Nito Mestre y el secreto de los 50 años con Charly: "No somos ex Sui Generis"
Espectáculo · San Juan

Nito Mestre y el secreto de los 50 años con Charly: "No somos ex Sui Generis"

Más de 50 años de amistad, un camarote en Uruguay y tres señales que sellaron la separación: Nito Mestre repasa la historia con Charly García antes de su show sinfónico en San Juan.

Nito Mestre vuelve a San Juan con su formato sinfónico, pero antes de subirse al escenario del Teatro Sarmiento se tomó un rato para repasar su historia y la de una sociedad que atraviesa medio siglo. La amistad con Charly García es el eje de todo: "Nos conocimos, nos quisimos de movida y nos seguimos queriendo todavía", asegura.

En diálogo con Diario de Cuyo, el músico habló de su presente, de las giras y de la vigencia de un repertorio que nació en los años 70 y sigue sonando. Viene de dos semanas en México, donde lo esperó un público joven que le acerca vinilos para firmar y le deja cartas.

Una bendición que dura más de cincuenta años

"Cuando ves la carrera para atrás, te imaginás... En el 72 salió el primer disco", recuerda Nito. Para él, el sueño de la adolescencia era que lo que hacían con Charly no fuera "solo una época, dos o tres años de furor y nada más". Que ese deseo se haya cumplido le resulta "extremadamente grato".

¿Qué hizo que la dupla resistiera tanto? Nito esquiva el análisis sociológico y apunta a lo concreto: "la música, las letras, como suena el dúo, la amistad, la energía, la ética". Todo eso, dice, construyó carreras larguísimas, desde que se conocieron en la secundaria, a los 15 años.

El recreo donde empezó todo

El primer cruce fue en el colegio, durante un recreo. La conexión fue inmediata: hablaron de música y se hicieron amigos casi al instante. Cada uno tenía su banda, y la primera idea fue compartir un show. Después apareció la propuesta superadora: combinar las voces de un lado con la instrumentación del otro.

Con el tiempo, los demás integrantes fueron saliendo y quedaron ellos dos. "Contra viento y marea", grafica Nito. "Se iba uno, entraba el otro, y los que siempre estuvimos fuimos nosotros". La persistencia, cuenta, era absoluta: pensar que les iba a ir mal les resultaba imposible.

En aquel entonces, "que te fuera bien" significaba grabar un disco y que la gente fuera a verlos. Nada parecido a lo que vino después: cruzar generaciones y países, y que el público les diga que se crió con sus canciones. "Durar cincuenta y pico de años es muy raro", reflexiona.

Ni en sus mejores sueños imaginaba semejante recorrido. Recuerda que a los 12 soñaba con conocer a Los Beatles y terminó tocando con Paul McCartney, que además fue a ver su show. "Esas cosas que soñás, 'algún día se va a dar', y se dio".

"No somos ex Sui Generis, somos Sui Generis"

La amistad superó las cinco décadas, y Nito estuvo en el cumpleaños número 75 de Charly. De ahí sale la frase que resume el vínculo: "Con Charly decimos que no somos ex Sui Generis, somos Sui Generis". Después llegaron Serú y las carreras solistas, pero el dúo fundacional marcó el rumbo.

"Hemos pasado juntos de todo, la buena, la mala, las peores, y acá estamos", dice. Esa relación se trasluce en la música y en el escenario, donde el cariño del público convierte cada interpretación en "momentos de felicidad únicos".

Las canciones, además, cambiaron de sentido con los años. "Tiene más sentido hoy", sostiene. El arrastre del tiempo les dio otra dimensión, y cada show es distinto porque cambian el público, el lugar y uno mismo.

Las señales que anticiparon la separación

Con el diario del lunes, Nito no duda: Sui Generis tenía que separarse. "Creo mucho en las señas, había 12 mil millones de señas para no seguir", afirma. La versión de que Charly llegó un día y anunció la ruptura no refleja lo que pasaba: el cansancio venía de antes.

El circuito era siempre el mismo, la gente cantaba más fuerte que ellos, el último disco no se interpretó como querían y los discos no salían al exterior. "Era ir y volver a los mismos lugares y no había nada nuevo". Nito ya había tomado distancia y le había quitado energía al proyecto cuando Charly planteó la posibilidad de separarse. Su respuesta fue simple: "Hagamos un intento de que pase algo, porque lo que me está pasando es que estoy aburrido".

No hubo arrepentimiento. Desde julio, cuando empezaron a ensayar la despedida, se vieron muchísimo más y se llevaron muy bien. Había un motivo: el Luna Park, un disco, una película. En agosto del 75 viajaron juntos a Uruguay y, en un camarote, cada uno ya contaba qué quería hacer después. Charly hablaba de armar una banda con otros tecladistas; Nito, de formar la mejor banda de folk, con varias voces y una femenina.

Lo curioso llegó con el Adiós Sui Generis. Después de Rosario y Córdoba, Charly propuso seguir un poco más. "Ya hicimos el Adiós, pero podríamos seguir despidiéndonos", le dijo. Hasta bromea con que después "se nos copiaron Los Chalchaleros". Pero las señales pesaron más.

La camioneta, el robo y el taxi: las tres señales

Al volver del sur, la camioneta volcó y se rompieron todos los equipos, que había que volver a comprar en Estados Unidos. Fue la primera señal. Después robaron otro equipo en el aeropuerto. Y cuando Nito llegó a Buenos Aires con Rinaldo, el bajista, chocó el taxi. "Muchachos, si tenían la idea de seguir, olvídelo", recuerda que pensaron. Dijeron "no, ya se acabó".

Al mes se fue a vivir con Charly. Pasaron de un departamento a un hotel durante todo el verano, con un cuarto para cada uno. Mientras Charly armaba La máquina de hacer pájaros, Nito construía Los desconocidos de siempre. Se mostraban lo que hacían. Incluso Nito cantó los coros de "Como mata el viento norte", el primer simple de La máquina.

"Yo nunca me separé mal de ninguna banda", subraya. "Se terminó, se terminó; cada uno hace su vida, bien". Sin celos por quién tuvo más éxito. Y con Charly, menos todavía.

"Es un genio, un capo absoluto"

Cuando le preguntan por Charly, Nito no escatima elogios. "Es un genio, un capo absoluto", dice. Aprendió un montón de música a su lado y se lo agradece en el alma. Recuerda que Charly tiene oído absoluto y que le decía: "Vos tenés oído relativo y te aprendés todo rapidísimo".

Sobre el legado de la dupla en el rock nacional, Nito prefiere mirar para adelante. No es nostálgico ni se queda viendo videos de lo que hizo. Acaba de revertir un tema de Los desconocidos que compuso a los 23, está por grabar algo nuevo y planea para el año próximo un proyecto con músicos jovencitos. "Cuando estoy cantando, estoy cantando hoy, no antes".

Algoritmos, redes e inteligencia artificial

Nito se lleva bien con el presente, aunque lo sorprendan los algoritmos que le venden una heladera después de escucharlo hablar. Con Spotify y las redes tampoco reniega. Sabe que de cien mensajes diez no lo querrán y cinco lo putearán. "A mí me da lo mismo, yo ya sé quién soy y qué hago", asegura.

Con la inteligencia artificial tiene una relación práctica: le pide que corrija fotos o flyers y después corrobora. Reconoce que puede usarse bien o mal, como todo. Un día, medio en broma, le pidió un tema de amor con un paisaje y el resultado fue "para cagarse de risa". También opina que los cantantes de IA "se notan a la legua".

Lo que la IA no podrá hacer, le plantean, es componer e interpretar "Canción para mi muerte", "Rasguña las piedras" o "Necesito". "Eso sale de uno", responde. Igual, la trata bien: "Por si acaso algún día se da vuelta, que se acuerde que era yo".

La cita en San Juan

Nito Mestre presentará "El último sinfónico del año" el domingo 8 de noviembre a las 21 en el Teatro Sarmiento. Las entradas van de 20.000 a 55.000 pesos y se consiguen en playticket.com.ar o en la boletería.

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