Los chicos respiraban algo en el aula y el dueño de la finca lindera terminó admitiendo de dónde venía
Vapores químicos, una nube de moscas y varios chicos descompuestos en plena jornada escolar. Cuando la Policía Rural llegó a la finca lindera, el dueño terminó admitiendo de dónde salía el olor que tiene a mal a todo el paraje.
El avance de los lotes sobre el cinturón agrícola del Valle de Lerma sumó un nuevo capítulo de tensión. Esta vez el escenario fue Las Blancas, en Cerrillos, a minutos de la capital salteña, donde un establecimiento educativo quedó envuelto en una nube de vapores químicos que puso en alerta a toda la comunidad escolar.
El llamado que encendió las alarmas
Fue la directora de la escuela Benjamín Matienzo la que dio el primer aviso. Varios alumnos comenzaron a sentirse mal y la situación no tardó en escalar. Hasta el lugar se trasladaron efectivos de la Policía Rural y Ambiental, que se encontraron con un panorama que excedía el malestar de los chicos.
Los uniformados constataron un ambiente cargado de emanaciones químicas y, además, una proliferación inusual de moscas que ya venía complicando a los vecinos de Las Blancas y de La Serena. El olor, según coincidieron, resultaba insoportable.
La confesión del productor
Frente al despliegue policial, el dueño de la finca lindera a las aulas terminó por reconocer que los olores que afectaban la zona provenían de los tratamientos fitosanitarios que aplicaba en su campo.
La comisaria Ofelia Guantay confirmó que el productor recibió una intimación severa para que adopte recaudos de inmediato. La advertencia fue clara: si vuelve a repetirse un episodio de estas características, podría enfrentar causas penales de mayor gravedad por poner en riesgo la salud pública.
Qué se sabe y qué no
Inspectores y personal de la Comisaría labraron un acta contravencional contra el propietario del campo, y la Fiscalía ya tomó intervención en el caso. Sin embargo, la incertidumbre persiste entre los habitantes de la zona.
Hasta el momento no trascendieron los resultados de los estudios técnicos que determinen qué sustancia exacta se esparció ni la concentración que llegaron a respirar los alumnos. Tampoco se difundieron detalles precisos sobre los síntomas que presentaron los chicos.
El episodio reaviva un conflicto recurrente en el Valle de Lerma, donde la actividad agrícola intensiva convive —y a veces choca— con las viviendas y las escuelas que se fueron instalando en las cercanías de las fincas de cultivo.