Maestro renunció a la dirección antes de firmar que los chicos comían: lo que encontró en la escuela
En El Impenetrable, la falta de fondos para el comedor escolar obliga a suspender clases. Maestro renuncia antes de firmar actas falsas que certificaban comida inexistente.
La falta de recursos para el comedor escolar obliga a suspender las clases de jornada completa en el Paraje Río Muerto Cruz, en El Impenetrable chaqueño. Sin almuerzo, los chicos caminan kilómetros de regreso para encontrar, al final del trayecto, el mismo plato vacío que dejaron en la escuela.
Los maestros ven lo que las estadísticas ignoran: chicos que se desmayan en la fila mientras esperan una ración que no llega. Y los padres cuentan que si no hay alimento en el comedor, menos aún hay en la casa. El maestro Marcelo Alvarenga, con 17 años de barro y monte encima, pone números al despropósito: la escuela recibe partidas que promedian los $800 mensuales por alumno para cubrir desayuno y almuerzo.
Desde el Ministerio de Desarrollo Humano aseguran que la cifra supera los $1600 y prometen que un nuevo Sistema Alimentario Escolar con tarjetas recargables será la solución definitiva. Pero en el aula, la realidad tiene otros papeles. Alvarenga exhibe la indicación oficial que recibió la escuela: deben preparar un estofado de lentejas con pernil de cerdo, verdura, pan y fruta. El presupuesto asignado para ese despliegue es de $516 por chico. No es un error de cálculo, es la matemática del cinismo.
Esa brecha entre el escritorio y el territorio llevó a Alvarenga a una decisión poco frecuente: renunció a la dirección de la escuela. Lo habían nombrado Director Suplente a principio de año, pero la gestión venía con una condición administrativa: debía firmar actas certificando que los alumnos comían todos los días.
Alvarenga se negó a convalidar la ficción. “Con esa plata no se llega. No voy a tolerar que jueguen con la necesidad de los chicos”, repite. Ante la presión para certificar lo inexistente, firmó su renuncia y volvió a dar clases con el guardapolvo limpio.
¿Qué más falta en la escuela?
Al drama del plato vacío se le suma la sed. El acceso al agua potable sigue siendo un reclamo inmemorial en la zona. En la escuela, los docentes hierven agua para intentar hacerla segura, pero bajo el calor agobiante del Chaco, la urgencia de los chicos es más rápida que el hervor.
Este escenario de abandono no es exclusivo de Río Muerto Cruz. Los 77 alumnos de la comunidad Qom de esta escuela comparten la misma carencia con chicos wichis y criollos. La misma denuncia se escucha desde principios de año en El Sauzalito, Pozo del Bayo y Capitán Solari y localidades vecinas de El Impenetrable. Allí lo cotidiano barre la macroeconomía cuando el ajuste juega con el hambre de los chicos.

