Neuquén coronó a la mejor ficción federal y la historia nació dentro de un cine
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Neuquén coronó a la mejor ficción federal y la historia nació dentro de un cine

¿Qué historia contó la película que se llevó el máximo premio del festival y por qué su protagonista vive escondido dentro de un cine? La respuesta, en la nota.

El Festival Audiovisual Neuquén (FAN) cerró su quinta edición con una gala en el Museo Nacional de Bellas Artes, donde se repartieron premios entre las distintas competencias. El gran reconocimiento de la noche fue para la cordobesa La noche está marchándose ya, de Ezequiel Salinas y Ramiro Soncini, elegida Mejor Largometraje Federal de Ficción.

El film sigue a Pelu, un muchacho que tras quedarse sin su trabajo como proyectorista empieza a vivir a escondidas dentro del cine, donde consigue empleo como sereno. A través de salas, pasillos y pantallas, la película aborda la soledad, la supervivencia y los lazos que se arman con los lugares que uno habita.

Hay algo profundamente cinematográfico en ese personaje que pasó su vida detrás de una máquina de proyección y termina refugiándose en el mismo cine. Como si, cuando bajan las luces y se cierran las puertas, todavía quedara alguien dispuesto a quedarse para que las historias no se apaguen.

Música y estatuillas en una noche cargada de emoción

La ceremonia tuvo un respiro artístico con la actuación de Magdalena Vitale, cantante neuquina que le puso un clima festivo a una noche atravesada por la emoción de los reconocimientos. Después llegaron las estatuillas, las menciones y los aplausos para quienes, desde distintos puntos del país y sobre todo desde la Patagonia, encontraron en el festival un lugar para mostrar lo que hacen.

El cierre dejó además un anuncio hacia adelante: la sexta edición del FAN se hará en noviembre de 2027, después de los comicios electorales. La confirmación habla de la continuidad de un encuentro que, con cinco ediciones encima, ya se ganó un lugar propio en el mapa de festivales audiovisuales del país.

Una pantalla para las historias patagónicas

Pero el FAN no se mide solo por sus premios ni por la cantidad de películas que reúne. Su peso está en lo que significa para quienes producen cine lejos de los grandes centros de exhibición y de las estructuras tradicionales de la industria.

Durante cinco jornadas, Neuquén recibió 88 obras audiovisuales de 16 jurisdicciones argentinas, con las seis provincias patagónicas representadas en distintas competencias. Hubo largometrajes de ficción y documentales, cortometrajes, animaciones, videoclips, microrrelatos, muestras especiales, instancias de formación y espacios de intercambio. Una programación que puso en diálogo geografías, lenguajes y formas de contar muy distintas.

Para los realizadores de la región, tener una pantalla donde exhibir sus películas no es un detalle menor. Muchas producciones patagónicas tienen dificultades para llegar a los circuitos comerciales, duran poco en cartelera o directamente no alcanzan las salas. En ese contexto, el festival funciona como ventana y como punto de encuentro: permite que los trabajadores del sector audiovisual conozcan la obra de sus pares, que el público se acerque a otras formas de representación y que las historias nacidas en el territorio circulen más allá de sus lugares de origen.

Ahí hay una dimensión política y cultural. Cuando una película hecha en Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz o Tierra del Fuego encuentra una pantalla, también encuentra la chance de construir identidad, de contar sus propios conflictos y de discutir cómo se representa la Patagonia. No se trata solo de descentralizar la exhibición, sino de reconocer que el cine argentino está hecho de muchas voces y que ninguna debería quedar afuera.

En ese sentido, el FAN sostiene una tarea que excede los cinco días de programación: acompaña a realizadores, promueve la formación, genera vínculos y fortalece una comunidad audiovisual que necesita continuidad, recursos y oportunidades concretas para sacar sus proyectos adelante.

Lucrecia Martel, el momento que marcó la edición

Si hubo un acontecimiento que distinguió esta quinta edición, fue la presencia de Lucrecia Martel. Su visita había generado expectativas desde que se anunció la programación y terminó siendo uno de los momentos más significativos del festival.

La directora de La ciénaga, La niña santa, La mujer sin cabeza y Zama participó de una charla abierta en el Cine Teatro Español, moderada por la realizadora neuquina Agnese Boaretto. El encuentro con el público se dio un día después de la proyección de Nuestra tierra, su documental sobre el asesinato de Javier Chocobar, integrante de la comunidad indígena Chuschagasta de Tucumán, y las disputas territoriales que atraviesan esa historia.

Fue un encuentro excepcional, no solo por la dimensión de una directora cuya obra cambió la manera de pensar el cine argentino contemporáneo, sino por la generosidad con la que compartió reflexiones sobre su trayectoria, sus búsquedas artísticas y su forma de entender el oficio.

Por la conversación pasaron el cine, el arte, la cultura, la tecnología y las transformaciones de nuestro tiempo. También el amor, entendido como una forma de relación con los otros y con el mundo. Martel habló desde la experiencia, sin convertir la charla en una lección magistral: su pensamiento fue avanzando por asociaciones, preguntas y observaciones que invitaban a mirar más allá de las películas y a interrogar las imágenes que consumimos, producimos y compartimos.

En un contexto particularmente hostil para la cultura y para la producción cinematográfica en Argentina, su presencia permitió poner sobre la mesa una pregunta de fondo: ¿por qué seguir haciendo cine? La respuesta no apareció como consigna, sino como una convicción que atravesó todo el encuentro. Hacer películas sigue siendo una manera de observar, de pensar, de discutir el presente y de imaginar otras posibilidades. Y, sobre todo, una forma de encontrarse con los demás.

La charla les dio a estudiantes, realizadores, trabajadores audiovisuales y espectadores la oportunidad de escuchar de primera mano a una directora que construyó una obra singular, sin concesiones a las fórmulas y con una mirada profundamente personal sobre la sociedad.

En una edición que buscó fortalecer la producción regional, el diálogo con Martel tuvo un significado especial: recordó que el cine necesita libertad, riesgo, pensamiento y espacios donde las ideas puedan circular.

Formación y comunidad, más allá de las funciones

La quinta edición también incluyó actividades de formación y desarrollo. El Laboratorio Neuquino de Proyectos en Desarrollo reunió iniciativas audiovisuales de la provincia y armó un espacio de trabajo junto a profesionales de reconocida trayectoria. Las charlas con referentes de la industria, las funciones para estudiantes y las proyecciones especiales completaron una agenda pensada para acercar el cine a públicos diversos.

Porque un festival no termina cuando se apaga el proyector ni cuando se entrega la última estatuilla. Sigue en los proyectos que empiezan a gestarse después de una conversación, en los realizadores que encuentran un interlocutor, en las películas que consiguen un nuevo público y en los espectadores que descubren que esas historias también les pertenecen.

El FAN V consagró a una película cordobesa como gran ganadora, pero la celebración fue mucho más amplia. En las competencias hubo realizadores de distintas provincias, trabajos patagónicos que se llevaron reconocimientos y producciones que mostraron la diversidad de una cinematografía que resiste y busca nuevos caminos de circulación.

La próxima cita será en noviembre de 2027. Hasta entonces quedará el recuerdo de estas cinco jornadas, de las salas habitadas, de las charlas que se prolongaron después de las funciones y de aquel encuentro con Lucrecia Martel que convirtió al Cine Teatro Español en un espacio de pensamiento colectivo. En Neuquén, el cine volvió a encontrar una pantalla. Y para quienes cuentan historias desde la Patagonia, esa pantalla no es solo un lugar donde proyectar: es la posibilidad concreta de ser vistos, escuchados y reconocidos.

Todos los ganadores y menciones del FAN V

Cortometrajes Federales. Primera mención: Hablan las aves / Afwenchey Yämwethä, de Rodrigo Montani. Segunda mención: Monstruo Madre, de María Canale. Mejor Cortometraje Federal: Todos los nombres empiezan con M, de Carla Scolari.

Animaciones Breves. Primera mención: Piscina, de Abril Pereda. Segunda mención: Jugada de gol, de Tomás Ariel Marco. Mejor Animación Breve: Y si se encienden las estrellas, de Andrea Odreman y Emiliano Campos.

Videoclips Patagónicos. Primera mención: Para siempre, de Ignacio Bueno Sabathé. Mejor Videoclip Patagónico: Sensei, de Carlos Echeverría. Premio del Público: Salvando el Día, de Kiran Sharbis.

Largometrajes de Ficción. Mención especial: Hijo Mayor, de Cecilia Kang. Mejor Largometraje Federal de Ficción: La noche está marchándose ya, de Ezequiel Salinas y Ramiro Soncini.

Microrrelatos Patagónicos. Casi, de Andrés Octavio Quintana.

Cortometrajes Patagónicos. Mejor Cortometraje Patagónico: Conociendo a Cuqui Honik, de Luis Urquiza. Mención especial: Luz Mala, de David Aguilera. Mejor Montaje: El infierno de lo humano, de Marcos Montes de Oca. Mejor Actuación: Micaela Botto, por No cambié las cosas de lugar. Mejor Sonido: Inchegen Awka Liwen, de Yvana Juárez. Mejor Guión: Conociendo a Cuqui Honik, de Luis Urquiza.

Jurado Adolescente – Cortometrajes Patagónicos. Mención especial: Inchegen Awka Liwen, de Yvana Juárez. Mejor Cortometraje Patagónico: El infierno de lo humano, de Marcos Montes de Oca.

Laboratorio Neuquino de Proyectos en Desarrollo. Entrega de diplomas a los participantes, anuncio de un aporte económico del Gobierno provincial y Reconocimiento Especial a Lisandro Carcavallo, director de El infierno está encantador. Gulp 1985.

Largometrajes Documentales. Mención especial: Plata o mierda, de Toia Bonino y Marcos Joubert. Mejor Largometraje Documental: La muerte es algo que le sucede a los demás, de Ana García Blaya.

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