O’Mill lanza una advertencia sobre el olvido: “Cinco décadas es la distancia exacta para que un trauma deje de ser vivido”

La ministra O’Mill alerta en un aniversario crucial: el tiempo puede convertir el trauma en un relato lejano. ¿Qué pasa cuando una sociedad empieza a olvidar lo que le costó tanto aprender?

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O’Mill lanza una advertencia sobre el olvido: “Cinco décadas es la distancia exacta para que un trauma deje de ser vivido”

La ministra de Justicia de Santiago del Estero, Matilde O’Mill, hizo un llamado urgente a sostener la memoria colectiva en el 50° aniversario del último golpe de Estado, advirtiendo que el paso del tiempo puede diluir el aprendizaje doloroso que sostiene la democracia. Durante un acto conmemorativo, la funcionaria reflexionó sobre el riesgo de que las experiencias traumáticas se conviertan en relatos distantes si no hay una transmisión activa entre generaciones.

“Cinco décadas es la distancia exacta entre abuelos, padres e hijos”, expresó O’Mill con contundencia. Subrayó que este es el tiempo suficiente para que una vivencia traumática deje de ser algo sentido en carne propia y pase a ser solo una narración, sujeta a reinterpretaciones o, en el peor escenario, al olvido total.

¿Por qué la memoria no puede ser estática?

La ministra santiagueña fue clara al definir la memoria no como un archivo inmutable, sino como un proceso dinámico que requiere esfuerzo constante. “La memoria necesita ser transmitida, resignificada, porque si no se diluye”, afirmó. Para O’Mill, lo que está en juego no son meros recuerdos, sino un conocimiento fundamental adquirido con sufrimiento para proteger el sistema democrático.

Enlazó este concepto con la capacidad de una sociedad para mirar hacia adelante. “La red de la memoria funciona tanto para evocar el pasado como para imaginar el futuro”, señaló. Alertó que cuando esa memoria se empobrece, también se limita la inteligencia colectiva para proyectar y construir un porvenir.

La democracia, una construcción cotidiana que puede quebrarse

O’Mill amplió la mirada más allá de las estructuras formales del Estado. Remarcó que la democracia no se agota en las instituciones, sino que se teje día a día en la forma en que las personas se relacionan, discuten e incluyen a los demás. “Es una construcción permanente”, sostuvo.

Dirigiéndose especialmente a las generaciones más jóvenes que no vivieron la dictadura, la ministra lanzó una advertencia crucial. Dijo que para ellos, la democracia puede parecer algo obvio y cotidiano, pero el peligro acecha en su normalización. “Hemos aprendido que empieza a quebrarse mucho antes de romperse”, concluyó, haciendo referencia a la naturalización de la violencia y el lenguaje agresivo. Su mensaje final fue un llamado a la acción: la democracia debe ser cuidada y defendida todos los días.

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