Llegó de México por unas vacaciones en 2002 y ya no se fue: hoy cocina para Buenos Aires
Llegó desde México por unas vacaciones en 2002, en plena crisis, y se quedó para siempre. Detrás de su trabajo como periodista de investigación hay una pasión que heredó de su madre y que ahora la lleva a dar clases de cocina en su casa. ¿Qué hay en las recetas que no quiere que se pierdan?
La periodista mexicana Cecilia González vino a Buenos Aires a pasar unas vacaciones en 2002, en plena crisis nacional, y se quedó para siempre. Investigadora especializada en narcotráfico, migración y violencia, encontró en la cocina un lenguaje paralelo: el de la memoria y la identidad.
Autora de libros sobre la lucha contra el narcotráfico en México y la migración, a la que considera una categoría política, González no se cansa de agradecer a la sociedad argentina por cómo la recibió: los amigos que la rodean, los premios que ganó como cronista y por sus investigaciones, el tango, las pasiones y el fervor popular para encarar los problemas sociales.
En un texto que reprodujo en Instagram escribió: "Gracias a Dios que no soy argentina, porque así amé a este país no por mandato sino porque se me dio la gana". Mientras enumera las virtudes argentinas, sin eludir sus tropiezos, sostiene una actividad paralela que le dio una sólida popularidad y que ahora derivó en un nuevo libro.
De los puestos callejeros al aula de cocina
González es una gran cocinera. Lo aprendió todo de su madre, Florita, una mujer de origen humilde y madre de ocho hijos, formidable en la cocina, a quien acompañó desde chica en sus puestos de comida en la calle y los mercados.
El libro se llama Clases de cocina (La Crujía) y no es un simple recetario. Allí desarrolla las recetas heredadas de su madre y les aporta los ingredientes de la historia, la migración y la identidad cultural. "Cocinar es un acto de resistencia y una forma de preservar la memoria", dice.
Cuando hizo su primer libro, en 2010, entrevistó a su madre y a través de sus palabras percibió la experiencia colectiva de las vendedoras ambulantes de México en una tradición que se remonta a la época prehispánica.
Con ese saber, que dialoga cómodamente con sus otros trabajos como periodista de investigación y corresponsal en México, Cecilia González da clases de cocina en su casa a grupos de fervorosos aprendices, con su sonrisa abierta y su pródiga alegría.
También organiza tertulias gastronómicas y literarias, donde tal vez convide luego con algunas de sus especialidades, como guacamole con granada, pollo a la mexicana con plátanos fritos, salsa roja con chile de árbol o gorditas de queso Oaxaca.
Siempre interesada en el tema de la migración, concluye: "No somos de donde nacemos. Somos de donde nos sentimos en paz".