Jorge Ibáñez recorre las calles de San Juan y detecta un comportamiento que crece al volante. No es el alcohol ni la velocidad: es algo que muchos hacen sin darse cuenta y que, según él, explica buena parte de los choques.
El alcohol, la velocidad y el celular aparecen siempre en la lista de sospechosos cuando se habla de siniestros viales. Pero hay un comportamiento menos visible que, según un especialista sanjuanino, gana cada vez más terreno en las calles de la provincia: el "egoísmo vial".
Jorge Ibáñez, especialista en seguridad y educación vial, lo define como la combinación de desconocer las normas —o directamente elegir ignorarlas— y la intención de imponerse sobre el resto de los conductores.
"Hay un egoísmo vial muy grande. Me refiero a que, al ser egoísta, no soy empático con la otra persona. Soy dueño de la calle y, según el tipo de vehículo que tenga, me impongo", explicó Ibáñez en diálogo con DIARIO DE CUYO.
El diagnóstico no cae en el vacío. Las cifras que maneja la Policía de San Juan muestran una tendencia inquietante: aunque la cantidad de accidentes bajó, la gravedad de los mismos creció. El director del D7, comisario mayor Ricardo Díaz, informó que ya son 70 las personas fallecidas en siniestros viales en lo que va de 2026, un número que supera al de años anteriores.
La "guerra campal" entre vehículos de distinto porte
Para Ibáñez, el egoísmo al volante se traduce en maniobras imprudentes de quienes intentan ganar tiempo, pero también en los roces que se generan entre vehículos de tamaños muy diferentes. El especialista habló de una suerte de "guerra campal" entre los rodados de gran porte y los más chicos, un escenario donde la convivencia vial queda en segundo plano.
A eso se suma el contexto personal y económico de cada conductor. Las preocupaciones cotidianas —las deudas, la familia, el trabajo, las obligaciones— también condicionan la forma de manejar.
"Esas son condiciones que a la hora de manejar no dejamos de lado. No dejamos los problemas, sino que los traemos y los llevamos a todos lados. Todo ese caos va detrás del volante", señaló Ibáñez.
Según su análisis, la gente termina conduciendo con la cabeza ocupada en otras cuestiones, lo que multiplica las distracciones y puede derivar en decisiones peligrosas.
Velocidad, celular y el mito de la avenida con prioridad
Entre las faltas más frecuentes, el especialista ubicó el uso cotidiano del celular, el exceso de velocidad y la escasa atención a los límites establecidos. Advirtió además que existe una creencia muy extendida: que determinadas calles, por ser consideradas más importantes, habilitan a circular más rápido.
"Muchas personas no conocen lo que establece la ley. Todos creemos que la avenida tiene prioridad absoluta, pero no es así. Es una costumbre que se ha ido pasando de año a año, pero la ley ha cambiado y se ha ido modificando. Hay que adaptarse a lo que establece", sostuvo.
Otro hábito que observa a diario es la escasa distancia que algunos automovilistas mantienen respecto del vehículo de adelante. Esa conducta puede terminar en choques por alcance cuando el de adelante frena de golpe y el de atrás no tiene margen para reaccionar.
Ciclistas y motociclistas, también bajo la lupa
Las imprudencias no son patrimonio exclusivo de los automovilistas. Ibáñez identificó comportamientos peligrosos entre ciclistas y motociclistas, sobre todo en los grupos que salen a pedalear por recreación o entre quienes trabajan con el reparto.
En el caso de los ciclistas, además de circular sin los elementos de seguridad, mencionó el paso de semáforos en rojo, andar en pelotón y usar las veredas para trasladarse.
Respecto de los motociclistas, puso el foco en la circulación por veredas, los tramos en contramano y las velocidades elevadas: maniobras que ponen en riesgo tanto a los peatones como al resto de los usuarios de la vía pública.
Para Ibáñez, todo esto responde a un problema de convivencia que atraviesa a todos los actores del tránsito. La falta de respeto por las normas y la intención de priorizar la propia comodidad por encima de la seguridad colectiva terminan convirtiendo a la calle en "tierra de nadie".