Multas de hasta $17 millones por dejar basura en una de las playas más famosas de Italia
¿Se puede justificar dejar una botella o una bolsa en la arena? En esta isla del Mediterráneo, las autoridades decidieron ponerle un freno contundente: las multas por ensuciar las playas pueden alcanzar una cifra millonaria que hace que cualquiera se lo piense dos veces.
Dejar una botella, una bolsa o cualquier otro residuo en la arena puede salir carísimo en Cerdeña, la isla italiana conocida por sus aguas cristalinas. Las autoridades locales aplican multas que pueden superar los $17 millones para proteger el ecosistema de sus playas, uno de los principales atractivos turísticos del Mediterráneo.
Las sanciones varían según el tipo de residuo y la gravedad de la infracción. Los valores más altos corresponden a la basura común o residuos de mayor impacto: las multas van de 1.000 a 10.000 euros, equivalentes a entre $1.700.000 y más de $17.000.000.
En el otro extremo, dejar colillas, chicles, pañuelos o tickets en la arena puede costar entre 30 y 50 euros, es decir, entre $50.000 y $90.000.
Qué otras cosas están prohibidas en las playas de la isla
Además de arrojar basura, Cerdeña prohíbe distintas conductas que pueden afectar su patrimonio natural. Llevarse arena, piedras o conchas, una práctica habitual entre turistas, se castiga con multas de 500 a 3.000 euros.
Circular con vehículos sobre playas o dunas también está penado: las sanciones van de 100 a 1.000 euros. Y acampar fuera de las zonas habilitadas puede costar entre 100 y 250 euros.
Por qué Cerdeña aplica sanciones tan elevadas
Las playas de la isla son uno de los principales imanes turísticos de Italia, pero muchas de ellas tienen dunas, vegetación y formaciones naturales especialmente sensibles al impacto humano. Por eso, las autoridades promueven una política de tolerancia cero contra las acciones que deterioran el ambiente.
El abandono de residuos, la extracción de materiales naturales y la circulación por zonas protegidas pueden provocar daños difíciles de revertir. Las multas, en ese marco, funcionan como una herramienta para preservar el paisaje y la biodiversidad de un ecosistema costero que recibe miles de visitantes cada temporada.