Máscaras en 3D, cartas de Japón y Naruto: el fenómeno que creció un 1000% en Jujuy
El encuentro que mezcla lo jujeño con lo japonés y lo coreano ya tiene a emprendedores viviendo del anime: máscaras en 3D, cartas originales de Japón y trajes pintados a mano. Lo que se mueve detrás de cada stand te va a sorprender.
Pachamanga, el encuentro que fusiona la cultura jujeña con la japonesa y la coreana, sopló su primera velita en el barrio Mariano Moreno y dejó a la vista un negocio que crece al ritmo del anime y el K-pop. Detrás de los cosplays y las coreografías hay emprendedores que viven de fabricar máscaras en 3D, pines, cartas importadas y remeras de anime.
El nombre no es casual. "Pacha viene de Pachamama, haciendo referencia a la tierra, y manga hace referencia al cómic japonés", contó Pablo Romero, uno de los organizadores, en diálogo con Carlin y la Gente. Aunque la etiqueta apunta a Japón, el encuentro también abraza la cultura coreana, y la idea es sumar a China en las próximas ediciones.
Consultado sobre cuánto creció esta movida en la provincia, Romero no dudó: "Yo diría un 1000%". Para él, el fenómeno se apalancó en dos fuerzas que se potenciaron: el anime por un lado y el K-pop por el otro. "Empezó como un nicho muy chiquitito de un grupo reducido y conforme pasaron los años se hizo muy masivo", sostuvo.
Un aniversario a puro cosplay, baile y doblaje
La escala del festejo lo dice todo. Hubo exhibiciones de academias de K-pop, Random Dance, presentaciones de dúo, pasarela, concurso de cosplay y juegos con premios. La organización además gestionó la visita de la actriz de doblaje que le pone la voz a Naruto, uno de los animes más populares: llegó desde México gracias a un intercambio con un evento de Buenos Aires.
El público ya no se limita a la capital jujeña. Los expositores cuentan que llegan visitantes de San Pedro, Palpalá, Abra Pampa y Ledesma. Y remarcan otra clave: la entrada es gratuita. "Siempre vienen muchas familias, se une mucha gente, se crean muchas comunidades", destacó uno de los organizadores.
Los que viven del anime
Detrás de cada stand hay un emprendimiento que creció a la par de la movida. Luis fabrica máscaras de personajes de anime con impresión 3D y cada pieza le lleva entre 7 y 9 horas de trabajo. "Ya se empiezan a preparar ahora los chicos para Halloween", cuenta. Su público es mayormente adolescente y adulto.
Pablo arrancó con una impresora y hoy ya tiene dos y una plancha. Lo que más vende son los pines, porque es lo más económico, pero también hace pósters y "peluches de apego": todo lo produce él, salvo las figuras de colección. Además de las convenciones, se lo puede encontrar en el Club de Emprendedores del Parque San Martín.
Otros apuestan a la importación. Eduardo vende cartas coleccionables de anime, algunas originales de Japón, y pósters de grupos de K-pop. Según él, hoy los más pedidos son Stray Kids y BTS. Dos hermanos, en tanto, armaron la primera comunidad local del juego de cartas de Pokémon, que este año cumple 30 años.
Bailar, coserse el traje y salir de casa
El K-pop también generó su propio circuito de formación. Adriel, profesor de una academia de baile, empezó a dar clases hace ocho años, cuando el género todavía era un misterio para la mayoría. "Ocho años atrás no tiene nada que ver con lo que es ahora", asegura. En sus clases se trabaja coreografía, coordinación, actuación, vestuario y la historia de la cultura coreana. En el aniversario también se presentaron las academias Olimpo y Dance Beat.
El cosplay suma su propia economía de horas. Mario representó a Tomioka, uno de los "pilares" de Demon Slayer, con un traje que pintó a mano. Comprar el hakama le costaba unos $40.000, así que prefirió hacerlo él: le llevó dos semanas de pintura textil.
La mezcla llegó incluso a la cocina. Nicolás, "Pocho", preparaba gyozas de cerdo con aceite de sésamo, vinagre de arroz y salsa de ostras: "la versión de empanada japonesa". Para él, los chicos de esta generación "se abren mucho más a probar comidas de otros lados".
Para los organizadores, el objetivo va más allá del entretenimiento. Buscan que los chicos "vengan con sus amigos, que no estén cerrados pensando en otras cosas". Y la convocatoria cruza generaciones: hay padres que acompañan a sus hijos y vuelven a la infancia con Dragon Ball y Pokémon. También hay mamás que, como una de las asistentes, prefieren acompañar la pasión de sus hijas con control parental en el celular.