Nudo por nudo: la historia de la tejedora que ya vistió a tres papas
Sociedad · Catamarca

Nudo por nudo: la historia de la tejedora que ya vistió a tres papas

Un tapiz de 45 por 60 centímetros, un mes de trabajo nudo por nudo y seis tejedoras: la pieza que ya está en el Vaticano es la tercera que la Fábrica de Alfombras de Catamarca le dedica a un papa. ¿Quién fue la tejedora que empezó esta tradición?

La Fábrica de Alfombras de Catamarca volvió a cruzar el océano: un tapiz con el escudo de León XIV ya está en el Vaticano, y detrás hay manos que llevan tres pontificados tejiendo. Antes habían pasado por las mismas agujas las piezas de Benedicto XVI y Francisco, en un oficio que se transmite de generación en generación.

El vínculo más fuerte con esta historia lo tiene Claudia Galíndez, hoy jefa de Producción de la fábrica. Ella participó de las tres experiencias y guarda un recuerdo especial de la primera: cuando todavía era tejedora, fue quien hizo con sus propias manos el tapiz que recibió Benedicto XVI.

Poco después, el obispo que se encargó de llevarlo al Vaticano le acercó fotografías y cuadros que llegaron como agradecimiento por el obsequio. Un gesto que quedó guardado entre los recuerdos de la fábrica.

De tres tejedoras a seis para el último papa

Con Francisco, la fábrica volvió a ponerse en marcha: la pieza quedó a cargo de tres tejedoras, con el respaldo del equipo de producción. Para León XIV el desafío creció y fueron seis las tejedoras que participaron del trabajo.

En diálogo con Radio Nacional Catamarca, Galíndez contó que el último tapiz demandó un mes de trabajo. La pieza mide 45 por 60 centímetros y se tejió nudo por nudo. Después vino toda una cadena de tareas: lavado a mano, recorte, emparejado del dibujo, trabajo de relieve y colocación de flecos. En el proceso intervinieron trabajadores de distintas áreas de la fábrica.

“Es un orgullo muy grande y una emoción más que todo”, expresó Galíndez al repasar lo hecho. También habló de la alegría que compartieron las tejedoras y el resto del personal por haber sido parte de una pieza que representa el oficio artesanal de Catamarca.

El escudo que cambia con cada pontífice

Los tres tapices comparten un mismo punto de partida: reproducen el escudo de cada papa, un símbolo que se renueva con cada nuevo pontificado. Así, un pedazo de la identidad catamarqueña llegó hasta el Vaticano y, al mismo tiempo, mostró hacia afuera lo que se hace en la fábrica.

Galíndez señaló además que los visitantes, sobre todo los turistas extranjeros, suelen sorprenderse cuando descubren que las alfombras se elaboran íntegramente a mano. Un trabajo que esta vez trascendió las fronteras y quedó ligado a tres etapas de la historia reciente de la Iglesia.

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