Lo dieron por muerto en el campo de batalla, pero un cabo catamarqueño volvió a buscarlo
¿Qué pasó con el general La Madrid después de que lo dieran por muerto en el campo de batalla? Un cabo catamarqueño tuvo un gesto que cambió la historia.
A 200 años de la Batalla del Tala, la historia rescata un episodio casi increíble: el general unitario Gregorio Aráoz de La Madrid fue abandonado malherido entre los cuerpos, y un soldado de Catamarca le salvó la vida. El combate, librado el 27 de octubre de 1826 en el actual departamento Santa Rosa, fue uno de los más sangrientos de las guerras civiles argentinas y enfrentó a Facundo Quiroga con el gobernador tucumano.
La conmemoración de los 200 años de la Batalla del Tala vuelve a poner la lupa sobre un enfrentamiento que marcó el pulso político del Noroeste. La historiadora Gabriela de la Orden, presidenta de la Junta de Estudios Históricos de Catamarca, reconstruyó el contexto y los detalles de una jornada que pudo haber terminado de otra manera.
Dos caudillos frente a frente
Por un lado estaba el comandante de armas de La Rioja, Facundo Quiroga, líder federal nacido en San Antonio, en el actual departamento Los Llanos. Por el otro, el gobernador de Tucumán, el teniente coronel Gregorio Aráoz de La Madrid, referente unitario que había vivido su infancia en Andalgalá, en la casa de sus tíos.
La Madrid había llegado a Tucumán enviado por el gobernador de Buenos Aires para reclutar tropas con destino a la guerra contra el Brasil. Sin embargo, se apartó de esa misión, destituyó al gobernador federal Javier López y asumió el mando provincial en noviembre de 1825. Desde allí pactó con el gobernador catamarqueño Manuel Antonio Gutiérrez para intervenir en La Rioja, un bastión federal que obstaculizaba el avance unitario en la región.
Quiroga, que ya era una figura de peso en su provincia, se aprestaba a cumplir 38 años. La Madrid, en tanto, estaba por cumplir 31 y arrastraba una carrera militar iniciada a los 16, con paso por las campañas del Ejército del Norte junto a Pueyrredón, Belgrano y Rondeau.
El avance hacia el Tala
Los conflictos en Catamarca venían de lejos. En 1821, el coronel José Manuel Figueroa Cáceres había sido desplazado como comandante de armas por Gutiérrez y deportado a Córdoba. Regresó con el respaldo del gobernador santiagueño y de Quiroga, y el 1 de agosto de 1826 tomó la ciudad y destituyó a Gutiérrez. Este huyó a Tucumán, volvió con apoyo militar de La Madrid y recuperó el poder, ordenando el fusilamiento de Figueroa Cáceres.
Gutiérrez buscó entonces el respaldo del presidente Bernardino Rivadavia para atacar La Rioja, pero la carta fue interceptada. Quiroga decidió invadir Catamarca y el 9 de octubre de 1826 derrotó a Gutiérrez en la batalla de Coneta. Luego avanzó hacia el sur para enfrentar al general unitario. El 25 de octubre reunió sus fuerzas en Tala, un paraje a pocos kilómetros de Tucumán, a la espera del choque decisivo.
La batalla y la falsa muerte
La Madrid inició el ataque en las primeras horas de la mañana del 27 de octubre en el campo del Tala, un terreno de poco más de media legua de este a oeste. Sus tropas estaban formadas por tucumanos y catamarqueños; las de Quiroga, por riojanos, santiagueños y cordobeses. La caballería ocupaba los flancos y la infantería el centro. Los flancos del ejército unitario eran comandados por el exgobernador Gutiérrez y por el coronel Helguero, primo de La Madrid. En el centro, el general unitario disponía de unos 200 hombres, contra los 500 del caudillo riojano.
La Madrid actuó con intrepidez, pero perdió su caballo y los hombres de Quiroga se le abalanzaron. Lo acribillaron a golpes y bayonetazos, y finalmente le dispararon un tiro "para despenarlo", según relató el propio general en sus Memorias de 1895. Tenía once heridas en la cabeza, dos en la oreja derecha, "una en la nariz que me la volteó sobre el labio, y un corte en el lagarto del brazo izquierdo, y más un bayonetazo en la paletilla", escribió. Lo dieron por muerto y los vencidos abandonaron el campo de batalla.
Ese mismo día, Quiroga escribió una "Carta Parte" al gobernador santiagueño Felipe Ibarra, que se conserva en el Archivo General de la Nación. Allí le contó: "Mi estimado amigo y compañero: a las ocho de la mañana de este día me atacó el Sr. La Madrid después de dos horas de fuego creí perder enteramente por haberme dispersado toda la fuerza, pero felizmente con los más de cien hombres de caballería que tuve de refuerzo… conseguí destruir la fuerza enemiga…". Entre los muertos, agregó, "se cuenta el Señor Madrid por no encontrarse su cadáver". También informó que perdió la bandera de guerra, negra con una cruz blanca y la leyenda "federación o muerte".
El cabo que volvió por su jefe
El cadáver del jefe unitario nunca apareció porque un soldado catamarqueño lo rescató. La Madrid lo narró así: "Los cívicos se retiraban después que me vieron caer, y me consideraron muerto… uno de ellos dijo ¿Cómo es posible que dejemos a nuestro Gobernador, tirado en el campo?...". Los intentos por volver no prosperaron por la presencia de las milicias federales. Sin embargo, un cabo de las milicias de Catamarca, identificado en las Memorias como "Francisco o Miguel Núñez", regresó solo, lo encontró desnudo y con un escapulario en el pecho, y lo sacó del campo. Fue a buscar ayuda, no la halló y volvió con agua.
Cerca de las cinco de la tarde, el cabo le preguntó: "¿Quiere señor que nos vamos, pues los enemigos están ya volviendo?". Lo sentó adelante de su caballo y, con el apoyo de algunos compañeros dispersos, lo llevaron a un rancho donde le hicieron las primeras curas. Poco después apareció en la ciudad, recibido con júbilo, y más tarde se recuperó en la localidad de Trancas. Así, La Madrid se ganó la fama de inmortal y le debió la vida a aquel cabo catamarqueño que actuó con valentía para salvar a su jefe.
Las consecuencias de la jornada
Quiroga permaneció unos días en Tala y luego, junto a las fuerzas de Ibarra, invadió la ciudad de Tucumán el 25 de noviembre de 1826, que era gobernada interinamente por el coronel Helguero. Poco después se retiró porque su provincia estaba amenazada desde Cuyo.
La batalla profundizó el distanciamiento personal e ideológico entre ambos líderes, que volvieron a enfrentarse en Rincón de Valladares (6 de julio de 1827) y en La Ciudadela (4 de noviembre de 1831), con triunfo de Quiroga en ambas. La última derrota determinó el exilio de La Madrid a Chile por unos años, mientras Quiroga siguió como árbitro de los conflictos interprovinciales hasta su asesinato en Barranca Yaco, Córdoba, el 15 de febrero de 1835.
En Catamarca, Gutiérrez retornó al poder y luego asumió Eusebio Gregorio Ruzo, quien falleció en el ejercicio de su función en 1827. Después continuó un proceso político crítico en el marco de las guerras civiles, con Juan Manuel de Rosas como gobernador de Buenos Aires y a cargo de las Relaciones Exteriores de la Confederación Argentina hasta su derrota en la batalla de Caseros, el 3 de febrero de 1852, ante el Ejército Grande comandado por Justo José de Urquiza. El triunfo de Quiroga en el Tala quedó como un hito en el camino hacia la organización constitucional del país.