Ni una fuga ni un túnel: la inesperada estrategia que eligió El Chapo para recuperar su libertad
Encerrado en la prisión más dura del mundo, el exlíder del Cartel de Sinaloa recurre a la escritura para denunciar condiciones inhumanas y pedir clemencia. ¿Logrará conmover a los jueces con sus cartas?
Encerrado hace una década en la prisión más dura del mundo, Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán encontró una nueva arma para pelear por su libertad: la escritura. Lejos de los túneles y las fugas que lo hicieron famoso, el exlíder del Cartel de Sinaloa envió 13 cartas en las últimas semanas para denunciar sus condiciones inhumanas y pedir clemencia.
ADX Florence, conocida como la ‘Alcatraz de las Rocosas’, es su hogar desde 2019. Allí, el recluso 89914053 pasa 23 horas al día en una celda de hormigón con una cama, un escritorio y un taburete del mismo material, un inodoro, un lavatorio y una ducha. La única luz natural entra por una ventana de poco más de un metro de largo y apenas 10 centímetros de ancho.
El régimen que sufre se llama SAMs (Medidas Administrativas Especiales), aplicado a solo 50 presos en todo Estados Unidos. El aislamiento es total: no puede hablar con los guardias, las visitas familiares y de abogados están restringidas, la luz nunca se apaga, y el acceso a la información es nulo. ‘Pido que por favor remuevan las SAMs antes de que me dé un ataque al corazón o antes de que me vuelva loco’, escribió en una carta de hace cuatro años, repleta de errores de ortografía.
¿Qué pide El Chapo en sus cartas?
En la primera tanda, fechada en mayo, Guzmán reclamó al juez que se respeten sus derechos humanos y que las condiciones de su encierro violan la Constitución de Estados Unidos. El 7 de mayo fue más allá: exigió un nuevo juicio y ser devuelto a México. Ambas peticiones fueron rechazadas de inmediato.
En misivas posteriores, el capo dio un giro inesperado: se declaró inocente y culpó al gobierno mexicano de la violencia durante su tiempo en libertad. También denunció discriminación por ser mexicano, asegurando que lo tratan peor que a los terroristas islámicos. ‘El caso en mi contra debe desestimarse por falta de pruebas’, afirmó, acusando al jurado de haber sido presionado.
Incluso intentó reescribir la historia del asesinato del cardenal Posadas Ocampo en 1993, diciendo que él solo era un viajero que quedó en medio de una balacera. Nadie cree esa versión.
El 8 de mayo envió cuatro cartas más a dos jueces federales, al alcalde de Brooklyn y al senador Marco Rubio, pidiendo una revisión del juicio. La inteligencia estadounidense descubrió que, pese al aislamiento, Guzmán seguía enviando mensajes a sus hijos, por lo que sus comunicaciones con abogados también fueron limitadas.
Curiosamente, algunas de las cartas están escritas en un inglés básico, lleno de errores, a pesar de que en el juicio declaró no saber el idioma. Esto generó sospechas de que no sea él el verdadero autor, sino un ‘ghostwriter’, probablemente su abogado.
Más allá de la veracidad de sus alegatos, las condiciones de vida en la Supermax plantean un debate ético: el aislamiento total, la falta de actividades y el contacto humano mínimo rozan lo inhumano. El rey de la ilegalidad, que una vez se fugó por túneles y sobornó a medio mundo, ahora confía en el método más civilizado: la escritura.
