Los nobles desfilaron en silencio: la macabra coronación de una reina que llevaba dos años muerta
Pedro I de Portugal ordenó a la corte besar la mano de Inés de Castro, su amada asesinada dos años antes, desatando una leyenda de amor trágico y venganza en el siglo XIV.
En el siglo XIV, Portugal fue escenario de una de las historias de amor más trágicas y obsesivas de Europa. Pedro I ordenó que la corte besara la mano de su amada Inés de Castro, que llevaba dos años muerta, tras ser asesinada por orden de su padre, el rey Alfonso IV.
¿Quién fue Inés de Castro?
Inés de Castro nació alrededor de 1325 en Galicia, en el norte de la actual España. Pertenecía a la poderosa familia noble castellana y creció rodeada de intrigas de corte. Se conoció con Pedro en 1340, cuando él tenía unos 20 años y ella cerca de 15. El príncipe acababa de casarse con Constanza Manuel, una noble castellana elegida por razones diplomáticas, e Inés había llegado como dama de compañía de la princesa.
Pedro quedó fascinado desde el primer momento. Las crónicas la describen como una mujer de gran belleza, inteligente, culta y magnética. Los encuentros secretos se volvieron frecuentes y el romance se convirtió en un escándalo.
El romance prohibido y la decisión fatal
Para Alfonso IV, aquella pasión podía arrastrar a Portugal hacia guerras con Castilla. Intentó separarlos enviando a Inés al castillo de Albuquerque y amenazó con desheredar a Pedro. Nada funcionó. En 1345, Constanza murió al dar a luz, y Pedro instaló a Inés en Coimbra, donde vivieron los años más felices. Tuvieron varios hijos y, según él, llegaron a casarse en secreto.
Finalmente, el 7 de enero de 1355, mientras Pedro cazaba, tres hombres enviados por el rey entraron en el monasterio de Santa Clara, en Coimbra, y degollaron a Inés. Tenía alrededor de 30 años. Las leyendas cuentan que suplicó de rodillas, pero no sirvió de nada.
La venganza y la coronación póstuma
Cuando Pedro recibió la noticia, enloqueció de dolor. Se rebeló contra su padre y desató una guerra civil. En 1357, Alfonso IV murió y Pedro se convirtió en rey. Persiguió a los asesinos y ordenó arrancarles el corazón. Luego anunció que Inés había sido su legítima esposa y, por lo tanto, la verdadera reina de Portugal.
La tradición asegura que mandó desenterrar el cuerpo, vestirlo con ropas reales, colocarlo sobre el trono y obligar a la corte a besarle la mano. Aunque los historiadores dudan de la exactitud de la escena, el mito sobrevivió como símbolo de un amor obsesivo.
Eternamente frente a frente
Pedro nunca volvió a amar. Murió en 1367, a los 46 años. Antes, mandó construir dos sepulcros góticos en el monasterio de Alcobaça, colocados enfrentados, para que en el Juicio Final lo primero que vieran al resucitar fuera el rostro del otro. Hasta hoy, las tumbas de Pedro e Inés pueden contemplarse frente a frente.
