Murió congelado volviendo de la escuela: ahora buscan que su nombre quede para siempre en la Puna
Tenía 10 años y caminaba horas para estudiar. La comunidad de Lagunillas del Farallón quiere que la escuela lleve su nombre, pero el homenaje todavía no se concreta.
La Escuela N° 131 de Lagunillas del Farallón, a cinco horas de La Quiaca, impulsa un cambio de denominación que tiene a toda la comunidad detrás: dejar atrás el nombre de Alfonsina Storni para adoptar el de Fernando “Guillermito” Llampa, el niño de 10 años que perdió la vida el 5 de mayo de 1972 cuando volvía de clases.
La iniciativa la encabezan la directora Brenda Beatriz Encina y la profesora Belén Zerpa, con el acompañamiento del diputado Diego Cruz. La historia de Guillermito volvió a escena durante los festejos por los 75 años de la institución, celebrados en 2024. “En ese acto traje a la memoria la historia de Guillermito”, recordó Encina, y fue ahí donde surgió la posibilidad de homenajearlo de esta manera.
La propuesta creció y logró el respaldo de los vecinos. “Conseguimos la aprobación de toda la comunidad”, destacó la directora, y aclaró que no se trata de un simple trámite administrativo: el objetivo es que el nombre de la escuela se convierta en un recuerdo permanente de aquel niño.
Una escuela que sigue siendo el corazón de la zona
Hoy la Escuela N° 131 tiene 28 alumnos de nivel inicial a séptimo grado y funciona como anexo albergue, con un plantel de 11 docentes entre maestros de grado y profesores de áreas especiales.
Encina explicó que las condiciones de vida de los chicos cambiaron y ya no deben recorrer las enormes distancias que se caminaban en la época de Guillermito. Sin embargo, la escuela mantiene un rol central para las familias. “Los papás se van al campo a trabajar y los chicos se quedan en la escuela”, señaló, en una zona marcada por las distancias y el clima extremo de la Puna.
Como parte de las gestiones, las docentes mantienen reuniones con referentes que acompañan el proyecto. Encina además logró contactarse con la madre de Guillermito, que aún vive en Abra Pampa, para pedirle autorización para usar el nombre de su hijo.
El deseo de la comunidad es que, medio siglo después de aquella tragedia, Guillermito vuelva simbólicamente a la escuela, esta vez para quedarse para siempre en la memoria de los niños, docentes y familias de Lagunillas del Farallón.