Ni hotel ni hostal: los increíbles lugares de Argentina donde podés dormir esta noche

¿Te animarías a dormir colgado de una montaña o dentro de un avión? Estos alojamientos argentinos llevan la experiencia de viaje a otro nivel. Descubrí cómo son por dentro.

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Ni hotel ni hostal: los increíbles lugares de Argentina donde podés dormir esta noche
Ni hotel ni hostal: los increíbles lugares de Argentina donde podés dormir esta noche

¿Alguna vez soñaste con despertar colgado de una montaña, dentro de un avión o en un antiguo vagón de tren? En Argentina, el alojamiento se convirtió en la verdadera experiencia de viaje, y estos cuatro destinos llevan esa idea al extremo. Desde una cápsula a 340 metros de altura hasta un Boeing 737 convertido en suite, la oferta es tan sorprendente que redefine el concepto de 'hacer las valijas'.

La forma de viajar está cambiando. Ya no alcanza con un lugar para dormir: los viajeros buscan algo más. La habitación, el entorno y la historia detrás de cada proyecto son parte del atractivo. En el país hay propuestas que nacieron de obsesiones, hobbies familiares o pura imaginación, y que hoy se posicionan como destinos en sí mismos.

¿Dormir en la montaña? Ovo Patagonia te espera

En El Chaltén, la postal perfecta del Fitz Roy se puede conseguir de una manera radical. Ovo Patagonia son cuatro cápsulas de acero y policarbonato adheridas a una pared de roca, a cientos de metros de altura. Pero el acceso ya es una aventura: se llega por una vía ferrata suspendida sobre el vacío.

Cada cápsula tiene tres niveles. Arriba, la cama matrimonial; en el medio, un living y baño seco; y abajo, una red con almohadones para mirar el paisaje. "Es un espacio diseñado para que nunca más te olvides que estuviste en el OVO, colgado de la montaña", dijo Ezequiel Ruete, uno de los responsables. Dormir acá no es solo descansar: es despertar frente a una de las vistas más impactantes de la Patagonia.

Un viaje al pasado en los vagones de Areco

En San Antonio de Areco, Arturo Figueroa rescató antiguos vagones de tren y les dio una segunda vida. Los Vagones de Areco nació como un proyecto familiar. Arturo empezó restaurando un vagón y, de a poco, sumó otros. Cada incorporación implicaba viajar, negociar y trasladar el vagón hasta el predio.

"Todo lo hizo mi viejo, desde la decoración hasta la restauración", contó Candelaria, su hija. Los vagones ahora tienen baño privado, aire acondicionado y calienta colchones. El Peña es un antiguo furgón de cola de Corrientes, y un vagón comedor que estuvo tres décadas en Devoto se convirtió en el corazón gastronómico. Los huéspedes reciben picada, vino, budines y cena en el vagón histórico, para terminar con fogón bajo las estrellas.

Un huevo de dragón en Trevelin

En Trevelin, donde los tulipanes tiñen el paisaje en primavera, hay una estructura que parece de otro mundo. Huevo de Dragón es una construcción metálica en un predio de 6.000 metros cuadrados. Fue distinguida por Airbnb como uno de los proyectos ganadores del primer fondo para alojamientos singulares.

El arquitecto Martín De Estrada lo pensó primero como atelier. Adentro hay cama para dos, mesa, cocina y baño; afuera, chapa cortada y oxidada. "Lo pensé como figura de renacimiento, de la totalidad, como un arquetipo de renacer. Después apareció lo del huevo de dragón, por la cultura galesa de Trevelin", explicó.

Dormir dentro de un avión en Córdoba

En Oncativo, a 80 kilómetros de Córdoba capital, Oscar "Pupi" Scorza convirtió tres aviones en un alojamiento único. Todo empezó cuando compró un Boeing 737 de Southern Winds en un remate. Uno es espacio para eventos, y los otros dos dieron vida a Air Damasco.

Los huéspedes duermen en antiguas cabinas con ventanillas, puertas de emergencia y hasta la cabina del piloto. Pero el interior fue modernizado: jacuzzi en el balcón, aire acondicionado, wifi y baño privado. El ingreso es por una manga similar a las de los aeropuertos, que lleva a una sala VIP con objetos de la historia de los aviones. "Es un lugar único en el mundo", aseguró Scorza.

Montaña, trenes, arquitectura fantástica o aviones. Cada propuesta tiene su encanto. Algunos buscan el paisaje, otros la historia. Pero todos coinciden en algo: pasar una noche en un lugar que jamás imaginaron como hotel.

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