Ocho cirugías, una septicemia y el riesgo de perder una pierna: la entrerriana que vuelve a competir por una medalla
Le dijeron que podían amputarle la pierna. Ella pensaba en retirarse. Pero un salto de 1,86 metros cambió todo: este viernes, la entrerriana Betsabé Páez compite por una medalla en los Juegos Suramericanos.
La atleta de Crespo Betsabé Páez se clasificó para la final de salto en alto de los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026, que se disputará este viernes a las 18. Lo hizo con una marca de 1,86 metros, la mejor de su carrera, después de seis años marcados por una lesión grave, ocho cirugías, una infección hospitalaria y una septicemia que puso en riesgo su vida.
El regreso tiene un condimento especial: Páez buscaba una última competencia antes de despedirse del alto rendimiento. El salto de 1,86 metros modificó sus planes y la devolvió al seleccionado argentino.
"Honestamente, esto es un milagro", reconoció la deportista al repasar el calvario que empezó a comienzos de 2020.
El origen de la pesadilla
Todo arrancó cuando decidió competir en el Campeonato Sudamericano de pista cubierta para buscar la clasificación a los Juegos Olímpicos de Tokio. Una lesión previa en el tobillo derivó en la rotura de ligamentos de la pierna izquierda.
Fue operada el 20 de mayo de 2020, en plena pandemia de coronavirus. Con el Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo cerrado, tuvo que rehabilitarse por videollamadas y permaneció sola en un departamento, sin que sus padres pudieran viajar para acompañarla.
Un mes después volvió a Entre Ríos, pero la rodilla seguía con dolores intensos y casi no podía flexionarla. Viajó a Rosario y la sometieron a una segunda intervención. Luego los médicos detectaron un elemento metálico debajo de la rótula y realizaron una tercera cirugía para retirarlo. Tras esa operación contrajo una bacteria hospitalaria y sufrió una septicemia que puso en riesgo su vida.
El riesgo de perder la pierna
Páez estuvo internada primero en un sanatorio privado, cuyos gastos afrontó su familia. Sus amigos organizaron ventas de pizzas para colaborar, pero los costos se volvieron imposibles de sostener y debió ser trasladada al Hospital Eva Perón de Granadero Baigorria.
Allí permaneció un mes. "Estaba devastada, totalmente débil, no daba más. Tenía los brazos y las venas colapsadas de tantos pinchazos y cirugías. La parte emocional fue durísima", contó a La Nación. El tratamiento no lograba controlar la infección y los profesionales le plantearon por primera vez la posibilidad de amputar la pierna.
Recibió el alta y volvió a la casa de su madre, pero a los pocos días la infección reapareció. Una nueva consulta derivó en otro diagnóstico crítico y otra advertencia sobre una posible amputación.
Sin obra social y ante la complejidad del cuadro, fue internada en el Hospital San Martín de Paraná. Durante tres meses fue sometida a sucesivas intervenciones de limpieza quirúrgica y tratamientos con antibióticos.
La atleta relató a La Nación que fue alojada en un sector improvisado del subsuelo y cuestionó las condiciones sanitarias y asistenciales. También aseguró que sufrió errores en la administración de medicamentos.
"Las condiciones eran indignas, entraban perros y gatos que se sentaban en las gasas que después nos ponían. Todo era traumático. Al lado tuve a una mujer enferma terminal a la que ni limpiaban, ella me pedía ayuda a mí llorando y yo como podía trataba de ayudarla. Llegaron a equivocarse y a ponerme a mí su quimioterapia y a ella mi antibiótico. Por eso digo que nos trataban como animales", declaró.
La crisis emocional
El deterioro físico vino acompañado de una profunda crisis anímica. Páez sintió que había sido abandonada por quienes debían respaldarla como atleta de alto rendimiento y llegó a perder la voluntad de seguir.
"Les dije a mis papás que me quería morir", confesó sobre el momento más crítico de la internación. "Estaba tan depresiva con la situación que les dije a mis papás que me quería morir, que se me apague la conciencia. No podía soportar haber sido una atleta, haber hecho deporte toda mi vida, un deporte que amaba y estar viviendo esa situación. Sentía que no servía para nada, que era descartable y a nadie le importaba. Estaba mi familia, mis amigos, mi entrenador, pero a nivel dirigencial me soltaron la mano. Después, también el municipio me empezó a ayudar, pero yo ya había atravesado el proceso nefasto de estar tirada en un hospital", relató.
La familia consiguió que le realizaran una nueva cirugía de limpieza y la deportista volvió a su casa para continuar con antibióticos. Su cuerpo empezó a responder, pero la recuperación emocional demandó mucho más tiempo: durante seis meses evitó salir de su vivienda y atravesó un nuevo cuadro depresivo. No era la primera vez. A los 17 años, una lesión lumbar también la había alejado del atletismo y le había provocado una severa crisis.
El regreso a las pistas
Tras aquel primer alejamiento, Páez estudió Educación Física y decidió volver a las pistas. Aunque le advirtieron que ya no recuperaría su nivel, comenzó a entrenarse sola hasta obtener marcas competitivas. Ese recorrido se interrumpió con la lesión de 2020 y el prolongado proceso médico posterior. Seis años después volvió a tomar carrera y a enfrentar el listón.
Un día, mientras estaba tirada comiendo bizcochitos y fumando, empezaron a escribirle para contarle que el periodista Gonzalo Bonadeo estaba haciendo una transmisión de atletismo y había nombrado a Crespo, su ciudad, y mencionado a "Betsabé Páez". Se miró y se dio vergüenza, pero sintió el clic: "Me pregunté qué carajo estaba haciendo así. Me había olvidado de toda esa historia. Lo que él dijo me hizo recordar que había hecho algo bueno en el deporte y que servía. Recordé mi identidad estando perdida, fuera de foco", dijo a La Nación.
Cuando decidió darse una última oportunidad antes de cerrar su trayectoria, saltó 1,86 metros, el mejor registro de su carrera. La marca le permitió integrar el seleccionado argentino y clasificarse para los Juegos Suramericanos.
Este viernes, a las 18, Betsabé Páez volverá a representar al país en una competencia internacional. Más allá del resultado, su presencia significa la culminación de una recuperación que incluyó ocho cirugías, años de rehabilitación y una lucha física y emocional para regresar al alto rendimiento.