Lilia Lardone, la escritora cordobesa que empezó a los 50 y se volvió imprescindible
Publicó su primer libro después de los 50, ganó un premio internacional y formó a decenas de escritores. Su legado va mucho más allá de los títulos que dejó.
La literatura cordobesa está de luto: murió Lilia Lardone, una de sus voces más queridas y prolíficas, a los 84 años. Nacida en Hernando el 24 de octubre de 1941, la escritora dedicó su vida a los libros, la creación y la promoción de la lectura, y deja un legado que atraviesa generaciones.
Lardone se graduó como licenciada en Letras Modernas en la Universidad Nacional de Córdoba y desde muy joven se involucró en el mundo cultural. Trabajó en el área de Cultura de la Municipalidad de Córdoba, participó en la organización de varias ediciones de la Feria del Libro local e integró el CEDILIJ (Centro de Difusión e Investigación de Literatura Infantil y Juvenil). También fue jurado en numerosos concursos literarios, tanto nacionales como internacionales.
Pero su labor fue mucho más allá de la gestión. Desde mediados de los años 80 coordinó talleres de escritura y formó a docentes en la promoción de la lectura. Su faceta de formadora fue clave para que muchos escritores dieran sus primeros pasos.
Una carrera que empezó tarde pero se volvió enorme
Uno de los datos más llamativos de su biografía es que recién después de cumplir 50 años se animó a escribir ficción. En varias entrevistas contó que se veía a sí misma como una lectora, hasta que los talleres que coordinaba le despertaron la curiosidad por crear sus propias historias.
Su primer libro, Nunca escupas para arriba, recuperó coplas anónimas cordobesas. Después vino El Cabeza Colorada, una recreación de cuentos populares de la provincia. En 1998 publicó Puertas adentro, novela que recibió una distinción del Fondo Nacional de las Artes y que se convirtió en una de sus obras centrales.
Al año siguiente llegó el reconocimiento más importante de su carrera: el Primer Premio Latinoamericano de Literatura Infantil y Juvenil Norma/Fundalectura, que ganó en Bogotá con Caballero Negro. En 2003, Papiros fue seleccionado para integrar The White Ravens, la prestigiosa lista de la Biblioteca Internacional de la Juventud de Múnich.
Una obra que cruzó géneros y generaciones
Lardone se movió con soltura entre la literatura para adultos y la infantil-juvenil. Para adultos publicó, entre otros, Puertas adentro, Esa chica y Vidas de mentira. También incursionó en poesía con Pequeña Ofelia y Diario del río.
Pero fue en la literatura infantil y juvenil donde dejó una huella imborrable. Títulos como El nombre de José, Los Picucos, Los asesinos de la calle Lafinur, La niña y la gata, La fábrica de cristal y Benja y las puertas forman parte del imaginario de miles de lectores.
Además, se destacó como compiladora. En Es lo que hay. Antología de la narrativa joven en Córdoba reunió a nuevos autores de la provincia, y en Córdoba cuenta. Antología de literatura para niños trazó un mapa de voces para los más chicos.
Una tarea compartida y un legado que sigue vivo
Su compromiso con la enseñanza de la escritura la llevó a colaborar con María Teresa Andruetto, con quien escribió libros como La construcción del taller de escritura y La escritura en el taller. Juntas también participaron en Ribak, Reedson, Rivera. Conversaciones con Andrés Rivera.
En 2012 publicó 20.25. Quince mujeres hablan de Eva Perón, una obra construida a partir de testimonios femeninos sobre la figura de Eva. Su trayectoria fue reconocida con el Premio Saúl Taborda de Letras en 2009 y su inclusión en la Lista de Honor de ALIJA por su trabajo teórico sobre poesía e infancia.
En septiembre de 2024, la editorial Comunicarte organizó una retrospectiva de su obra en la Capilla del Buen Pastor, donde conversó con su alumno y colega Federico Falco ante un auditorio lleno. Y en 2026, Esa chica volvió a las librerías en una nueva edición, demostrando que sus libros siguen encontrando lectores.
Con su partida, Córdoba pierde a una de sus grandes trabajadoras de la cultura. Pero su obra permanece donde ella siempre quiso que estuviera: en los libros y, sobre todo, en los lectores.