Mil kilos de queso argentino aterrizaron en Dubái: la apuesta de una pyme cordobesa que ya piensa en el siguiente destino

Un pallet de 1000 kilos de mozzarella y provoleta sin lactosa viajó por avión desde Villa María hasta Dubái. La apuesta de una pyme familiar que ya exporta a China, Perú y Brasil, y que ahora quiere meterse en la alta cocina de Medio Oriente.

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Mil kilos de queso argentino aterrizaron en Dubái: la apuesta de una pyme cordobesa que ya piensa en el siguiente destino
Mil kilos de queso argentino aterrizaron en Dubái: la apuesta de una pyme cordobesa que ya piensa en el siguiente destino

Lácteos Capilla del Señor, una empresa familiar de Villa María, concretó su primer envío de mozzarella y provoleta sin lactosa a Emiratos Árabes Unidos. La partida, de 1000 kilos, viajó por avión y busca instalarse en el segmento premium y la alta cocina de Dubái.

La operación se concretó el viernes pasado y consistió en un pallet completo con mozzarella y provolone hilado —conocido como provoleta— sin lactosa, elaborados bajo la marca Lombarde. La firma exporta desde 2007, pero esta es la primera vez que coloca productos con valor agregado en Medio Oriente.

El envío tiene un objetivo claro: evaluar cómo llega el producto y cómo lo reciben los potenciales clientes. Si la experiencia resulta favorable, la empresa proyecta escalar en volumen y pasar a despachos en contenedores.

Un mercado exigente

El destino principal será el segmento premium y la alta cocina de Dubái. Para la pyme cordobesa, entrar en ese nicho representa un desafío particular por la fuerte presencia y el reconocimiento que tienen los quesos europeos.

“Cuando quieren comprar un producto de calidad, lo primero que miran son los productos europeos. Quieren comprar la mozzarella de Italia, el queso azul de Francia o el camembert de Francia. La verdad que es un desafío muy grande ir a ese nicho de negocio”, explicó Álvaro Ugartemendía, dueño de la firma.

La empresa busca diferenciarse con una línea de quesos sin lactosa desarrollada junto al Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI). Según el empresario, el proceso permite obtener el producto sin incorporar la enzima que habitualmente se agrega a otros alimentos para degradar la lactosa.

“Todo ese agregado de valor, esa innovación que hemos hecho con INTI, para una pyme tiene un valor demostrable”, señaló Ugartemendía. Entre 2025 y 2026 la compañía ya superó las 600 toneladas exportadas de productos sin lactosa, principalmente hacia Perú, Brasil y Paraguay, a los que ahora se suma Emiratos Árabes Unidos.

Una historia de exportación

La empresa comenzó a exportar en 2007 y desde entonces fue sumando mercados. En 2011 se convirtió en la primera firma argentina en enviar queso a China, según recordó su dueño. Después llegaron ventas a Corea, Rusia, Colombia, Venezuela y Chile. Ahora, con este primer envío de mozzarella y provoleta sin lactosa, incorporó a Dubái como nuevo destino.

El próximo objetivo es Vietnam. Desde hace varios años trabajan para ingresar a ese mercado y recientemente enviaron productos para una degustación de alimentos argentinos en ese país.

“Estos destinos tan lejos llevan su tiempo. Hay que generar la confianza para que nosotros podamos ocupar un espacio”, indicó Ugartemendía.

De la lechería familiar a la industria

Detrás de la empresa hay una historia familiar vinculada con la producción de leche. Ugartemendía es tercera generación de productores lecheros y primera generación dedicada a la industria. La fábrica surgió como una manera de transformar la materia prima producida por la familia.

“Nace para generar valor a la leche. Soy un productor que, en vez de protestar, puse una industria para generar valor a la leche”, recordó. Desde el comienzo, agregó, la mirada estuvo dirigida al exterior: “Siempre pensamos que el desarrollo de la lechería iba a estar en el canal exportador”.

La provoleta que ahora viaja hacia Dubái tiene además un significado particular para la familia. Ugartemendía recordó que su abuelo entregaba leche a Natalio Alba, creador de la provoleta, y que el campo familiar estaba ubicado junto al establecimiento de Alba. Esa cercanía hizo que los quesos para la parrilla estuvieran presentes desde los comienzos de la empresa.

“Nunca dejamos de hacer parrilleros, la provoleta. Y que ahora podamos tener esa provoleta en Dubái, la verdad que me hace acordar todo para atrás”, expresó.

Sin jefes ni supervisores

Capilla del Señor también tiene una característica particular en su organización interna. Desde 2018 funciona sin gerentes, jefes ni supervisores, un modelo que se mantuvo y evolucionó con los años. La propuesta fue dejar de lado una estructura basada en órdenes y avanzar hacia un esquema en el que cada integrante del equipo se hace responsable de su actividad.

El cambio no fue inmediato. Durante el primer año atravesaron dificultades y dudas, y debieron trabajar en una transformación de la cultura interna de la compañía. Para avanzar con ese esquema, la empresa realizó capacitaciones y trabajó sobre tres ejes: la familia, el conocimiento y la propia compañía.

Entre otras medidas, los trabajadores pueden retirarse ante una necesidad familiar sin sufrir un perjuicio económico y quienes quieren estudiar pueden adaptar sus horarios laborales para hacerlo. Ugartemendía explicó que el sistema se sostiene sobre la confianza, los consensos y la responsabilidad de cada integrante.

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