Murió Eduardo Groh Riemersma, el creador del refugio El Montecito de los Canichones
El creador del refugio El Montecito de los Canichones dejó un legado que trasciende su partida. Su obra, que salvó a cientos de animales, ahora enfrenta el desafío de continuar sin su presencia.
Eduardo Groh Riemersma, conocido como “El Polaco” o Paco Groh, falleció en Bandera, su ciudad natal, dejando un legado imborrable en la protección animal. El hombre que fundó el refugio El Montecito de los Canichones dedicó su vida a rescatar perros, gatos, burros, tortugas y a todo animal que encontrara sufriendo o abandonado.
Su nombre quedó asociado a una causa que trascendió las fronteras de Santiago del Estero. Para muchos era simplemente “El Polaco”, pero para los cientos de animales que pasaron por sus manos fue mucho más: alimento, atención, protección y una nueva oportunidad.
Una revolución silenciosa
La creación de El Montecito de los Canichones no fue solo la apertura de un refugio. Fue una auténtica revolución impulsada por alguien que entendió que los animales también merecen respeto y una vida digna. En tiempos donde el abandono suele naturalizarse, Paco eligió involucrarse y actuar.
Con dedicación cotidiana, construyó un espacio de contención para seres que llegaban lastimados, desnutridos o asustados. Cada rescate implicaba gastos, cuidados veterinarios y un enorme esfuerzo personal, pero él asumía esos desafíos como parte de su misión.
Los perros, su gran amor
Los perros ocuparon un lugar central en su corazón y fueron la razón que dio identidad al refugio. Sin embargo, su sensibilidad nunca distinguió especies: rescató burros, gatos, tortugas y a cuanto animal encontró en situación de maltrato o abandono.
Su tarea no terminaba en el momento del rescate. Había que recuperar al animal, alimentarlo, atender sus heridas y ayudarlo a superar el miedo. Esa labor paciente y silenciosa fue la que caracterizó su obra, y muchos de los que llegaron sin esperanza encontraron junto a él una segunda oportunidad.
El Paco Groh que conoció Bandera
En Bandera, Paco Groh pertenecía a una familia muy reconocida, vinculada históricamente con la actividad agrícola. Era nieto de Pío Groh, recordado como uno de los históricos agricultores de la ciudad. Pero Paco escribió su propia historia, desde la sensibilidad y la defensa incansable de los animales.
Quienes lo conocieron recuerdan a un hombre de carácter, decidido y capaz de movilizarse ante el sufrimiento de un animal. Detrás del protector había una persona sensible que no podía permanecer indiferente frente a una vida desamparada.
Una obra que deberá continuar
La muerte de Paco Groh deja un profundo dolor, pero también una responsabilidad: preservar el legado que construyó. El Montecito de los Canichones es la expresión más visible de una vida dedicada a servir, y cada animal protegido forma parte de su historia.
Su partida deja una ausencia enorme entre familiares, amigos, proteccionistas y todos los que conocieron su entrega. También deja un vacío entre aquellos animales que dependían de su presencia y sus cuidados diarios.
Pero su obra permanece. Queda en cada vida que salvó, en las personas que logró concientizar y en el ejemplo de compromiso que transmitió. Paco Groh será recordado en Bandera y en toda la provincia como el hombre que convirtió su amor por los animales en una causa, demostrando que rescatar a un animal también significa salvar una parte de nuestra propia humanidad.