Pagaron un millón de pesos por un lote y ahora el Estado amenaza con arrancarles a sus hijas
¿Qué harías si pagaste por un terreno, te estafaron y encima el Estado te exige una casa perfecta para no separarte de tus hijas? Conocé la historia que estremece a Salta.
Una familia salteña está al borde del colapso: entregaron un millón de pesos a un amigo de confianza para comprar un terreno, pero él intentó revenderlo a otra persona. Ahora, mientras sufren amenazas y violencia, la Justicia les exige tener una vivienda digna antes de julio o perderán la guarda de dos niñas con discapacidad que ya estuvieron en un hogar.
La historia arrancó con la ilusión del techo propio. Gilberto Gutiérrez, un amigo de más de 40 años, recibió un millón de pesos como adelanto por un lote. La familia firmó los papeles ante una abogada y empezó a limpiar el monte a pico y pala. Pero el sueño se derrumbó: el verdadero dueño había muerto y Gutiérrez, según vecinos, “está acostumbrado a adueñarse de cosas que no son de él y después venderlas”. Mientras ellos trabajaban, él intentaba vender el mismo terreno a otra persona.
Al verse descubierto, Gutiérrez no se detuvo. Comenzaron las hostilidades: piedras contra la casa, amenazas constantes. El abuelo, quebrado, relató: “Me mandan a amenazar, pasan tirando piedras… Con la edad que tengo, no puede ser”. La familia vive aterrada, pero el drama más grande está por venir.
¿Qué pasará con las niñas?
La mujer que sostiene el hogar no solo cuida a sus padres jubilados y a una hermana con discapacidad, sino que también tiene la guarda provisoria de dos sobrinas y una prima, todas con discapacidad, que quedaron solas. Hace dos años y medio que están con ella. Pero la Justicia les dio un ultimátum: si antes de la audiencia de julio no tienen una vivienda adecuada —al menos dos piezas, baño y cocina—, les quitarán a las menores.
Las niñas ya saben lo que es un hogar de acogida y lo sufrieron. La tía, entre lágrimas, contó: “Ayer me miraban y me decían: ‘Tía, a nosotros lo único que nos interesa es tener una pieza calentita y estar con ustedes, no nos queremos ir’. La más grande viene con su abuelo y lo ayuda a limpiar el terreno. Así vivamos en una sola pieza, donde sea, pero no nos queremos separar”.
La familia no pide limosna. Solo reclama el derecho a quedarse en el terreno que pagaron con su esfuerzo para construir un hogar que mantenga a sus niños unidos y a salvo del frío salteño y de la burocracia. El tiempo corre y el invierno aprieta.
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