Oberá abre la Fiesta del Inmigrante con una bandera que casi nadie recuerda
¿Qué objeto cosido a mano por las familias de la Escuela 84 se convirtió en el símbolo más fuerte del cuadro que abre cada noche la Fiesta del Inmigrante?
La 46ª Fiesta Nacional del Inmigrante ya tiene su cuadro de apertura, y no es el que muchos esperaban. Se llama “Donde nacen las palabras” y reconstruye un episodio casi olvidado de Oberá: cuando la escuela fue el primer lugar donde chicos de familias inmigrantes y criollas aprendieron a convivir en la diversidad.
La puesta, que se presenta cada noche en el Parque de las Naciones, toma como eje a la Escuela 84 y a la figura de Aurora Solís de Barnatán, una de las docentes de los primeros años de la educación en la ciudad. Danza, actuación, música y recursos audiovisuales se combinan para recrear el clima de aquella comunidad en formación.
Una investigación antes de subir al escenario
Detrás del espectáculo hubo un trabajo de archivo. Daniela Meza y Belén Lemes revisaron documentos, historias y referencias vinculadas a los primeros inmigrantes y a los espacios que organizaron la vida comunitaria. La escuela apareció de inmediato como uno de los más significativos.
Con esa base, la propuesta tomó forma junto a Maxi Ott y Sandro Pereira, responsables de la puesta y la coreografía. Fabio Ojeda se ocupó de la musicalización y Andrés Córdoba aportó el componente audiovisual. El proyecto se impuso entre cerca de una docena de propuestas presentadas para ocupar el lugar central de la apertura.
Una bandera hecha con retazos de todas las familias
Durante la preparación apareció un relato que cambió parte del planteo original. El equipo supo que la primera bandera de la escuela había sido confeccionada con pequeños retazos de tela aportados por las propias familias. La historia llegó a través de una joven de la colectividad paraguaya, cuya madre participa en el museo de la institución.
La imagen era potente: una bandera construida con fragmentos diferentes reunidos en una sola pieza. Aunque no estaba prevista, terminó incorporándose a la puesta como metáfora de aquel Oberá que empezaba a formarse con personas de orígenes diversos. En escena, los bailarines parten de historias distintas y confluyen alrededor de la bandera hasta construir una imagen colectiva.
Aurora, en dos cuerpos y dos generaciones
Otro de los ejes es la figura de Aurora Solís de Barnatán, representada en dos momentos de su vida. La docente jubilada María Amelia “Kitty” Ponce la interpreta en su etapa adulta, mientras que la joven bailarina obereña Keyla Fontana encarna al personaje durante su juventud.
Para Ponce hay un vínculo personal con la Fiesta: participó desde distintos lugares durante años y acompañó buena parte de su crecimiento. También forma parte de la memoria de Oberá desde su llegada a la ciudad, el 29 de marzo de 1960. El desafío, dice, no pasa solo por representar a una docente, sino por imaginar qué implicaba enseñar en una comunidad donde cada alumno podía llegar al aula con una lengua, una historia familiar y una cultura distintas.
Fontana representa el otro extremo del puente. Transita su primer año como estudiante de danza clásica en el Parque del Conocimiento y pertenece a una generación que conoce aquella historia desde la distancia, pero que ahora debe apropiársela para llevarla al escenario.
Bailar una historia que primero había que conocer
La preparación no se limitó a los ensayos coreográficos. Los jóvenes fueron convocados desde sus colectividades, pero durante el proceso se involucraron con el trasfondo de lo que representaban. Antes de cada función, Kitty Ponce comparte con ellos historias sobre Aurora, la escuela y los primeros años de la ciudad. La idea es que la puesta no quede reducida a una sucesión de movimientos memorizados.
La construcción demandó ensayos semanales e integró participantes con experiencias muy dispares. Algunos tenían trayectoria en danza; otros llegaban desde espacios distintos. Incluso se sumaron dos bailarines de malambo de Jardín América, que permanecieron varias semanas en Oberá para incorporarse al trabajo.
Maxi Ott, que participa por primera vez de la Fiesta, resumió el impacto del intercambio cultural con una frase: “Hoy me voy con el folclore mundial”.
Mucho más que una apertura
La coincidencia con el Día del Maestro sumó otra capa de significado. Daniela Meza, que también ejerce la docencia, encontró allí una conexión directa entre el pasado que la obra recupera y una profesión clave en la consolidación de aquella comunidad.
El cuadro propone una lectura más amplia: la escuela como laboratorio inicial de algo que después definiría a Oberá, con personas de distintos orígenes compartiendo un mismo territorio sin resignar sus identidades. Ese proceso que hace más de cien años ocurría en un aula hoy se expresa en el Parque de las Naciones, en las casas típicas, las comidas, los idiomas, la música y las danzas.
Por eso “Donde nacen las palabras” no busca solo abrir una noche de espectáculos. Intenta volver al punto donde muchas de esas historias comenzaron a encontrarse. Y la bandera de retazos termina siendo la imagen más precisa de todo el relato: una identidad hecha de piezas diferentes, capaces de formar algo común.

