercelli.

La ferretería quedó enclavada en pleno centro y era considerada la casa más surtida en varios rubros. Pero el 15 de abril de 1981, un incendio que conmocionó a los paranaenses terminó con todo: las pérdidas fueron totales y la emblemática Casa Arcioni cerró definitivamente sus puertas. Tenía 111 años.

La librería que resistió hasta el año 2000

Otro comercio muy tradicional fue la Librería La Cultura, fundada alrededor de 1930 por el historiador y profesor Filiberto Reula. En 1940, Don Arturo Grote compró el negocio y mantuvo el nombre. Tras su fallecimiento, su esposa Doña Guillermina Grote y sus hijos siguieron al frente hasta enero de 2000, cuando cerró definitivamente. Estaba en San Martín 827.

La escuela técnica que nació en 1937

La Educación Técnica tuvo su propio capítulo. El 1° de julio de 1937, cincuenta y cinco alumnos empezaron a formarse cobijados por el Colegio Nacional de Paraná. Así nació la Escuela Industrial y de Artes y Oficios de la Nación. En junio de 1938 pasó a ocupar parte del edificio de la Fábrica de Fósforos, donde quedó más de cuatro décadas.

En 1944 comenzaron los cursos nocturnos para obreros que no habían podido completar sus estudios, modalidad que se sostuvo por más de treinta años. El Ministerio de Justicia e Instrucción Pública de la Nación reconoció su importancia y la equiparó a escuelas de Capital Federal, Bahía Blanca y Rosario.

En 1947 pasó a ser Escuela Industrial de la Nación; en 1954, Escuela Nacional de Educación Técnica N°1 de Paraná. En 1966 tomó como patrono al Supremo Entrerriano y se convirtió en E.N.E.T. N°1 “General Francisco Ramírez”. La piedra fundamental del nuevo edificio se puso en 1973 y se inauguró el 24 de noviembre de 1979, en Martín Zapata 1053.

El bar de los Corujo, una catedral de la diversión

Los bares de Paraná fueron siempre templos de encuentro. El de los Corujo, en Rivadavia y Buenos Aires, se hizo famoso incluso fuera de la ciudad. En los años 60, la revista El Gráfico festejó una broma que sus dueños les gastaron a los jugadores de Independiente: simularon una tragedia en el subsuelo y los clientes inadvertidos la miraron espantados. Todo era una broma.

Con paredes pintadas por Carlos Castellán y piedras rústicas de una cantera de Bajada Grande, el bar tenía una atmósfera que invitaba a quedarse. Atendían Luis y Manolo, y la clientela era tan fiel como cómplice. Años después, el bar se transformó en la chopería Los Alpes, en la misma esquina.

La arquitectura construye identidad. Paraná, que este año cumple 200 años, es una ciudad que se hizo de a poco y que mira al futuro. Así la homenajeamos desde UNO.

Por Fernando Ponce / Especial para UNO

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