Mendoza busca familias para 264 chicos y el 87% de los aspirantes pide algo que no existe

264 chicos con sentencia firme esperan una familia en Mendoza, mientras el 87% de los aspirantes pide un bebé. Un referente que adoptó a dos hermanas cuenta qué hay detrás de esa contradicción.

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Mendoza busca familias para 264 chicos y el 87% de los aspirantes pide algo que no existe
Mendoza busca familias para 264 chicos y el 87% de los aspirantes pide algo que no existe

La adopción en Mendoza vive un momento bisagra. Mientras el Gobierno provincial empuja una reforma del Código Procesal de Familia para acelerar los trámites, 264 niños, niñas y adolescentes con sentencia firme de adoptabilidad siguen esperando una familia. La cifra la puso sobre la mesa Antonio Romeo, militante social y referente de la temática, durante una entrevista en Café 617.

Romeo lleva dos décadas trabajando para visibilizar las dificultades que atraviesan tanto los chicos como los adultos que quieren adoptar. Su vínculo con el tema arrancó en 2005, cuando junto a su esposa, Elina, se inscribió en el registro de aspirantes y descubrió que quienes transitaban ese camino estaban prácticamente solos y con muy poca información.

Desde entonces, la pareja armó una tarea de acompañamiento y difusión que, según contó, también sirvió para impulsar cambios en el sistema mendocino.

De la espera eterna a un trámite más ágil

Uno de los avances que más destacó Romeo fue la modificación del mecanismo de inscripción. Antes, una persona podía anotarse y esperar tres o cuatro años hasta que la convocaran para una evaluación. Hoy el proceso arranca con la inscripción, sigue con capacitaciones y entrevistas, y recién después los postulantes quedan incorporados a la lista.

Otro paso que mencionó fue la digitalización de los expedientes tutelares y adoptivos. Para Romeo, esa herramienta permite preservar la información sobre el origen de los chicos y facilita el acceso a esos datos en el futuro. El derecho a conocer la identidad y el origen biológico, sostuvo, es uno de los aspectos centrales de cualquier proceso de adopción.

El mito del bebé y una realidad que no cierra

Según el referente, el obstáculo no está solo en la burocracia estatal. También pesan los mitos y temores que persisten en la sociedad. El más instalado es la idea de que adoptar implica necesariamente recibir a un bebé.

Romeo fue tajante: la mayoría de los aspirantes busca niños pequeños, pero buena parte de quienes esperan una familia son mayores de cinco años o adolescentes. "Si vos decís ‘yo quiero bebé’, el 87% en la República Argentina y en Mendoza quieren bebé. Y no hay bebé", afirmó durante la entrevista.

Por eso planteó la necesidad de ampliar la mirada: también se puede construir una familia con niños más grandes, adolescentes, grupos de hermanos o chicos con alguna discapacidad. Su propia historia es un ejemplo. Junto a Elina adoptaron a dos hermanas, una nena de cinco años y una adolescente de 14. Con el tiempo la familia creció, llegaron las parejas y los nietos, y esa convivencia terminó derribando los prejuicios que él mismo había escuchado sobre adoptar adolescentes. "Somos una familia normal", resumió.

La reforma que pone al niño en el centro

En ese contexto, el Gobierno de Mendoza anunció una reforma del Código Procesal de Familia para agilizar los procesos y dar respuesta a las convocatorias públicas que todavía no encontraron una familia. Romeo respaldó la iniciativa y consideró que se adapta a la realidad actual.

El punto que más destacó es la posibilidad de que los referentes afectivos que ya acompañan a niños, niñas y adolescentes puedan ser evaluados como eventuales adoptantes. La propuesta contempla a personas vinculadas a los chicos a través de programas oficiales, como familias de acogimiento, padrinos o voluntarios.

"Es el tiempo del niño, no del adulto", enfatizó Romeo para explicar el cambio de paradigma que, a su entender, deben atravesar las políticas de adopción. La lógica apunta a que, cuando se hayan agotado todas las instancias de búsqueda de una familia adoptiva, pueda evaluarse a quienes ya tienen un vínculo establecido con ese chico, siempre con la evaluación correspondiente y la intervención del juzgado de familia.

El vínculo como punto de partida

Para Romeo, la posibilidad de que un referente afectivo se convierta en familia adoptiva busca darle un marco jurídico a vínculos que ya existen. "No es satisfacer la necesidad de un adulto de adoptar un chico, sino que el chico tenga el derecho a crecer en una familia", explicó.

Eso sí: aclaró que no todos los padrinos, voluntarios o integrantes de familias de acogimiento tendrán el perfil para adoptar. Pero sí podrán ser evaluados y, eventualmente, seguir acompañando al niño desde el lugar que corresponda.

La voz del propio chico también aparece como un elemento fundamental. Romeo recordó su experiencia: las dos hermanas que finalmente formaron parte de su familia fueron entrevistadas antes de que se concretara el proceso. "Si ellas no quieren, no las vamos a obligar", recordó que plantearon junto a Elina. Las nenas finalmente aceptaron y la familia empezó una nueva etapa.

Hermanos que no quieren separarse

Otro de los grandes desafíos del sistema son los grupos de hermanos. Romeo advirtió sobre la importancia de preservar esos vínculos y recordó experiencias en las que varias familias aceptaron adoptar a distintos integrantes de un mismo grupo con el compromiso de mantener el contacto.

En uno de los casos que relató, seis hermanos fueron distribuidos entre dos familias que asumieron ese compromiso. Años después, ambas siguen relacionadas. Para Romeo, este tipo de experiencias demuestran que existen alternativas cuando los adultos están dispuestos a ampliar su mirada sobre la adopción.

Una deuda que llega hasta el trabajo

El referente también señaló obstáculos fuera del sistema judicial. Uno de ellos es la licencia por adopción para trabajadores del sector privado, un problema que, según explicó, requiere una modificación de alcance nacional.

Hoy, contó, quienes adoptan pueden encontrarse con dificultades para acceder a una licencia y, en algunos casos, deben recurrir a acciones judiciales o incluso dejar sus empleos para acompañar la construcción del vínculo. Para Romeo, esa situación también debería formar parte de una política integral de adopción.

Una espera que no puede ser indefinida

La cifra de 264 niños, niñas y adolescentes con sentencia firme de adoptabilidad resume el desafío que enfrenta Mendoza. Son chicos que, según Romeo, ya atravesaron distintas instancias de búsqueda de una familia y siguen esperando una respuesta.

Por eso insistió en que quienes estén pensando en adoptar se informen, se capaciten y se apoyen en profesionales y en sus propias redes. La adopción, sostuvo, no puede pensarse como la respuesta a la necesidad de un adulto de tener un hijo, sino como la posibilidad de garantizarle a un niño el derecho a crecer en un entorno familiar. "Estás adoptando una persona. Estás rearmando tu vida también como adulto", planteó.

El desafío, entonces, no pasa solo por agilizar expedientes o modificar leyes. También implica romper prejuicios, ampliar las posibilidades y poner en el centro el derecho de cada chico a tener una familia y a construir su propia historia.

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