Milei defiende el empleo informal: cuánto menos cobra un trabajador no registrado

¿Cuánto menos cobra un trabajador en negro comparado con uno registrado? La cifra es escalofriante, y no es lo único que se pierde.

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Milei defiende el empleo informal: cuánto menos cobra un trabajador no registrado
Milei defiende el empleo informal: cuánto menos cobra un trabajador no registrado

El presidente Javier Milei volvió a defender el crecimiento del trabajo no registrado y apuntó contra los consultores que, según él, miran sólo una parte del mercado laboral. “Sólo muestran el empleo formal, como si el empleo informal no fuera empleo”, disparó el mandatario, que también salió al cruce de quienes cuestionan la calidad de esos puestos: “Dicen que no es empleo de calidad. Lo que no es de calidad es robar. Trabajar está bien”.

Sus declaraciones reabrieron un debate que no es nuevo, pero que en un contexto de salarios golpeados y búsqueda de trabajo cada vez más difícil, tiene otra relevancia. Porque si bien cualquier trabajo es mejor que no tener ingreso, no todos los empleos ofrecen lo mismo. Y ahí aparece la pregunta incómoda: ¿conviene festejar la informalidad como una victoria?

La diferencia que se siente en el bolsillo

Los números, al menos, son contundentes. Para 2025, la remuneración promedio bruta de los asalariados privados registrados se estimó en $2.282.905, mientras que un trabajador no registrado apenas alcanzaría los $556.783. Son más de cuatro veces de diferencia. Incluso considerando que las mediciones se hacen con metodologías distintas, la brecha no admite discusión.

Pero la distancia no termina en el sueldo. El empleo formal garantiza aguinaldo y vacaciones pagas; el informal, directamente puede no tenerlos. Tampoco hay obra social ni aportes para la jubilación. Quien trabaja en negro hoy, no sólo cobra menos: también queda afuera de la protección para el día de mañana y de la cobertura de salud ligada al trabajo.

Qué se pierde cuando no hay registro

La lista de derechos que se esfuman en la informalidad es larga. Sin relación registrada, no hay respaldo frente a un accidente laboral ni licencias por cuestiones familiares o de salud. Tampoco hay representación sindical ni negociación colectiva: en la Argentina, buena parte de los salarios formales se definen por convenio, algo impensado para quien está fuera del sistema.

La Constitución Nacional reconoce condiciones dignas de trabajo, descanso y vacaciones pagas, pero esos derechos necesitan un marco legal que los haga efectivos. La ley define cuándo una relación laboral está registrada y establece los mecanismos para formalizarla. Sin eso, el trabajador queda en una zona de fragilidad total.

El costo oculto de la informalidad

Hay otro costo que no siempre se ve: la pobreza laboral. Presentar el crecimiento del empleo no registrado como una mejora en sí misma implica ignorar que no alcanza con contabilizar cuánta gente trabaja. Importa cuánto cobra, con qué derechos y con qué protección.

El debate, entonces, no debería reducirse a elegir entre desempleo e informalidad. La cuestión de fondo es qué tipo de empleo se genera. Un puesto registrado puede ofrecer salario, salud, aportes jubilatorios, vacaciones, aguinaldo y representación sindical. La informalidad, por definición, deja al trabajador afuera de casi toda esa estructura.

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