No hubo complicidad: el hacinamiento desnuda la crisis carcelaria en El Calafate
La fuga de un preso en El Calafate no fue por complicidad policial, sino por hacinamiento extremo. ¿Cómo es posible que siete detenidos compartan un solo baño con los efectivos?
La fuga de un detenido de la Comisaría Segunda de El Calafate destapó una olla podrida. Las autoridades descartaron que los policías hayan facilitado la evasión, pero la investigación reveló condiciones inhumanas de alojamiento: siete presos hacinados en espacios improvisados, compartiendo un solo baño con los efectivos.
¿Qué pasó con la investigación?
El análisis de las cámaras de seguridad internas y externas fue determinante para desestimar cualquier hipótesis de complicidad policial. Minuto a minuto, los investigadores reconstruyeron los movimientos del día de la fuga y confirmaron que no hubo participación intencional de los efectivos de guardia.
Ahora, la Fiscalía centra sus actuaciones en las condiciones operativas en las que el personal realizaba la custodia. Los datos recabados pintan un panorama desgarrador en materia de infraestructura policial.
Espacios improvisados y un solo baño
El día de la fuga, siete personas estaban alojadas en la comisaría. Cuatro detenidos permanecían en el hueco debajo de una escalera, otros en la zona de calabozos, y el hombre que logró evadirse estaba en el área del comedor. Solo 24 horas antes, la dependencia llegó a albergar a 10 personas, incluida una mujer. Ante la falta de celdas, dos detenidos durmieron sobre colchones tirados en el suelo del comedor reservado para el descanso del personal.
La crisis edilicia queda expuesta en un dato cotidiano: tanto los detenidos como los policías de guardia deben compartir el único sanitario disponible en toda la unidad.
Guardia reducida, múltiples tareas
A las falencias de infraestructura se suma la falta de personal operativo. La investigación evalúa cómo una dotación mínima debía multiplicarse para cumplir, de forma simultánea, con la custodia de los apresados, la atención al público, la recepción de denuncias y el patrullaje preventivo de la jurisdicción.
Fuentes del sector remarcan que la saturación edilicia en las dependencias de El Calafate no es un hecho aislado ni derivado de contingencias recientes, sino un problema estructural que se viene advirtiendo desde hace años a las autoridades competentes.