Llevó a la Justicia una caja con cédulas militares y desde entonces vive con miedo
La docente salteña que encontró en su casa una caja con cédulas judiciales vinculadas a causas de lesa humanidad rompió el silencio y reveló qué viene padeciendo junto a su madre desde la separación. La Justicia, dice, nunca respondió.
María Mercedes Costaguta denunció durante casi dos décadas una seguidilla de hostigamientos que, según su testimonio, comenzaron cuando se separó de un ujier de la Justicia Federal de Salta. La mujer, docente y fotoperiodista, asegura que ella y su madre sufrieron amenazas, persecuciones y episodios de violencia que nunca encontraron respuesta en los tribunales.
El caso, que atraviesa la violencia intrafamiliar, de género, económica e institucional que afecta a miles de personas en la provincia, tiene aristas que lo vuelven particular: las denuncias se cruzan con expedientes de lesa humanidad, como el del exgobernador Miguel Ragone, y con el atentado a la fábrica militar de Río Tercero.
Costaguta tiene 57 años y es profesora de Bellas Artes. Se casó en 2002 con Matías Cornejo Vela, ujier del fuero federal salteño que hoy se encuentra con una licencia prolongada. La relación terminó en 2005 con un divorcio conflictivo y, desde entonces, según relató, no hubo tregua.
En 2011 había contado su calvario a El Tribuno con reserva de identidad. Ahora, agotada por años de coerciones y cansada de permanecer siete meses prácticamente encerrada en su casa para proteger a su madre, decidió ponerle nombre y apellido a todo lo que viene denunciando.
La caja que cambió la historia
Uno de los episodios centrales ocurrió en diciembre de 2010, cuando el juez de Familia de Segunda Nominación, Víctor Raúl Soria, dispuso un allanamiento en su vivienda. Según la denunciante, su exmarido lo promovió con la excusa de recuperar bienes personales, pero el verdadero objetivo era otro.
"Mi exmarido promovió ese allanamiento con el supuesto fin de recuperar algunos bienes personales, pero lo que buscaba en realidad era recuperar cerca de 200 cédulas originales de notificación judicial que yo encontré en una caja en el domicilio que compartíamos", declaró Costaguta.
Esas cédulas, afirmó, estaban vinculadas al atentado a la Fábrica Militar de Río Tercero de 1995 y estaban dirigidas al mayor Marcelo Diego Gatto, quien había sido subalterno del coronel Joaquín Cornejo Alemán —padre de su exmarido— en otro destino militar. El ujier las tenía ocultas en la casa de Los Álamos 96, en la zona de Chachapoyas, según su testimonio.
"Gatto, en aquel tiempo, estaba escondido en una vivienda del barrio militar de oficiales", sostuvo la mujer, que relacionó el hallazgo con Cornejo Alemán, un militar condenado en causas de lesa humanidad como el crimen de Miguel Ragone, la Masacre de Palomitas y la desaparición del soldado conscripto Víctor Mario Brizzi.
Para Costaguta, el vínculo no era casual: "Cornejo Alemán era íntimo amigo del exjuez federal Ricardo Lona y contaba con su protección".
En 2011 entregó las cédulas a la Fiscalía Federal que encabezaba Ricardo Toranzos, acompañada por el abogado David Arnaldo Leiva, para evitar que esa prueba pudiera desaparecer. Hasta hoy, según dijo, no tiene novedades sobre el avance de ese expediente.
La presentación causó conmoción en el fuero federal salteño. Con el tiempo trascendió que Cornejo Vela había sido apartado de la Justicia, aunque hoy conserva una larga licencia y varios interrogantes abiertos. "Una fuente judicial me señaló días atrás que estaría pretendiendo acceder a una jubilación anticipada", contó la entrevistada.
Denuncias que no avanzan
Costaguta cuestionó además la actuación de Federico Diez, quien fuera abogado de su expareja y hoy se desempeña como juez provincial. Según su versión, algunas de sus presentaciones judiciales no prosperaron por influencias que le atribuyó al letrado.
"Él se encargaba, de algún modo, de que terminen frenadas y archivadas", aseguró.
"Desde que me separé padecí innumerables hechos de violencia, verbales, morales, y los detallé en denuncias penales", expresó.
La madre, en la mira
Los ataques no fueron solo contra ella. En 2014, mientras Costaguta estaba en España, su madre —que entonces tenía 73 años— sufrió un violento ataque en su domicilio cuando estaba sola y vulnerable.
"Se llevaron su alianza y una cadenita, pero estoy convencida de que simularon un robo para atemorizarla y hacer desaparecer la notebook en la que yo tenía guardados archivos vinculados con la causa Ragone", aseveró.
Entre 2021 y 2024 se sumaron otros episodios intimidatorios: daños en la vivienda, un intento de atropellamiento y acercamientos amenazantes que atribuyó a su exmarido y a su entorno cercano.
Uno de los momentos que más la marcaron ocurrió en diciembre de 2021, cuando caminaba por calle Necochea. Según la denuncia, vio la camioneta de Cornejo Vela y luego tres hombres se le acercaron con actitud intimidante. Temiendo que intentaran agredirla o llevársela por la fuerza, corrió a refugiarse en un comercio y pidió ayuda al 911.
Esa noche permaneció en la Comisaría Primera. "No quería ir a la casa de mi mamá porque tenía miedo de que me siguieran", explicó.
Como consecuencia de esos hechos sufrió depresión y ataques de pánico. Por razones médicas y familiares se instaló durante tres años en Olivos, Buenos Aires, en el alojamiento del Círculo Militar. Su padre, Hugo Abel Costaguta, fue coronel de Caballería del Ejército Argentino y falleció en 2000.
En la Comisaría de la Mujer de Olivos, partido de Vicente López, denunció que en el alojamiento Centenario del Club Social y Mutual Círculo Militar fue víctima de otros episodios de violencia que calificó como "nada casuales".
El botón antipánico que no alcanzó
En diciembre de 2024 regresó a Salta junto a su hermana mayor y su cuñado. Se presentó en el Polo de la Mujer, ratificó sus denuncias y realizó gestiones ante organismos de derechos humanos de la Justicia Federal. En enero de 2025 recibió un botón antipánico, pero la medida no logró frenar los hechos denunciados.
"En vez de tranquilizarse las cosas, para mí se agudizaron", afirmó.
Después de eso hubo llamadas telefónicas, golpes en la puerta y hasta la aparición de materia fecal y orina en la entrada de su vivienda.
La fotoperiodista también denunció a Mariano Hugo Isturiz, teniente coronel retirado del Ejército, yerno de Joaquín Cornejo Alemán y responsable de la delegación salteña del Instituto de Ayuda Financiera para Pago de Retiros y Pensiones Militares (IAF).
Según expuso, el militar conocía sus desplazamientos mientras ella estaba en Buenos Aires e incluso tenía su número de celular personal. A los pocos días de plantear esas sospechas, contó, fue notificada por teléfono de que se le había dictado una prohibición de acercamiento a Isturiz a partir de una denuncia del propio militar.
"Según parece, hay dos Justicias: una que se muestra incapaz de responder a nuestras denuncias y otra que se muestra mucho más ágil y diligente ante presentaciones influenciadas contra mi persona", concluyó.