El sodio no solo está en el salero: también se esconde en productos que muchos tienen en la alacena y que no tienen gusto salado. Una nutricionista explicó cuáles son los que más conviene revisar y por qué la etiqueta que casi nadie mira cambia por completo las cuentas de la salud.
Una nutricionista advirtió que el exceso de sodio no llega solo por el salero, sino por productos que se consumen todos los días y que ni siquiera tienen gusto salado. La especialista Emilse Escalante detalló en Arriba Jujuy cuáles son los riesgos y por qué leer las etiquetas se volvió una costumbre urgente.
El sodio cumple funciones clave en el cuerpo: regula los líquidos y transmite los impulsos nerviosos. El problema aparece cuando se consume de más. Ahí crece el riesgo de hipertensión arterial y otras complicaciones cardiovasculares.
Cuánto se puede tomar por día
La Organización Mundial de la Salud recomienda que los adultos no superen los 2.000 miligramos de sodio diarios, el equivalente a unos cinco gramos de sal. Escalante aclaró que la clave no es eliminar el mineral, sino no pasarse del límite.
La profesional admitió que las necesidades cambian según la persona. Quienes hacen actividad física intensa y transpiran mucho pierden sodio y pueden requerir más. Pero eso no significa que todos deban sumar suplementos o bebidas con electrolitos.
Los alimentos que casi nadie mira
El sodio no vive solo en el salero. También está en procesados y ultraprocesados, incluso en aquellos que no tienen sabor salado. La lista que más atención exige incluye sopas instantáneas, embutidos, snacks, comidas listas para consumir y varios productos envasados.
La industria alimentaria usa sodio para mejorar el sabor. Por eso puede aparecer en cantidades importantes sin que el consumidor lo note. Escalante remarcó que la suma de pequeñas dosis a lo largo del día es la que termina rompiendo el límite recomendado.
Bebidas isotónicas: no son para todos
Las bebidas deportivas y los suplementos de electrolitos se volvieron virales en redes. Están pensados para reponer líquidos y minerales cuando hay pérdida por sudor, pero su consumo habitual no es necesario para toda la población.
La especialista mencionó que algunas de estas bebidas pueden contener alrededor de 800 miligramos de sodio por porción, una cifra alta frente al límite diario. Por eso, una persona sedentaria o con actividad física moderada no debería incorporarlas de rutina solo porque se publicitan como saludables.
Light y diet: no son sinónimos de sano
Los términos light y diet suelen confundir. Escalante explicó que un alimento light tiene reducido algún componente respecto de su versión original, pero eso no garantiza que tenga menos calorías, azúcar o sodio.
"Lo light es reducido. Ahora, ¿en qué? Entonces, una persona que es diabética va a buscar algo reducido en azúcar y una persona que es hipertensa debería buscar algo reducido en sodio", detalló la nutricionista.
Los productos diet, en cambio, tienen una composición modificada para necesidades nutricionales específicas. Un producto reducido en azúcar no necesariamente es bajo en sodio. Y lo mismo ocurre con otras modificaciones.
El envase engaña: la etiqueta no
La información nutricional es la herramienta central para elegir según lo que cada uno necesita. Escalante advirtió que el diseño de los envases, los colores y el marketing pueden hacer que un producto parezca más saludable de lo que es.
También recordó que los light o diet suelen costar más que sus versiones tradicionales, sin que eso se traduzca en un beneficio para todos.
Cómo bajar el sodio en la vida diaria
Para controlar la ingesta hay que mirar dos frentes: la sal que se agrega al cocinar y el sodio que traen los industrializados. Priorizar alimentos frescos, moderar los ultraprocesados, usar condimentos naturales y consultar la información nutricional son medidas que ayudan.
También sirve comparar productos similares y revisar las advertencias de exceso de sodio en el etiquetado frontal cuando corresponda. Escalante subrayó que la clave es saber qué se consume y adaptar las elecciones, sobre todo en personas con hipertensión u otras enfermedades que exigen controlar la ingesta.
La conclusión de la especialista es simple: una alimentación saludable no se limita a evitar la sal de mesa. También implica reconocer el sodio escondido en los productos de todos los días.