Nació en Río Gallegos, ganó por 111 votos y llegó a la Rosada: la historia de Kirchner a 16 años de su muerte
¿Cómo un dirigente que ganó su primera elección por apenas 111 votos en Río Gallegos terminó sentado en el sillón de Rivadavia? La historia que cumple 16 años y que Santa Cruz no olvida.
Un dirigente que se construyó en el extremo sur del país y terminó conduciendo los destinos de la Nación. Ese recorrido, el de Néstor Carlos Kirchner, cumple este martes 27 de octubre 16 años desde su fallecimiento, ocurrido en El Calafate cuando tenía 60 años, en una jornada que arrancó marcada por el Censo Nacional de 2010 y terminó como una de las fechas más recordadas de la política argentina reciente.
La mayoría de las carreras políticas nace en las grandes capitales. La de Kirchner, en cambio, se gestó en Río Gallegos: allí nació, dio sus primeros pasos en la militancia, edificó su poder territorial y desde ahí partió hacia la Casa Rosada y, más tarde, hacia la conducción de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur).
Para Santa Cruz no fue solo la muerte de un expresidente. Se fue un dirigente surgido de la política local, que gobernó la provincia durante 12 años y llegó a la máxima responsabilidad institucional del país. Su nombre quedó atado a una etapa de transformaciones profundas y a un debate que sigue abierto: qué rol ocupa el Estado, cómo se reparte el poder y de qué modo se arma un proyecto político desde el interior.
Los primeros pasos en la política local
Nació el 25 de febrero de 1950 en Río Gallegos. Hizo la primaria y la secundaria en la ciudad y después se mudó a La Plata para estudiar Derecho en la Universidad Nacional de La Plata. Allí militó en el peronismo universitario y conoció a Cristina Fernández.
Ya recibido de abogado, volvió a Santa Cruz. En una provincia con una escala política y económica muy distinta de la nacional, empezó a construir su propio espacio: primero desde la profesión y la militancia, después desde la competencia electoral.
En 1982 participó de la creación del Ateneo Teniente General Juan Domingo Perón, que funcionó como plataforma de su construcción política. Con el regreso de la democracia presidió la Caja de Previsión Social y avanzó en la organización del justicialismo santacruceño.
El 6 de septiembre de 1987 fue elegido intendente de Río Gallegos por apenas 111 votos de diferencia. Ese resultado ajustado y decisivo abrió una etapa en la que el dirigente local comenzó a consolidar una estructura política propia.
Cuatro años más tarde, en 1991, ganó la elección a gobernador de Santa Cruz. Fue reelegido en 1995 y otra vez en 1999, por lo que estuvo al frente del Ejecutivo provincial hasta 2003.
El paso por la Gobernación le permitió ampliar su influencia, tejer vínculos políticos y económicos y proyectarse más allá de los límites provinciales. Río Gallegos dejó de ser solo el escenario de su construcción: se transformó en la base desde la que organizó el salto a la política nacional.
El salto a la Casa Rosada
El 25 de mayo de 2003 asumió la Presidencia de la Nación, en un país que todavía cargaba con las consecuencias de la crisis de 2001. Había sacado el 22% de los votos en la primera vuelta y llegó al Gobierno después de que Carlos Menem desistiera de competir en el balotaje.
Su llegada al poder fue un hecho singular para Santa Cruz: por primera vez, un dirigente nacido en Río Gallegos se convertía en presidente argentino. El recorrido desde la intendencia de una capital provincial patagónica hasta la Casa Rosada cambió la dimensión de la política santacruceña y puso a la provincia en el centro de las decisiones nacionales.
En su discurso de asunción dejó una idea que resumía el horizonte de su gobierno: “Vengo a proponerles un sueño, quiero una Argentina unida, quiero una Argentina normal, quiero que seamos un país serio, pero además quiero que seamos un país más justo”.
Entre los ejes centrales de su gestión estuvieron la recuperación de la actividad económica, la renegociación de la deuda externa, la reducción del desempleo y el fortalecimiento del mercado interno. En el plano institucional impulsó cambios en la Corte Suprema de Justicia y promovió una política de derechos humanos que incluyó medidas para reabrir los procesos judiciales por los crímenes de la última dictadura.
También buscó fortalecer los vínculos con otros países de América Latina, en un escenario regional donde varios mandatarios procuraban ampliar la autonomía política y económica de sus naciones.
La Presidencia amplificó una forma de hacer política que Kirchner había desarrollado en Santa Cruz: construir poder desde el territorio, negociar, confrontar con los adversarios y poner las decisiones del Estado en el centro. Esa combinación definió tanto sus apoyos como buena parte de las controversias que rodearon su gestión.
De la Patagonia a la integración sudamericana
Su trayectoria no terminó con la salida de la Presidencia, en diciembre de 2007. En 2009 fue elegido diputado nacional y en mayo de 2010 asumió como secretario general de la Unión de Naciones Suramericanas.
La designación amplió su campo de acción: el dirigente que había arrancado su carrera en Río Gallegos pasó a cumplir una función ligada a la coordinación política entre los países sudamericanos.
En ese ámbito su figura quedó asociada a la búsqueda de consensos regionales y al esfuerzo por fortalecer los mecanismos de integración. La Unasur representaba entonces una apuesta a la cooperación entre gobiernos de América del Sur, en un contexto de diferencias ideológicas y tensiones diplomáticas.
Su recorrido político trazó así una línea que unió distintos niveles de poder: la intendencia, la Gobernación, la Presidencia y la representación regional. No fue solo una sucesión de cargos: cada etapa amplió el alcance de las decisiones que podía impulsar y el territorio en el que intervenía.
El 27 de octubre de 2010, cuando todavía ejercía esa función regional, murió en El Calafate a causa de un paro cardiorrespiratorio. Su fallecimiento interrumpió una carrera que, aun después de la Presidencia, seguía proyectándose sobre la vida institucional argentina y sudamericana. Su legado, sin embargo, sigue vigente: su nombre es evocado por millones de personas y continúa siendo una de las principales inspiraciones para los jóvenes que se acercan a la política.