Lo persiguió hasta un pasillo ciego y lo ejecutaron: el drama del policía recién recibido que murió en Fuerte Apache
Tenía 30 años, era papá de un bebé y había egresado en febrero. Lo que pasó en los pasillos de Fuerte Apache cuando quiso identificarlos te va a helar la sangre.
Un agente de la Policía Bonaerense de apenas 30 años, padre de un bebé recién nacido, fue asesinado a balazos este sábado en Fuerte Apache cuando intentó identificar a dos sospechosos. La víctima, que había egresado en febrero, recibió dos disparos en zonas no protegidas por su chaleco antibalas.
El hecho ocurrió alrededor de las 15 horas en la Avenida Militar al 2900, en el Nudo 01 del complejo habitacional Ejército de los Andes, en Ciudadela, partido de Tres de Febrero. El oficial Alan Fabián Molina, integrante de la Fuerza Barrial de Aproximación (FBA), realizaba tareas de prevención junto a su binomio cuando observaron a dos individuos en actitud sospechosa.
¿Qué pasó durante la persecución?
Al ordenarles que se detuvieran para identificarlos, los sospechosos hicieron caso omiso y huyeron corriendo hacia el interior de los pasillos del nudo. Molina tomó la delantera y se distanció unos 30 metros de sus compañeros para no perderlos de vista. Al ingresar a un pasillo ciego, fue recibido con una ráfaga de disparos de grueso calibre.
Las pericias forenses determinaron que sufrió dos impactos letales: uno en la axila derecha y otro en la cintura, ambos en zonas laterales del torso que el chaleco antibalas no cubre. Mientras los agresores escapaban aprovechando el laberíntico trazado de Fuerte Apache, sus compañeros lo trasladaron de urgencia al Hospital Ramón Carrillo, donde falleció minutos después por la gravedad de las lesiones internas.
¿Quién era Alan Fabián Molina?
Molina tenía 30 años, era padre de un bebé recién nacido y había egresado de la academia de policía en febrero de este año. Vivía en Tres Arroyos, a casi 500 kilómetros de su lugar de trabajo, por lo que debía viajar a diario en transporte público para cumplir con su deber. Su muerte generó una profunda conmoción en la fuerza bonaerense.
La investigación quedó a cargo de la UFI N.º 7 de San Martín, que caratuló el caso como «Homicidio agravado», con pena de prisión perpetua. La DDI de San Martín, junto a otras dependencias, montó un operativo de rastrillaje con fuerzas tácticas en el barrio y zonas aledañas, revisando testigos y cámaras de seguridad para dar con los homicidas.