Ocho años cerrada, abrió con una misa: lo que todavía no puede usar la iglesia San Francisco
La iglesia San Francisco reabrió con una misa después de ocho años, pero los fieles todavía no pueden volver con normalidad: hay sectores clave que siguen clausurados y una decisión que la comisión está a punto de anunciar.
La histórica iglesia San Francisco volvió a recibir fieles después de ocho años con las puertas cerradas por fallas edilicias. La vuelta fue con una misa por el Día de San Francisco de Asís, pero desde la Comisión de Puesta en Valor aclararon que no se trató de una reapertura definitiva: fue una instancia especial para mostrar los avances de las obras y agradecer el acompañamiento de la comunidad.
El templo, declarado Monumento Histórico Nacional, sigue en plena restauración. La clausura preventiva municipal había llegado a fines de 2018 y, desde entonces, el edificio permaneció inaccesible.
La arquitecta Olga Paterlini, presidenta de la Comisión de Puesta en Valor, destacó el clima que se vivió durante la ceremonia: “Estar allí con el coro y el organista de la Catedral creó un clima que hacía mucho tiempo la iglesia no mostraba. Fue un caso inédito donde la perseverancia de la comunidad, las empresas y el compromiso del Estado hicieron posible llegar a este punto”, señaló.
Lo que ya se reparó: la bóveda del presbiterio
La primera etapa de consolidación estructural se desarrolló entre abril y septiembre y apuntó a los sectores con mayor riesgo de colapso. La arquitecta Cecilia Torres, del equipo técnico, explicó que hicieron falta manos muy especializadas para sellar fisuras y reforzar las mamposterías.
El punto más delicado fue la bóveda del presbiterio, la lesión más compleja de toda la estructura. Allí se montó una plataforma interna para sostenerla y se colocaron pórticos exteriores que rigidizan la caja del edificio y bloquean cualquier desplazamiento o movimiento lateral.
En paralelo, se hizo una limpieza profunda del polvo acumulado durante casi una década: retablos, confesonarios y los bancos de madera quedaron puestos a punto.
Los frentes que siguen abiertos
Pese a los avances visibles, la consolidación estructural no terminó. Paterlini advirtió que todavía falta intervenir sectores neurálgicos antes de habilitar el uso pleno del inmueble.
La cúpula central, en el encuentro de la nave con el crucero hacia el presbiterio, sufrió filtraciones con las últimas lluvias y está cegada desde el interior: habrá que destaparla para evaluar los daños ocultos. La sacristía, en tanto, presenta un deterioro estructural severo que exige un proyecto de estabilización propio.
En la nave lateral norte restan el cosido de grietas y el tratamiento de fisuras profundas. Recién cuando la estabilidad física esté asegurada se avanzará con la restauración de fachadas, donde aún persisten áreas deterioradas, y en una etapa final se pondrán en valor imágenes religiosas, pinturas históricas y bienes muebles.
Cómo se financia la obra
La recuperación del templo se sostiene con un modelo colaborativo público-privado. El grupo de trabajo se conformó en febrero de 2019 con la Iglesia, la Federación Económica, académicos y especialistas del estudio Arévalo-Pagani. Desde entonces, la recaudación combinó fondos provinciales y municipales con donaciones de empresas y bonos solidarios.
Las obras cuentan con la supervisión de la delegada de la Comisión Nacional de Monumentos, Ana Lozano, junto a los arquitectos Andrés Nicolini y Cecilia Torres.
Para costear los proyectos pendientes se habilitó un código QR en la vereda del templo que canaliza aportes vecinales directos.
Una misa semanal, el próximo paso
La comisión diseña un cronograma preliminar de una misa semanal. El esquema se comunicará formalmente para que fieles y visitantes turísticos puedan acceder al edificio de forma ordenada y segura.