Llevó las cenizas de su amigo al velatorio del Indio Solari y lo que pasó después es conmovedor

Un fanático de Los Redondos cumplió un gesto de amistad que emocionó a todos: llevar las cenizas de su amigo al velatorio del Indio Solari. ¿Cómo logró que la urna descansara junto al cajón del ídolo?

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Llevó las cenizas de su amigo al velatorio del Indio Solari y lo que pasó después es conmovedor

Darío Alvarenga, un profesor de Educación Especial de Avellaneda, cumplió la promesa que arrastraba desde 2020: llevar los restos de su mejor amigo, Daniel Cardoso Duarte, al velatorio de Carlos “el Indio” Solari. La historia de este gesto de amistad se volvió viral y emocionó a miles.

¿Quién era Daniel?

Daniel Cardoso Duarte, diez años mayor que Darío, era un personaje inolvidable en el barrio. “Trabajaba en una oficina y caminaba las calles de tierra con el pelo largo, rubio, ojos celestes y un traje impecable. Después dejó ese empleo y pasó a trabajar en la herrería con su padre. Pero su verdadera profesión, su oxígeno diario, era ser ricotero”, recuerda Darío.

Para los amigos, Daniel era “como un personaje de Capusotto, esos que de cualquier cosa te terminan hablando de Los Redondos”. Falleció en 2020, a los 45 años, víctima de un cáncer. Su familia lo despidió en la más estricta intimidad, sin permitir que sus amigos pudieran darle el último adiós como hubieran querido.

El impulso del domingo

El viernes, cuando se conoció la muerte del Indio Solari, Darío sintió un “super golpe”. Pero el domingo, al despertar, tuvo una idea clara: “Quiero llevar los restos del Dani”. El velatorio se realizaba a solo 20 cuadras de su casa, en Villa Domínico.

Sin dudarlo, cruzó la calle y golpeó el portón de la casa de los padres de Daniel. La madre, al escuchar la propuesta, rompió en llanto y confesó que a ella también se le había cruzado la misma idea. Tras consultar con la hija de Daniel, dieron el consentimiento.

Mientras esperaba la urna, Darío fue testigo de una escena que lo marcó: “Vi cuando su papá apoyó la urna en la mesa y le hablaba a su hijo”. “Fue una imagen que no se me borra más en la vida”, confiesa.

Al lado del cajón

El yerno de Daniel lo llevó en moto hasta la fila del velatorio. Allí se reencontraron con otros amigos de la infancia. “Volvíamos a ser el mismo grupo de siempre, listos para entrar juntos al último recital”, dice Darío.

Tras horas de espera, Darío entregó la urna a la organización. “Me dijeron que me quede tranquilo, que la urna iba a estar ahí. Después me mandaron un video donde me muestran cómo fue depositada al lado del cajón”.

La paz del deber cumplido

A días del hecho, Darío siente una profunda paz. “Pude cerrar un ciclo, me siento bien, en paz”, asegura. Las hijas de Daniel le escribieron mensajes de agradecimiento, y los vecinos lo felicitan en la calle.

“Aunque Dani y el Indio ya no están físicamente, me queda la tranquilidad de saber que en algún lugar de la eternidad, ese flaco de traje y remera ricotera está disfrutando el pogo más inolvidable de su vida”, concluye.

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