Los horrores de la Unidad 731: el experimento japonés con humanos que quedó impune
¿Sabías que un médico japonés experimentó con miles de prisioneros y nunca fue condenado? Los detalles de la Unidad 731 y el pacto que lo salvó.
Entre 1937 y 1945, el médico militar Shirō Ishii lideró uno de los programas de experimentación humana más atroces de la historia. Bajo el nombre falso de “Departamento de Prevención Epidémica”, la Unidad 731 sometió a miles de prisioneros a vivisecciones, congelamientos y ataques biológicos. A pesar de haber causado hasta 500.000 muertes, Ishii nunca fue juzgado.
¿Quién era Shirō Ishii?
Nacido el 25 de junio de 1892 en la aldea de Shibayama, Japón, Ishii estudió medicina en la prestigiosa Universidad de Kioto. En 1916 ingresó al Cuerpo Médico del Ejército, donde pronto destacó por su interés en la guerra bacteriológica. Tras un viaje a Occidente en 1928, convenció al alto mando de crear un programa nacional de armas biológicas.
El laboratorio del horror en Manchuria
En 1931, Japón ocupó Manchuria y estableció el Estado títere de Manchukuo. Allí, Ishii encontró el territorio ideal para sus experimentos. Primero en la fortaleza de Zhongma y luego en un complejo de más de 100 edificios en Pingfang, los prisioneros —llamados maruta (troncos)— eran infectados deliberadamente con peste, cólera y tifus sin recibir tratamiento.
Vivisecciones sin anestesia y amputaciones forzadas
Los médicos abrían el pecho y el estómago de las víctimas conscientes para observar el avance de las infecciones. También realizaban amputaciones y trasplantes de extremidades en posiciones invertidas. En experimentos de congelamiento, mojaban brazos y piernas de los prisioneros y los exponían a temperaturas bajo cero, luego los descongelaban para estudiar la gangrena.
Ataques biológicos contra civiles
Desde 1939, la unidad lanzó cultivos bacterianos en pozos y alimentos, y aviones dispersaron pulgas infectadas con peste bubónica sobre ciudades chinas. Entre 1940 y 1942, los ataques se multiplicaron, causando epidemias que se extendieron sin control. Incluso planearon atacar Estados Unidos, pero la guerra terminó antes.
La destrucción de las pruebas y el pacto con Estados Unidos
En 1945, ante el avance soviético, Ishii ordenó quemar documentos, destruir laboratorios y ejecutar a los prisioneros restantes. Regresó a Japón y fue capturado por los estadounidenses. A cambio de entregar todos sus datos científicos, Estados Unidos le garantizó inmunidad total. Nunca fue juzgado por los crímenes que causaron entre 300.000 y 500.000 muertes.
Shirō Ishii murió el 9 de octubre de 1959 de cáncer de garganta, sin haber enfrentado la justicia. Su historia permaneció clasificada durante décadas.


