Levantaron una escuela a puro pulmón en la selva misionera, pero el Estado aún no manda maestros
80 familias de tareferos construyeron una escuela en la selva misionera. El edificio está listo, pero el Estado no envía maestros. ¿Cuánto más tendrán que esperar?
En Colonia San Isidro Labrador, Misiones, 80 familias de tareferos construyeron con sus propias manos una escuela para sus 40 hijos. El edificio está listo, pero vacío: las autoridades educativas todavía no asignaron docentes.
La comunidad, que vive de la cosecha de la yerba mate, decidió tomar cartas en el asunto tras años de lucha burocrática. Las escuelas más cercanas quedaban a horas de distancia por caminos de barro, y los chicos solo podían asistir una vez por semana.
¿Cómo hicieron para construirla?
Organizaron colectas, bailes y campeonatos de fútbol donde el premio era un lechón. Con esos fondos y el aporte del Sindicato de Tareferos, levantaron la estructura de madera en apenas dos meses, replicando el diseño típico de las escuelas rurales de la provincia.
Los padres, que durante la zafra cargan bolsones de 50 a 100 kilos sobre sus hombros, destinaron a las aulas materiales y techos de zinc que ni siquiera tienen en sus propias casas. Todo con la esperanza de que un maestro llegue para dar clases.
La respuesta oficial fue un laberinto: los mandaron de oficina en oficina sin obtener respuestas. Así que decidieron construir ellos mismos. Ahora el edificio está terminado, pero el silencio del Estado persiste.
En una economía de subsistencia basada en la yerba, el maíz y la caña de azúcar, los ingresos son mínimos. Sin embargo, estas familias priorizaron la educación de sus hijos y hoy esperan que las autoridades cumplan su parte.
