Milei prometió que bajaba, pero el riesgo país se disparó 33,5% en un mes

Mientras Milei prometía en Washington que el riesgo país seguiría bajando, el indicador de JP Morgan se disparaba 33,5% en un mes. ¿Qué hay detrás de la escalada que complica la estrategia financiera del Gobierno?

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Milei prometió que bajaba, pero el riesgo país se disparó 33,5% en un mes
Milei prometió que bajaba, pero el riesgo país se disparó 33,5% en un mes

El riesgo país trepó 33,5% en apenas un mes y dejó al descubierto las dificultades del Gobierno para recuperar el acceso al crédito internacional. El indicador que elabora JP Morgan cerró este viernes en 641 puntos básicos, cuando hace un mes operaba en 480. La escalada se produjo justo mientras el presidente Javier Milei afirmaba en Washington que la medición seguía bajando y prometía que perforaría los 100 puntos en 2027.

La suba del costo crediticio vuelve a poner en evidencia los obstáculos que enfrenta la administración libertaria para afrontar los vencimientos de deuda. El cruce entre las variables internacionales y las condiciones económicas locales configura un panorama complejo.

Qué mide el riesgo país y por qué importa

El indicador de JP Morgan surge de la diferencia entre los rendimientos de los bonos soberanos argentinos y los títulos del Tesoro de Estados Unidos. Esa brecha expresa el riesgo adicional que los inversores le atribuyen a la deuda argentina y se mide en puntos básicos. No equivale directamente a una tasa de interés que el Gobierno vaya a pagar en cualquier operación, pero su evolución permite ver si las condiciones para conseguir dólares en los mercados internacionales mejoran o empeoran.

Para la Argentina la cuestión es central: necesita divisas para afrontar vencimientos de capital e intereses, fortalecer las reservas y evitar que las obligaciones externas generen nuevas presiones sobre el mercado cambiario. Una reducción sostenida del riesgo país abriría la puerta a emitir deuda en condiciones más favorables; un aumento prolongado restringe esas alternativas y obliga a buscar recursos por otras vías.

El problema de fondo es que la estrategia de normalización financiera requiere, como advierte el propio Fondo Monetario Internacional, algo más que mantener el equilibrio de las cuentas públicas. También necesita que los inversores estén dispuestos a financiar al Estado a tasas compatibles con su capacidad de pago. Eso depende de las perspectivas de crecimiento, la disponibilidad de dólares, la estabilidad cambiaria y las expectativas sobre la continuidad de la política económica.

El contraste con Washington

Durante su visita a Washington, Milei sostuvo ante empresarios y representantes de la Cámara de Comercio estadounidense que el riesgo país seguía cayendo y prometió que se ubicaría por debajo de los 100 puntos durante 2027. Sin embargo, mientras pronunciaba su discurso, el indicador superó los 640 puntos básicos, en una trayectoria que contrastó con el mensaje presidencial.

El 2 de octubre, el indicador había alcanzado los 650 puntos, su valor más alto del año. En aquella oportunidad, Milei atribuyó el movimiento a las turbulencias internacionales y sostuvo que, si resultaba reelegido en 2027, el riesgo país se desplomaría. El 14 de octubre, la medición avanzó un 0,8% y llegó a los 602 puntos básicos, después de siete jornadas consecutivas por debajo del umbral de los 600 puntos.

El contexto internacional que presiona

La inflación estadounidense se aceleró durante septiembre y alcanzó una variación interanual del 3,7%, frente al 3,4% de agosto, mientras que el incremento mensual llegó al 0,6%, según la Oficina de Estadísticas Laborales de ese país.

El encarecimiento de la energía tuvo una incidencia destacada. La gasolina registró una suba mensual del 9,1% y un aumento interanual del 34,2%, en un escenario atravesado por las tensiones geopolíticas y sus efectos sobre el mercado petrolero. También se aceleraron los precios de la vivienda, con una variación mensual del 0,4%, frente al 0,3% del mes anterior.

La evolución de los precios condiciona las decisiones de la Reserva Federal, que debe definir si mantiene las tasas en niveles elevados durante más tiempo o si vuelve a incrementarlas para contener la inflación. Cuando los rendimientos de los activos estadounidenses aumentan, los inversores encuentran mayores incentivos para colocar sus fondos en instrumentos considerados más seguros y pueden exigir una rentabilidad superior para asumir el riesgo de países emergentes.

Ese mecanismo golpea especialmente a economías que necesitan captar dólares y todavía enfrentan dificultades para acceder al financiamiento voluntario en condiciones sostenibles. Si el crédito internacional se encarece, los títulos argentinos deben competir con alternativas que ofrecen una rentabilidad más atractiva y una percepción de riesgo menor.

El impacto sobre las cuentas públicas

El efecto más importante de una suba persistente del riesgo país aparece cuando el Tesoro necesita refinanciar deuda o emitir nuevos títulos para afrontar obligaciones futuras. Si el mercado exige rendimientos elevados, el Gobierno puede considerar inconveniente salir a colocar bonos, ya que aceptar esas condiciones aumentaría el costo de la deuda y comprometería recursos fiscales durante los años siguientes.

La administración libertaria sostiene que el equilibrio fiscal y las reformas estructurales permitirán recuperar la confianza y generar las condiciones para un crecimiento sostenido. Sin embargo, la evolución del riesgo país muestra que ese objetivo también está sujeto a factores que el Gobierno no controla directamente y a variables domésticas que no se reducen al resultado de las cuentas públicas.

Empleo, inversión y financiamiento

Mientras Milei afirmó en Washington que la Argentina no tiene un problema de empleo, sino un cambio en su composición, el secretario de Trabajo, Julio Cordero, había reconocido que el crecimiento de la informalidad representaba una preocupación. A su vez, los registros del Sistema Integrado Previsional Argentino indicaron una pérdida de 9.085 puestos de trabajo asalariados durante julio, mientras que el empleo privado acumulaba catorce meses consecutivos de caída.

Esos datos no determinan por sí solos el comportamiento de los bonos, pero forman parte del panorama que evalúan los inversores cuando analizan las perspectivas de crecimiento y la capacidad futura de pago. Una economía con dificultades para generar empleo formal y ampliar su producción puede encontrar mayores obstáculos para consolidar los ingresos y las divisas necesarios para cumplir sus compromisos externos.

El propio Presidente admitió el 2 de octubre que el aumento del riesgo país estaba afectando su nivel debido al encarecimiento de la tasa de interés. El vínculo es relevante porque el costo del financiamiento influye sobre las decisiones de las empresas, la evaluación de nuevos proyectos y la posibilidad de ampliar la capacidad productiva. Si la incertidumbre financiera persiste, el encarecimiento del crédito puede dificultar la recuperación de la inversión que el programa económico necesita para sostener el crecimiento más allá de la estabilización inicial. La mejora de las variables fiscales, por sí sola, no garantiza que aparezcan proyectos productivos ni que el financiamiento llegue en condiciones accesibles a todos los sectores de la economía.

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