Manejaba en la oscuridad total, su hija agonizaba a metros y lo que hizo el camionero desató la furia
A las cinco de la madrugada, en un paraje sin señal y sin tránsito, una madre quedó atrapada junto a su hija herida. Lo que hizo el camionero que participó del siniestro desató una ola de indignación: los investigadores apuntan a que su decisión selló el desenlace. El detalle que estremece a Santiago del Estero.
El paraje El Guapo, en el departamento Jiménez, es un lugar donde la noche pesa. Está a 15 kilómetros de Pozo Hondo y a 20 de Fisco de Fátima, la localidad donde vivía María Rocío Gómez, de 22 años. Casi no hay habitantes y el celular no tiene señal. Allí, a las cinco de la madrugada, se produjo un accidente fatal que terminó con la vida de la joven y dejó al descubierto una decisión que los investigadores no perdonan.
Tras la colisión y el derrape, Rosa Castro, madre de la víctima, quedó sobre el asfalto con lesiones leves. Su hija estaba tirada, inconsciente y en grave estado. La mujer no podía usar su teléfono. Estaba a mitad de camino entre su casa y Pozo Hondo, en plena oscuridad, sin tránsito de vehículos a esa hora.
Una hora de agonía en la soledad
Rosa no quiso dejar a su hija sola. La joven aún respiraba. Caminar para buscar ayuda implicaba varias horas de marcha y abandonarla en ese paraje desierto. Se quedó a su lado, hablándole, pidiéndole que resistiera hasta que alguien las encontrara. Así pasó casi una hora, según sus propias estimaciones, hasta que vio un vehículo circular por el lugar y pidió auxilio.
La ambulancia llegó después. Pero María Rocío Gómez ya había muerto, tras una larga agonía. La ayuda médica no alcanzó a salvarla.
La huida que cambió todo
Los investigadores apuntaron directamente al camionero que participó del siniestro. Señalaron que, si se hubiera detenido, la asistencia médica habría llegado antes. En cambio, decidió alejarse y dejar a las víctimas a su suerte en la oscuridad, en una zona desolada y sin señal de celular para pedir auxilio.
La causa judicial busca determinar las responsabilidades del conductor que se marchó. Por ahora, la investigación sigue su curso y no hay condenas firmes. La comunidad de Fisco de Fátima y Pozo Hondo llora a la joven de 22 años, mientras su madre carga con el recuerdo de esa hora interminable en la que le habló a su hija para que no se rindiera.