Orellano: "Nos quieren meter en una guerra que no es nuestra"
El dirigente que viene recorriendo el país con una discusión incómoda sobre la soberanía dice que el modelo exportador le pega de lleno al bolsillo de los argentinos, y que las cifras que festeja el gobierno esconden una pregunta que nadie hace. Lo que plantea sobre la deuda, los puertos y Malvinas cambia la lectura del momento.
El referente del Foro por la Recuperación del Paraná y del Encuentro Federal por la Soberanía, Luciano Orellano, sostiene que el giro del gobierno nacional sobre Malvinas no es un traspié diplomático sino una pieza del rol que Estados Unidos le asigna a la Argentina en su disputa con China. "Nos quieren meter en un dispositivo más de Estados Unidos en la perspectiva de una guerra global, y esa guerra la va a pagar nuestro pueblo", advirtió.
Autor, entre otros trabajos, de Argentina sangra por las barrancas del río Paraná y Nacionalizar el comercio exterior, Orellano viene recorriendo desde hace más de una década universidades y territorios con una discusión incómoda: la soberanía entendida no como consigna de acto sino como control concreto del comercio exterior, los puertos, la flota y los satélites.
"Estamos en una etapa de guerra"
Para el dirigente, el alineamiento político del gobierno obedece a una urgencia geopolítica: "Hay una disputa abierta de Estados Unidos y la OTAN con Oriente, y en particular con China, y todo el mundo parte de la hipótesis de que se va a dar en el Pacífico". En ese escenario, dice, la Argentina deja de ser un país lejano y pasa a ser una pieza por el paso bioceánico del sur y por los recursos en juego: el mar, el litio, el agua y la Antártida.
Consultado sobre las declaraciones de Javier Milei respecto de Malvinas, que fueron leídas como un gesto electoral de cara al 2027, Orellano las interpreta como "el ejemplo más claro" de ese dispositivo. "Fijate el viraje: 180 grados. Este es un gobierno que sobre la explotación petrolera en el área de Malvinas nunca dijo nada; sobre el saqueo del mar argentino, nunca dijo nada; está vaciando Tierra del Fuego, que es nuestra plataforma hacia el Atlántico Sur y la Antártida, con quince mil despidos. ¿Y de golpe aparece hablando de Malvinas?", planteó.
El verso del derrame
En el plano económico, Orellano cuestiona el relato oficial sobre los récords de exportación. "Festejan 57 mil millones de dólares de agroindustria, 14 mil de energía, 9 mil de minería, y proyectan llevar las exportaciones de 87 mil a 155 mil millones al 2035. Suena espectacular hasta que hacés la pregunta que nadie hace: ¿quién exporta?", disparó. Según sus números, el 70 por ciento de la estructura productiva argentina está dentro de cadenas globales y es extranjera, y de los 105 puertos del país la mayoría opera con empresas de afuera.
"Esa renta no se queda: termina en remisión de utilidades. Se llena el balde y el balde está rajado", graficó. En ese marco, señaló que la deuda aumentó 113 mil millones de dólares con este gobierno y que hoy la neta es de 483 mil millones, de los cuales 58 mil corresponden al Fondo Monetario Internacional.
Para el dirigente, el modelo exportador excluyente tiene como principio bajar salarios "porque el salario es un costo y no un mercado". Como consecuencia, enumeró la caída a la mitad del poder adquisitivo, el cierre de 30 mil pymes, la destrucción de 300 mil puestos y los 18 millones de asalariados que "pasaron de consumir a sobrevivir". El contraste, dijo, es Brasil: "Su agroindustria emplea a 28 millones de personas y el petróleo con la industria naval le dejaron 250 mil empleos industriales, más una flota propia y capacidad de defensa".
Santa Fe, corazón del negocio
Orellano puso el foco en el cordón que va de Villa Constitución a Timbúes, de donde sale la mayor parte de las divisas del país. "Ahora, en esos puertos, ¿exportan los santafesinos? No: exportan Cargill, ADM y Bunge, y con eso solo tenés cerca de la mitad. Está Dreyfus, está Cofco, está Glencore, que fue socia en Renova durante la estafa de Vicentin y hoy se llama Viterra", detalló. "La provincia produce la riqueza y no la controla ni la ve", sintetizó.
"Esto no se improvisa"
Frente a la afirmación de que cualquier proyecto político que no comprenda la guerra, el lugar que nos asignan y la soberanía concreta sobre el comercio exterior, la flota, los satélites y la inteligencia artificial es inviable, Orellano coincidió plenamente. "Eso no es un capítulo del programa: es el programa", afirmó, y advirtió que un proyecto que no lo ubique "se choca contra la realidad a los seis meses de gobernar".
"Enfrente hay decisión: ellos están decididos a ir a fondo, no están negociando, están ejecutando. Frente a eso, un proyecto intermedio no sólo no frena nada: desmoraliza", subrayó. Y planteó dos tareas simultáneas: unir todo lo que se pueda unir para frenarlos y, a la vez, demostrar que es posible otra cosa, con un plan y con números. "Si sólo resistimos, ganamos tiempo y perdemos el país igual", concluyó.
Un frente de escala nacional
Sobre el rol del movimiento por la soberanía que encabeza, Orellano señaló que durante años construyeron un programa y un movimiento heterogéneo que lo sostiene, con trabajadores, pymes, científicos, militantes ambientales y vecinos. "En un momento como este no podemos ocupar otro lugar que no sea aportar al armado de un gran frente que tenga como norte estas cuestiones", sostuvo.
En ese sentido, reivindicó el camino recorrido en Santa Fe junto a Carlos del Frade y el Frente Amplio por la Soberanía, que "puso estos temas en la agenda cuando casi nadie los quería tocar: el río, los puertos, las cerealeras, el poder económico, el trabajo nacional". "Hoy esa experiencia encuentra la necesidad de ampliarse a escala nacional", cerró.