Mendoza tiene el mismo flagelo que el conurbano: la cifra que duele

El Gran Mendoza tiene 395.000 pobres y la mitad de su población activa busca trabajo. La comparación con el conurbano bonaerense expone una realidad que no se ve en los noticieros. ¿Qué pasa con los que ya tienen empleo?

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Mendoza tiene el mismo flagelo que el conurbano: la cifra que duele
Mendoza tiene el mismo flagelo que el conurbano: la cifra que duele

El Gran Mendoza alcanzó un 36,9% de pobreza, exactamente la misma proporción que el conurbano bonaerense. Son 395.000 personas pobres, de las cuales 78.000 son indigentes, según el último informe del Indec. La comparación con el Gran Buenos Aires permite dimensionar un problema que crece al ritmo de la economía provincial.

El conurbano bonaerense suele aparecer en los noticieros como símbolo de la desigualdad argentina. Pero los números del Gran Mendoza muestran una realidad paralela: misma proporción de habitantes pobres, desempleo muy cercano y una búsqueda de trabajo que también se extiende entre quienes ya tienen una ocupación.

La cifra de indigencia también es contundente: 78.000 mendocinos no pueden cubrir una canasta básica de alimentos. Equivale a casi dos estadios Malvinas Argentinas llenos de personas en esa situación.

El trabajo, una salida que no alcanza

En una Población Económicamente Activa (PEA) de 539.000 personas en el Gran Mendoza, el Indec registró 44.000 desocupados, 127.000 ocupados que buscan otro empleo y 92.000 subocupados, que trabajan menos horas de las que necesitan. En total, la mitad de la población económicamente activa busca trabajo y no lo consigue.

La pregunta que surge es dónde encontrarán empleo esas personas si la economía mendocina muestra dificultades para seguir el ritmo de otras provincias.

Mendoza pierde peso en la economía nacional

La participación de Mendoza en el PBI nacional pasó de casi el 4% en 2004 al 3,3% en 2021. La provincia redujo su aporte relativo a la producción de bienes y servicios del país.

En 2025, las exportaciones mendocinas sumaron US$1.538 millones y cayeron un 4% respecto del año anterior, según el Consejo Empresario Mendocino. Mendoza quedó novena en el ranking nacional y bajó al puesto 17 cuando se mide cuánto exporta por habitante. Su participación en las ventas argentinas al exterior fue de apenas el 1,8%, por debajo del promedio del 2,2% de la última década.

Mientras tanto, Neuquén llegó al cuarto puesto entre las provincias exportadoras: avanzó quince lugares desde 2015. El petróleo modificó su escala económica. Mendoza, aunque con una estructura productiva más diversificada, sigue buscando un motor capaz de darle un impulso semejante.

Los sectores tradicionales, en jaque

En el agro, hasta en el mejor de los casos —una cosecha mayor— los precios pueden no compensar los costos. Eso ocurrió con la uva en 2025: aumentó la producción, pero cayó el ingreso real de los productores. Para quien sostiene una finca, producir más tampoco garantiza ganar más.

El vino, que durante generaciones dio trabajo y sostuvo pueblos enteros, enfrenta un mundo que toma cada vez menos. La caída del consumo se prolonga desde hace años, empujada principalmente por cambios de hábitos. En Mendoza no aparece una salida clara para los productores que tienen sus tierras, sus inversiones y su sustento atados a la viña: cómo reconvertirse, qué producir y con qué recursos hacerlo. El futuro de esas fincas también es el de los trabajadores y los pueblos que dependen de ellas.

En el petróleo, la distancia con Neuquén resulta todavía más visible. Más allá de que comparten la reserva de Vaca Muerta, en Mendoza la producción sigue cayendo (un 8,4% durante el primer semestre de 2026), mientras al sur del Río Colorado creció casi un 33%. La cuenca cuyana sigue perdiendo producción y el desarrollo mendocino del no convencional permanece en una etapa inicial, con perforaciones e inversiones que todavía deben demostrar qué escala pueden alcanzar.

Minería: expectativas y realidades

La minería aparece como la gran apuesta hacia adelante. San Jorge es el proyecto más concreto, pero conviene poner sus expectativas laborales junto a las dimensiones del problema social. La documentación técnica prevé hasta 1.200 empleos directos durante la construcción y unos 380 durante la operación, que podrían acercarse a 700 al incorporar contratistas y proveedores. Son puestos relevantes, aunque la mayor demanda de trabajadores corresponde a una etapa transitoria: levantar la mina.

Malargüe tiene otro calendario. Ya hay exploración —El Perdido inició perforaciones en enero de 2026 y Cerro Amarillo también ha desarrollado trabajos—, pero entre encontrar indicios de mineral y poner una explotación en marcha quedan estudios, resultados, financiamiento y años de desarrollo. Los proyectos abren posibilidades; todavía no ofrecen una respuesta laboral de la magnitud que necesita Mendoza.

La precariedad que ya existe

Mientras Mendoza espera un motor de desarrollo que genere trabajo, otro dato permite dimensionar la precariedad existente: hay 360 barrios populares, donde viven unas 26.000 familias en la precariedad absoluta, según los últimos datos del ReNaBaP. Las villas y los asentamientos también están acá nomás. En Mendoza se cuentan por cientos.

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