Llegó al Valle de Viedma a los 17 y hoy su chacra produce el fruto seco que endulza al mundo

Carlos Aveggio llegó al Idevi con 17 años, cuando su padre se anotó en el proyecto del Valle de Viedma. Décadas después, su chacra dejó atrás el tomate y las manzanas para apostar a un fruto seco que hoy se vende a dietéticas y mayoristas de Buenos Aires.

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Llegó al Valle de Viedma a los 17 y hoy su chacra produce el fruto seco que endulza al mundo
Llegó al Valle de Viedma a los 17 y hoy su chacra produce el fruto seco que endulza al mundo

En el Valle de Viedma, pocas historias resumen tan bien la transformación de la chacra patagónica como la de Carlos Aveggio, un productor de 69 años que llegó siendo adolescente y hoy tiene en las avellanas su principal apuesta productiva.

La familia se instaló en el Idevi en la década del 70, cuando el proyecto de desarrollo agrícola recién tomaba forma. Con el tiempo, la explotación pasó por papa, tomate, manzanas y nogales hasta encontrar en el fruto seco que la industria chocolatera demanda en todo el mundo una alternativa para proyectarse.

De la horticultura al avellano

«En 1974 surge la posibilidad de que había un proyecto en el Idevi y mi padre se anotó como adjudicatario. Le tocó una chacra, se la adjudicaron y nos vinimos», recordó Aveggio sobre los orígenes.

Los primeros años estuvieron dedicados a la horticultura: papa, tomate y algo de zapallo, además de la implantación de manzanos, un cultivo que por entonces la familia no dominaba. El tomate era la actividad principal hasta que, a fines de los 80, cerró la procesadora Río Negro y hubo que buscar cómo aprovechar la superficie que había quedado libre.

Fue entonces cuando apareció un plan del Idevi para impulsar la implantación de avellanos. La propuesta consistía en entregar plantas con el compromiso de devolver, tres años después, la misma cantidad recibida. La familia se sumó y arrancó con una hectárea.

«Como el avellano se puede multiplicar a partir de una planta, van saliendo hijuelos que se pueden convertir en nuevas plantas. A partir de ahí seguimos multiplicando y llegamos a las cuatro o cinco hectáreas», explicó el productor.

El recambio de los manzanos

La chacra también incorporó nogales y conservó parte de su superficie con manzanos, hasta cubrir las 15 hectáreas de la explotación. Pero no todas las plantaciones tenían el mismo futuro: las variedades Red Delicious implantadas hacia 1975 perdieron competitividad frente a los cambios del mercado.

«Eran variedades que ya no tenían mucho valor comercial porque la gente prefería manzanas con más color. Se seguían vendiendo, pero cada año costaba más», señaló Aveggio.

Tras el fallecimiento de su padre en 2003, Carlos inició una nueva etapa. En 2015 comenzó el recambio de los manzanos más antiguos, mientras conservaba otros cuadros con variedades como Red Chief y Chañar. El proceso se completó en 2025, cuando resolvió arrancar las últimas plantaciones viejas y reemplazarlas por avellanos.

Hoy la distribución de la chacra refleja esa transformación: 10 hectáreas de avellanos, dos de nogales y otras dos de manzanos.

La variedad Barcelona y el desafío del agua

Entre los avellanos, la variedad Barcelona ocupa el lugar principal. Fue una de las recomendadas por el Idevi y, según la experiencia del productor, «es la que mejor se adapta a las condiciones de la zona». También cultiva una parte de Tonda Romana.

El desarrollo del monte requiere paciencia: «las plantas comienzan a producir alrededor del séptimo año y alcanzan su máxima producción, en condiciones favorables, aproximadamente en el noveno», contó.

La polinización es otro punto clave. La Barcelona es autoincompatible y necesita polen de otras variedades, por lo que Aveggio utiliza una combinación de polinizadoras, entre ellas la Segorbe.

El agua también es determinante. La explotación utiliza riego por manto, un sistema que conduce el agua sobre la superficie del terreno. «Es un cultivo que requiere mucha cantidad de agua, pero afortunadamente en el Valle tenemos buena disponibilidad, así que no es una limitante», explicó.

La demanda aumenta en enero y febrero, cuando las altas temperaturas pueden estresar a las plantas. Las heladas, en cambio, son una de las principales dificultades: sin un sistema de control activo, el productor recurre a medidas preventivas. «Tratamos de tener el lote limpio, con la tierra compactada y con humedad, para por lo menos mitigar bastante el daño», detalló.

Cosecha manual y rendimientos que dependen del clima

La recolección comienza a fines de febrero o principios de marzo y se extiende hasta completar la cosecha. Todo el trabajo se hace de manera manual, aunque Aveggio espera incorporar una máquina en el futuro.

En un año favorable, la producción puede alcanzar unos 2.200 kilos por hectárea. Pero el resultado varía según el clima y el estado de los frutos: en la campaña anterior, las heladas afectaron los rindes, que en algunos casos se ubicaron entre los 1.200 y los 1.500 kilos por hectárea.

El problema no siempre se advierte a simple vista. Parte de los frutos cosechados puede estar vacío, sin la pepita en su interior. Esa fruta vana pierde valor comercial y reduce el rendimiento efectivo tras la clasificación.

La próxima cosecha también genera incertidumbre. Durante agosto, cuando se produce la polinización, se registraron condiciones de mucha humedad, lluvias y poco viento. Como el polen de los avellanos se transporta principalmente por el viento, esas condiciones pueden dificultar el proceso y repercutir en la producción.

«Estamos esperando la sorpresa en la cosecha. Por ahora no me animo a aventurar ningún resultado», reconoció.

Precios estables y canales de venta

A diferencia de otros cultivos que atraviesan fuertes fluctuaciones, Aveggio considera que el precio de la avellana se ha mantenido relativamente estable. El sector tiene una demanda vinculada a la industria alimentaria: Ferrero Rocher es una de las empresas que compra avellanas en el mercado, aunque el productor eligió otro canal comercial.

La chacra vende avellanas peladas a dietéticas y mayoristas de Buenos Aires. Según explicó, el kilo de avellana pelada de primera calidad ronda los $24.500 (unos US$16, según la cotización vendedora del dólar del Banco Nación del 22 de octubre de 2026).

Las manzanas se destinan al mercado interno de Viedma, ya que la superficie implantada es menor. Se comercializan por cajón de 18 kilos, con un precio aproximado de $14.000 (US$9).

En el caso de las nueces, la variedad Franquette forma parte de la producción. La nuez mariposa pelada alcanza los $15.000 por kilo (US$10), mientras que el rendimiento informado para el cultivo ronda los 4.000 kilos por hectárea.

La diversificación permite sostener distintas alternativas de venta y distribuir la producción entre mercados y productos con características diferentes.

Cinco décadas de crecimiento

Después de más de cinco décadas en la colonia, Aveggio observa los cambios del Valle de Viedma desde la experiencia de quien acompañó distintas etapas de su desarrollo.

Llegó siendo adolescente, cuando muchas de las posibilidades productivas todavía estaban por construirse. Desde entonces, vio cómo las chacras fueron incorporando cultivos, modificando sus esquemas de producción y buscando alternativas frente a las dificultades económicas y comerciales.

«Lo veo bien al Idevi, lo veo que va creciendo. Se ven muchas chacras ya trabajadas, cosas que antes no se veían. De a poco creo que va creciendo y se va sosteniendo la producción», afirmó.

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