Lindsay Clancy, la madre que mató a sus tres hijos y ahora espera el veredicto del jurado
¿Puede una madre matar a sus hijos y no ser penalmente responsable? El juicio a Lindsay Clancy, que asfixió a sus tres hijos en 2023, llegó a su etapa final y el jurado ya delibera.
El caso de Lindsay Clancy, la mujer de 35 años que en enero de 2023 asfixió a sus tres hijos en su casa de Duxbury, Massachusetts, y luego intentó suicidarse, está a punto de llegar a su desenlace judicial. El jurado comenzó a deliberar este jueves por la tarde y en los próximos días se conocerá si la declaran culpable o inocente por razones de salud mental.
El hecho conmocionó a Estados Unidos. Aquella tarde, Clancy utilizó bandas elásticas de gimnasia para matar a Cora, de 5 años; Dawson, de 3, y Callan, de ocho meses. Después se cortó las muñecas y el cuello y se arrojó desde el balcón de su casa. Sobrevivió, pero quedó postrada en una silla de ruedas.
Cuando su marido, Patrick, volvió de hacer unos mandados y le preguntó por los niños, ella respondió: “En el sótano”. Los dos mayores ya estaban muertos; el bebé falleció tres días después en el hospital.
Un juicio que divide al país
No hay discusión sobre la autoría de los crímenes: la propia Clancy le contó a su esposo lo que había hecho y se declaró no culpable por razones de salud mental. La defensa sostiene que sufría una psicosis posparto que le impedía comprender sus actos. La acusación, en cambio, asegura que planificó todo con frialdad.
El caso se convirtió en un campo de batalla político. Mientras un sector pide tres cadenas perpetuas consecutivas, otro reclama su absolución y que sea internada en una institución psiquiátrica. La discusión de fondo es cómo debe tratar el sistema legal a las madres con enfermedades mentales que dañan a sus hijos.
La voz que le ordenaba matar
Clancy declaró que una voz masculina le ordenaba matar a sus hijos para protegerlos. Cuando despertó tras el intento de suicidio, le dijo al capellán del hospital: “Estoy contenta de que mis hijos, por fin, estén a salvo”.
Sin embargo, el fiscal señaló que no hay registros de que hubiera oído voces antes de los asesinatos. Dos psiquiatras que la trataron dijeron que estaba preocupada por la posibilidad de que los servicios sociales le quitaran a los niños. La acusación insiste en que la mujer actuó con premeditación: esa tarde buscó en el mapa cuánto tardaba su marido en ir y volver de un local de comida, lo envió a la farmacia y lo llamó mientras estaba allí, presumiblemente para asegurarse de tener tiempo.
El testimonio que parecía lapidario
En las últimas audiencias, el psicólogo forense Kirk Heilbrun, convocado por la fiscalía, sostuvo que Clancy es penalmente responsable de sus actos. Dijo que su cuadro se asemejaba más a un trastorno bipolar con depresión severa que a una psicosis posparto, y que eligió el orden de las muertes para que ninguno de los niños pudiera escapar.
Pero la defensa logró desacreditarlo. El abogado lo acorraló con preguntas sobre su especialización en depresión posparto: Heilbrun admitió que no era experto en esas patologías y que su último trabajo sobre el tema databa de 1982. La estrategia dejó en el aire la duda sobre su idoneidad.
Qué puede pasar ahora
El juez amplió las opciones para el veredicto: homicidio en primer grado (cadena perpetua), segundo grado (intencional pero sin premeditación) o manslaughter (homicidio involuntario). Esta última opción, incorporada durante el juicio, podría significar una pena mucho más leve y una pronta salida en libertad.
Mientras tanto, Patrick Clancy, el padre de los niños, la sigue defendiendo. “La Lindsay real era una mujer adorable, generosa y cariñosa con todo el mundo”, dijo. Hace unos meses demandó a los psiquiatras que la trataron. La suegra de Lindsay también declaró a favor de la acusada y contó que en los últimos meses se había transformado: ansiedad, insomnio, depresión y una medicación que la afectaba.
El veredicto, sea cual sea, promete seguir generando polémica en un país que observa este caso como un espejo de sus propias divisiones.