Decenas de motos, máscaras de terror y un recorrido sin punto de salida fijo: la caravana que sorprendió a los tucumanos en plena Noche de los Museos. Qué dicen los que participaron y por qué los vecinos no la ven con buenos ojos.
La Noche de Brujas se cruzó otra vez con la Noche de los Museos y, en el mismo horario en que las familias recorrían los espacios culturales con chicos disfrazados, una caravana de motociclistas disfrazados se adueñó de varias calles de Tucumán. Hubo máscaras, vestimentas de terror y motos decoradas para la ocasión. La convocatoria superó ampliamente a la del año pasado.
El despliegue no pasó inadvertido. Tampoco fue indiferente para los vecinos que se toparon con el paso de las motos: en redes sociales aparecieron comentarios y quejas. Algunos cuestionaron la circulación, otros directamente no entendían para qué se hacía semejante movida. Para una parte del público fue un show llamativo; para otra, el ruido y el movimiento de tantos vehículos por las calles resultaron una molestia concreta.
Esa diferencia de miradas dejó planteada una pregunta que reaparece cada vez que hay un encuentro así: qué buscan los que participan y dónde pueden hacerlo sin chocar con el resto de la ciudad.
“No es nuestra intención asustar a la gente”
PM, una de las jóvenes que se sumó a la rodada, contó que ya había participado el año anterior, pero notó un cambio de escala. “La verdad que sí me sorprendió, porque el año pasado no hubo tantas personas y este año se sumaron muchísimas”, relató.
Para ella, la moto es una pasión compartida. “Me encantan las motos. Creo que así como hay personas a las que les gusta correr, nuestra pasión es andar en moto, divertirnos y conocer personas a las que también les guste esto”, explicó.
La joven aclaró que no hay un único grupo organizado detrás de la convocatoria. Algunos se conocen de antes, otros se encuentran en el camino y también hay quienes aparecen por primera vez. “El que quiera ir puede ir y disfrutar, siempre con precaución, usando casco y cuidándonos, porque también corremos riesgo de nuestra vida”, señaló.
Tampoco existe un punto de salida fijo ni un recorrido establecido. Según describió, los motociclistas arrancan a circular y otros se van acoplando sobre la marcha. Esa dinámica espontánea explica por qué la caravana fue creciendo hasta convertirse en una multitud.
Una práctica que cruza fronteras
Las rodadas de Halloween no son patrimonio de Tucumán. En varias ciudades de Argentina y de otros países se repiten estos encuentros, conocidos como “rodadas del terror”. En México ganaron visibilidad en los últimos años, y también hay antecedentes en Colombia, Venezuela y Ecuador, donde los motociclistas aprovechan la fecha para salir a la calle.
El fenómeno tampoco es exclusivamente latinoamericano. En 2015, más de 200 motociclistas, conductores de ciclomotores y cuatriciclos participaron de un Halloween Rideout por el sur de Londres. La convocatoria se armó por redes sociales y generó quejas por maniobras peligrosas y fuegos artificiales. En 2016 hubo una concentración similar.
Más cerca en el tiempo, el 29 de octubre de este año, en Wetzlar, Alemania, 160 motociclistas participaron de la sexta edición del Halloween Ride. En ese caso la actividad tuvo un fin solidario: estuvo vinculada a una campaña para colaborar con el refugio local de animales.
En Argentina, Rosario es una de las ciudades donde la modalidad tiene presencia. Jhonatan, otro de los participantes tucumanos, recordó que vio una rodada por primera vez allí, hace un par de años, y por eso decidió sumarse el sábado. “Somos aficionados a las motos que disfrutamos pasar el tiempo sobre una. Estos eventos son casuales, no ocurren todas las semanas. No es nuestra intención asustar a la gente ni ocasionar molestias”, resaltó.
En Posadas también hay antecedentes. En 2025, el grupo Team NS organizó la segunda edición de su Rodada del Terror, con una convocatoria que superó las 200 motos. Esa vez hubo un recorrido organizado y acompañamiento de personal municipal de Tránsito y de la Policía. Fuentes policiales de la provincia confirmaron que se hicieron controles que terminaron sin detenidos, aunque adelantaron que buscarán contactar a los organizadores para pedirles que informen con anticipación este tipo de acciones.
El pedido: un lugar propio para andar
Los participantes sostienen que una salida al conflicto sería contar con un espacio habilitado para reunirse y practicar. PM planteó que ese es justamente uno de los motivos por los que buscan visibilizar la actividad. “No somos delincuentes. Lo único que queremos es que nos escuchen y nos puedan brindar un lugar para andar, para expresarnos libremente y divertirnos”, dijo.
La joven describió que algunos hacen piruetas con sus motos, mientras que otros participan solo para compartir el encuentro, decorar sus vehículos o conocer a otros aficionados. Jhonatan coincidió: “Si tuviésemos un espacio propio, algo como una calle, podríamos tener más libertad”, consideró.
La propuesta, sin embargo, convive con el reclamo de vecinos y peatones que cuestionan el uso de las calles para este tipo de encuentros. La cantidad de vehículos, el ruido de los motores y las maniobras de algunos motociclistas alimentan las críticas. El desafío, entonces, es encontrar una alternativa que permita canalizar la afición sin trasladar los costos de la actividad al resto de quienes circulan por la ciudad.
Entre disfraces, motores y una convocatoria que creció respecto del año pasado, la rodada dejó una postal distinta de Halloween en Tucumán. Para sus participantes fue una chance de compartir una pasión que va más allá de una fecha del calendario. Para quienes la vieron pasar desde la vereda, en cambio, el despliegue abrió interrogantes sobre sus objetivos y sus límites. Dos miradas que discuten la posibilidad de encontrar un espacio para una actividad que, según sus protagonistas, llegó para quedarse.